Hermenéutica de la sensibilidad en elementos de filosofía (1912) del Dr. José Gregorio Hernández
Hermeneutics of sensitivity in elements of philosophy (1912) by dr. José Gregorio Hernández
DOI: https://doi.org/10.61154/metanoia.v11i1.3805
Libertad León González 1
1 E- mail: lenlibertad39@gmail.com Afiliación: Universidad de Los Andes, Núcleo Rafael Rangel, Trujillo, Venezuela. ORCID: https://orcid.org/0000-0002-8460-9416
Recibido: 28/08/2024 Revisado: 11/10/2024
Aprobado: 18/12/2024 Publicado:01/01/2025
RESUMEN
La vida, el pensamiento y la obra del Dr. José Gregorio Hernández representan un legado fundamental para la configuración del venezolano de los últimos tiempos. En este sentido, abordar algunas de sus categorías fundamentales, expresadas en su libro Elementos de filosofía (1912), se constituye en expresión filosófica, teológica y moral de su ideario. El método hermenéutico filosófico de Hans-Georg Gadamer utilizado, tiene en las nociones de fusión de horizontes, historia efectual y la historia del concepto, el fundamento interpretativo de las categorías seleccionadas en el texto: sensibilidad, emociones, sentimientos, sensaciones, inclinaciones del ser, para su comprensión. La evolución de las nociones de fe y razón del cristianismo profesado por el Dr. José Gregorio Hernández tienen en San Agustín, Santo Tomás de Aquino, San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús, el platonismo y aristotelismo de la Edad Media y San Buenaventura, fundamentos teológicos que dialogan en el presente con la Primera Encíclica del Papa Francisco (2013), es decir, una vida de entrega al amor de Dios y al prójimo.
DESCRIPTORES: razonamiento, fe, filosofía
ABSTRACT
The life, thought and work of Dr. José Gregorio Hernández represent a fundamental legacy for the configuration of Venezuelans in recent times. In this sense, addressing some of his fundamental categories, expressed in his book Elements of Philosophy (1912), constitutes a philosophical, theological and moral expression of his ideology. Hans George Gadamer's philosophical hermeneutic method used has in the notions of fusion of horizons, effective history and the history of the concept the interpretative foundation of the categories selected in the text: sensitivity, emotions, feelings, sensations, inclinations of the being, to your understanding. The evolution of the notions of faith and reason of Christianity professed by Dr. José Gregorio Hernández have in Saint Augustine, Saint Thomas Aquinas, Saint John of the Cross, Saint Teresa of Jesus, Platonism and Aristotelianism of the Middle Ages and Saint Buenaventura, theological foundations that currently dialogue with the First Encyclical of Pope Francis (2013), that is, a life of dedication to the love of God and neighbor.
DESCRIPTORS: reasoning, faith, philosophy.
INTRODUCCIÓN
Estudiosos de la vida y obra del Dr. José Gregorio Hernández Cisneros (Isnotú, Trujillo, Venezuela, 1864 - Caracas, 1919) observan en su humanidad la práctica de la siguiente premisa, del Papa Juan Pablo II: “La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad.”
No en vano, desde hace décadas los venezolanos y, en especial, en Trujillo, circunscripción geográfica que alberga el lar natal del Dr. Hernández, el pequeño pueblo de Isnotú, son poblaciones en la que se le profesa honda fe. Es considerado el santo de todos, acompaña y protege cada hogar venezolano, tal y como lo afirma el rector emérito Francisco González Cruz: “José Gregorio Hernández representa para Venezuela un modelo de venezolano, el héroe civil por excelencia que nos une a todos…Es un tesoro para la iglesia católica universal, un santo con las características del Dr. José Gregorio Hernández.”[1] Su ser de grandes virtudes, expresión grandiosa de civilidad se colma cuando es llamado el médico de los pobres. En este hacer de la vida del Dr. José Gregorio Hernández hay una línea de pensamiento y acción continua, en el mejor sentido ético de la filosofía aristotélica, se conduce por el camino del bien y, en el mejor sentido religioso, en perfecto diálogo con la vida de los santos del catolicismo.
La iglesia católica consolida progresivamente el camino de la santidad de José Gregorio, (expresión familiar para nombrarlo). El papa Juan Pablo II lo lleva a la causa de los Santos en el año de 1949, se cumplían 30 años de su fallecimiento, el arzobispo de Caracas, Monseñor Lucas Guillermo Castillo, presentó una petición para que Hernández fuera santificado. Alcanza la categoría de Siervo de Dios por el Papa Paulo VI y es declarado Venerable por sus virtudes heroicas, en el año de 1986. Posteriormente: “En junio de 2020, finalmente, el Vaticano adhirió. El Papa Francisco firmó un decreto que autoriza la beatificación de Hernández”[2], el día 30 de abril de 2021 se realiza la ceremonia de Beatificación del Médico de los Pobres, en la Iglesia La Salle de Caracas. Sus cualidades de ciudadano ejemplar (médico, investigador, catedrático, creyente de Dios y filántropo como servidor fervoroso de su pueblo) lo convierten en héroe civil de todos los tiempos. Hombre formado en el hogar de una familia practicante de la religión católica; crece con sólidos principios para formarse en la carrera de medicina. Aunque haya intentado, en dos momentos de su vida, su retiro de la medicina para servirle solo a Dios, su destino lo lleva a ser reconocido con ardorosa pasión como médico santo, el apostolado de sus grandes virtudes.
