Morales Carrero; Arias Barrios; Fernández
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Méndez, 2006), como el instrumento que, junto a potenciar la participación activa de los
ciudadanos en la construcción de la sociedad viable, también insta al establecimiento de
parámetros normativos que reitere la necesidad de apelar a la negociación enmarcada dentro
del civismo que abone el camino hacia el consenso, definiendo así los horizontes de una
convivialidad sostenible que potencie el desarrollo humano integral.
Los Objetivos del Desarrollo Sostenible
Una revisión de las metas del objetivo de desarrollo sostenible dieciséis (16), deja ver con
especial énfasis la necesidad de construir contextos entretejidos por la paz, como valor en
torno al cual gira, no solo la consolidación del estado de realización humana dentro del marco
de la sostenibilidad, sino el operar real de la justicia social inclusiva que propone, entre otros
aspectos, el trato humano que dignifica, que incluye y deja sin efecto la discriminación.
Esta propuesta, concebida como una salida alentadora para el desarrollo humano integral y
holístico, interpela tanto a la sociedad como al aparato institucional a asumir el desafío de
frenar los efectos de la violencia estructural y sistemática. Se trata de modos de operar de un
fenómeno social global que, para ser erradicado, exige la creación de mecanismos de
atención orientados a reivindicar la vida plena, pacífica y sostenible en armonía. Estas
cualidades, en su dimensión operativa, responden no solo a los criterios de respeto a la
integridad moral individual, sino que también buscan garantizar la protección de los más
vulnerables mediante el acceso a mecanismos eficaces de resguardo jurídico.
En estos términos, construir la paz como patrimonio común de la humanidad exige la
formación de un ciudadano consciente, capaz de asumir, desde la sensibilidad moral, la tarea
de prevenir conflictos bélicos, actos terroristas y esquemas de delincuencia que deterioran el
tejido social a toda escala. Garantizar el derecho a la paz como derecho humano requiere,
por tanto, de acciones contextualizadas que incluyan la creación de dispositivos jurídicos y el
diseño de políticas públicas orientadas a fomentar mayores niveles de participación en los
asuntos colectivos, como vía para responder a las exigencias inherentes a la justicia social.
En consecuencia, se plantea como eje medular la reconfiguración de los sistemas
institucionales en todos los niveles, con el propósito de ampliar su capacidad de actuación
efectiva y focalizada frente a las diversas dimensiones y estratos que conforman la supra-
complejidad social. De ello deriva la necesidad de redimensionar la capacidad de respuesta
frente a situaciones tanto heredadas como emergentes, abordándolas mediante la
intervención sinérgica y la corresponsabilidad cooperativa entre los órganos del Estado y los
actores sociales, en miras a transformar las condiciones críticas que vulneran la dignidad
humana y los derechos fundamentales de la ciudadanía (Morales, 2021).
Lo expuesto no solo define los vértices desde los cuales construir sociedades pacíficas, sino
que además reafirma la adhesión a un nuevo paradigma de desarrollo humano sustentado en