León García; Cedeño Sempértegui; García Hinojosa
424
sujeto se constituye y se forma, reconociendo a su vez el carácter ético-político y
sociocultural de su profesión. (p. 19)
Según Pimienta (2012), el docente debe ser: “Diseñador de tareas complejas de aprendizaje.
Es un mediador; proporciona una ayuda pedagógica ajustada al estudiante. Propicia la
participación activa del estudiante en su proceso de aprendizaje” (p. 18); y esto se logrará con
un conocimiento pertinente y contextualizado de: estrategias de enseñanza y evaluación.
Estas exigencias al docente plantean el desarrollo de competencias más complejas, que le
permitan afrontar la tarea de “provocar, acompañar, cuestionar, orientar y estimular el
aprendizaje de los estudiantes”. (Pérez, 2012 p. 2)
Sin embargo, en muchas oportunidades esto no ocurre, sino que la universidad y sus
docentes, establecen una distancia entre docente y el grupo-clase. Es el estudiante es quien
debe ajustarse o no al modelo didáctico o educativo instaurado y, poco cuentan sus
conocimientos previos, en un contexto donde se afirma, que el constructivismo es el
paradigma que define el quehacer de los docentes.
Ello se revierte en fracaso escolar, deserción, repitencia e insatisfacción de los estudiantes en
general. Sin embargo, el docente desconoce a los estudiantes y al grupo como sistema,
porque no tiene en cuenta sus saberes, a veces tampoco su procedencia, sus necesidades,
intereses y particularidades.
Para Paredes & De La Herrán (2012), la calidad real de la formación docente tiene mucho que
ver con la enseñanza que se desarrolla, y esta a su vez es un condicionante de la formación
de los estudiantes. No basta con pretender la calidad de la enseñanza ni con comprometerse
con ella, si se obvia aquello de lo que depende.
Entonces Morín (2015) plantea:
¿Cómo transformar la lucha de clase en colaboración de clase? Nos interrogamos
sobre los métodos pedagógicos, se busca el recurso a la psicosociología o a la
psicopatología social, se buscan remedios en la comprensión por los docentes de lo
que causa la agresividad o el desinterés. Algunos piensan además que una
cooperación interdisciplinaria entre docentes permitiría tratar mejorar las realidades
separadas en las disciplinas. (p. 46)
En este sentido, cobra importancia y significación para el análisis que se presenta, el
planteamiento de Jaramillo (2009) quien, refiriéndose a lo que ocurre en la educación superior,
expone que:
La escuela, espacio propio del quehacer educativo, desconoce a su alumno; la
distancia entre él y el aula, sea de la escuela o de la universidad, garantiza el fracaso
escolar, la deserción, la condición de repitiente y la insatisfacción de los estudiantes
en general. Lo desconoce porque no tiene en cuenta el saber del niño, del adolescente
o del adulto ―saber con el que accede a la «educación» ―tampoco su procedencia,