A la par de su apostolado de
servicio desarrolla la pasión investigativa, una de las facetas más
interesantes en la vida del Dr. José Gregorio Hernández. Así lo demuestra al
crear varias cátedras experimentales en la Universidad Central de Venezuela:
“Cátedra de Histología Normal y Patológica, de Fisiología Experimental y
Bacteriología. Así como director del Laboratorio de Fisiología Experimental y
Bacteriología de la Universidad Central.” (Pérez Pérez, 2014, p.33). Miembro
fundador y de número de la Academia de Medicina, entre tantos méritos. Su
pasión por la investigación lo lleva a fortalecer cada vez más su apostolado de
servicio a sus pacientes, a todo el que necesitara de su apoyo científico,
espiritual y moral. Servir como médico, pero también como guía de sus pacientes
y sus compatriotas, como él los llamaba. Escribe y publica su libro Elementos
de Filosofía (1912) con la intención de compartir lo que él consideró la
guía de su vida y de su inteligencia. Vale mucho detenerse a revisar este
tratado de orientación filosófica, teológica y moral.
Acerca de este libro del Dr. Hernández, el escritor venezolano, Juan Carlos Chirinos (Valera, Trujillo, 1967), residenciado desde 1997 en la ciudad de Madrid, se acerca a los Elementos de Filosofía tomando en consideración el Tratado Tercero sobre la Estética en sus capítulos referidos a la Belleza, el Arte y su Visión de Arte. Muy bien justifica su acercamiento crítico parcial en virtud de sus intereses literarios. En la siguiente lectura interpretativa, se da prioridad a las facultades humanas en estos tiempos adversos del venezolano, también sirva de ofrenda a la devota petición de todo su pueblo para que llegue a la brevedad del transcurrir temporal a ocupar ya no solo como Beato sino como Santo los altares de nuestras iglesias. Se ha seleccionado la lectura de la Parte I del libro del Dr. Hernández, referida a “La sensibilidad” en los capítulos I y II sobre “Las emociones” y “Las inclinaciones”, respectivamente.
La interpretación de las mencionadas facultades humanas referidas en el texto Elementos de Filosofía (1912) del Dr. José Gregorio Hernández Cisneros, se realiza desde el método hermenéutico filosófico de Hans-Georg Gadamer en el que se atiende la distancia temporal entre intérprete y texto en tanto que fusión de horizontes para llegar a la comprensión de las nociones de sensibilidad, emociones, sentimientos, sensaciones, inclinaciones del ser, como categorías que nacen en la filosofía moderna. Las interpretaciones que dan a lugar a la revisión del texto del Dr. José Gregorio Hernández tienen, igualmente, implicaciones interpretativas desde la historia efectual, entendida como la conciencia histórica del texto o hecho histórico de la tradición en el presente.[3] Se reconoce, a la par, la historia del concepto en cada categoría.
JOSÉ GREGORIO HERNÁNDEZ, DECHADO DE VIRTUDES
Numerosas son las virtudes que cultivó el Dr. José Gregorio Hernández a lo largo de su vida. En el marco de la liturgia de su Beatificación la Conferencia Episcopal Venezolana invitó a meditar en familia las nueve virtudes del Dr. José Gregorio Hernández. Tales virtudes fueron: 1) Fe en Dios; 2) Amor, a su familia y al pueblo venezolano; 3) El bien común; 4) Ciencia y bondad; 5) Honestidad, al asumir cargos de responsabilidad pública y privada, 6) Responsabilidad, era un hombre de palabra; 7) El trabajo como única fuente legítima de riqueza; 8) Humildad, sencillez y austeridad, en el ejercicio profesional y como científico y 9) Respeto a la dignidad de la persona humana. Sin embargo, su esencia de santidad viene de practicar las virtudes teologales de fe, esperanza y caridad. (1 Cor 13, 1-13).
Cabe mencionar que fue políglota, “conocía bastante del latín y aun del griego (…); traducía, hablaba y escribía correctamente el francés, el italiano, el inglés y el alemán.” (Nuñez Ponte, 1958, p.116). Tuvo formación en el canto, tocaba el piano, atraído por la música religiosa. Fiel creyente y practicante del catolicismo, a la par de su condición de investigador y científico. Fe y razón, serán ambas, prácticas inconmovibles en la vida del Dr. José Gregorio Hernández. Franciscano, agustiniano y seguidor de Santo Tomás, este último, considerado: “el genio máximo y soberano de la filosofía, a quien cupo no solo conducir la razón, por el más sano y auténtico intelectualismo (…) depuró y perfeccionó las enseñanzas de éste [Aristóteles] para bautizarlas cristianas.” (óp. cit., p.128-129).
Será la vida de José Gregorio Hernández la del católico practicante, manifestado en primera instancia, en el servicio de amor al prójimo, principio de bondad del cual se bifurcan el resto de sus espléndidas virtudes. Para el Dr. José Gregorio Hernández la oración tiene en su vida un sitial de honor perenne: “Es el espíritu de oración lo que mantiene viva la antorcha de la fe y la caridad.” (óp. cit. p.14). La oración practicada con mayor fervor a través del silencio místico, ambos se convierten en factores eficaces del bien. La oración y el silencio son los caminos transitados hacia la vida contemplativa. En estas máximas de su vida el Dr. Hernández obtiene las fuerzas para seguir adelante en el ejercicio de la fe, la esperanza y la caridad como esencia de su apostolado.
Y así sus obras fueron y serán reconocidas en todo el territorio nacional, motivo por el cual, al momento de su inesperada muerte, recibe los máximos elogios que pudieran proferirse a tan altísima humanidad. Algunas de las palabras del Dr. Miguel Jiménez Rivero dedicadas al Dr. José Gregorio Hernández y publicadas en El Universal el día de su entierro dicen: “Sí, verdaderamente franciscana fue su existencia e, igual que el POVERELLO, no hubo dolor sobre el cual no pusiera un ósculo de paz, ni laceración que no sedara con aquel incomparable caudal de belleza que entrañaba su sonrisa beatífica.” (óp. cit., p.222). Expresiones de hondo sentimiento que concluye con las siguientes palabras: “él, buen hermano de todo, (…) con una lumbre de éxtasis en los ojos acostumbrados a mirar al cielo y cuando alzó el vuelo, como el águila, habría dicho Martí, tenía blanca las alas!” (óp. cit., p.225). En su faceta de escritor del Dr. Hernández, mención aparte merece su libro Elementos de Filosofía (1912).
FILOSOFÍA Y VIDA
A partir de las primeras líneas del Prólogo del libro, Elementos de Filosofía el Dr. José Gregorio Hernández argumenta la importancia de esta disciplina: “La filosofía es indispensable para el hombre, bien se trate de la vida sensitiva, de la vida moral y en particular de la vida intelectual.” (p.5). Cultivar una filosofía de vida se convierte en la mejor demostración de anteponer la razón en cada acto del hombre. Considera la manifestación de esta conciencia desde las edades más tempranas del crecimiento humano. Dice al respecto: “En el niño observamos que tan luego como empieza a dar indicaciones del desarrollo intelectual, empieza a ser filósofo; lo preocupa la causalidad, la modalidad, la finalidad de todo cuanto ve.” (Ibídem). Cree también en la configuración de la filosofía tanto en el hombre rústico como en el hombre culto. Hay un fin práctico teleológico en el texto del Dr. Hernández, Elementos de la Filosofía, en tanto que, plantea desde su experiencia la importancia de la vida mística, sensitiva, moral e intelectual como aspectos válidos y necesarios en el desempeño social del hombre.
Dicha definición muy particular del Dr. José Gregorio Hernández no dista en esencia de la siguiente, expresada por Nicola Abbagnano en su Diccionario de Filosofía (1997): “la que mejor se presta…es la definición que aparece en el Eutidemo platónico: La F. es el uso del saber para ventaja del hombre.” (p.537). Bertrand Russell en su Historia de la Filosofía Occidental (1946) considera la filosofía entre los linderos de la teología y la ciencia. Mientras la ciencia apela a la razón humana y al conocimiento definido; en cambio, la teología en tanto dogma, “sobrepasa el conocimiento determinado (…). Pero entre la teología y la ciencia hay una tierra de nadie, expuesta a los ataques de ambas partes: esa tierra de nadie es la filosofía.” (p. 20).[4]
Muy al contrario, se vislumbra el criterio del Dr. Hernández sobre la filosofía cuando dice:
La Filosofía estudia el alma, el mundo y Dios que son las materias de que tratan las Ciencias Psicológicas y las Ciencias Metafísicas, ramos ambos de las Ciencias Morales; de donde podemos inferir, que la Filosofía no es una Ciencia en el concepto moderno de dicho término, sino una agrupación de Ciencias. (p.10).
Expresamente la Filosofía no solo alberga varias ciencias, sino que todas están vinculadas al cultivo de la moral y del espíritu. Del mismo modo, el conocimiento científico fortalece la razón del hombre, sin embargo, ha de anteponerse la filosofía. El Dr. Hernández establece la justa separación cuando afirma:
La operación preliminar del que estudia cualquier materia científica, es la de amoldar los conocimientos que va adquiriendo, a la filosofía que se ha formado de antemano; y si ésta no ha sido todavía definitivamente constituida, los conocimientos científicos no se admiten sino bajo condición. (p.6).
En las categorías seleccionadas para el estudio interpretativo prevalece la definición de cada una a través del concepto, motivo de reflexión planteado por la hermenéutica gadameriana. Aunque los conceptos prevalecen en las ciencias positivas, también la filosofía posee su conceptualidad: “El concepto, en el sentido que solemos atribuirle, es el verdadero ser. Se dice por ejemplo que “ese es el concepto de un amigo” cuando se quiere elogiar a alguien en su capacidad para la amistad.” (Gadamer,1998, p.81-82). En este sentido, amplía la idea, el padre de la hermenéutica moderna: “¿significa entonces que el concepto es, por decirlo así, el auto despliegue del pensamiento en su relación iluminadora y cognitiva con lo que es? Tal es sin duda la respuesta de la tradición desde Aristóteles hasta Hegel.” (Ibídem).
Precisamos, entonces, el concepto de sensibilidad, el Dr. Hernández Cisneros la describe como “la facultad de experimentar emociones e inclinaciones.” (p. 17) y en este sentido se perciben actos interiores o subjetivos, es afectiva, puntualiza: “casi puramente pasiva y distinta del conocimiento (…) puede ser el asiento de emociones e inclinaciones.” (Ibídem), Siguiendo el texto del Dr. Hernández, cuán importante resulta reconocer nuestras emociones e inclinaciones en tanto impresiones interiores gratas o desagradables, para las emociones y las tendencias fundamentales a producir ciertos actos, en el caso de las inclinaciones.
En una composición del Dr. Hernández, - preferiríamos llamarlo relato moralizante o de formación -, denominado “En un vagón”, uno de los personajes se expresa acerca de las inclinaciones: “Ya ves Carlos, que eres libre, puesto que no te dejas dominar por tu apetito y puedes triunfar de él. Y de todos los móviles humanos, los más poderosos son las inclinaciones físicas, que impulsan casi como instintos.” (Nuñez Ponte, óp. cit., p.270). Controlar las inclinaciones, en muchos casos, significa luchar contra los apetitos corporales como camino de perfección hacia la santidad.
La inclinación definida por el Dr. Hernández como: “el movimiento espontáneo de la actividad hacia un fin determinado. La inclinación es la parte menos pasiva, casi activa de la sensibilidad.” (óp. cit., p.22 y 23). Además de clasificarlas en Físicas (apetitos: hambre, sed, sueño) y Morales como movimientos del alma hacia el bien, en tanto perfecto desarrollo del ser moralmente íntegro del hombre con un crecimiento ilimitado.
Al referirse a los sentimientos, el Dr. Hernández los divide en: personales (la esperanza, la desesperación, el consuelo), altruistas (amor, benevolencia, caridad), superiores (sentimientos estéticos, sentimientos religiosos), estimulantes de la actividad del alma (la alegría, la esperanza), deprimentes (tristeza, temor, misantropía). El ser humano tiene en los sentimientos la demostración diversa de la capacidad de expresarse como ser de la sensibilidad. Desde estas consideraciones sea oportuno mostrar a partir de la evolución de la filosofía algunos de los vínculos estrechos entre razón y fe de la filosofía cristiana, de la cual el Dr. José Gregorio Hernández es fiel seguidor y practicante en los tiempos modernos.
En la concepción antropológica del pensamiento medieval se reconoce al hombre como animal dotado de razón y espíritu débil: “El hombre se centra más en los sentidos que en el espíritu. (Maritain, 1966, p. 17-18). En sentido teológico el hombre de la Edad Media, regido por los preceptos del catolicismo tiene ante sus ojos la herencia filosófica de San Agustín (Tagaste, (actual Argelia), 354 - Hipona, 430) y Santo Tomás de Aquino (Roccaseca, Italia, 1225 – Fossanova, 1274); así también, los documentos y las obras de los místicos como Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, en tanto pruebas existenciales que conducen a la conciencia del ser hacia Dios. En San Agustín la fe y la razón se conjugan en un mismo propósito. Precisa en su Sermón 43: “La fe consiste en creer lo que no vemos, y la recompensa es ver lo que creemos. No desfallezcamos en el tiempo de la fe, cual tiempo de siembra; no desfallezcamos, sino que perseveremos hasta recoger lo sembrado.” (Agustín, Sermón 43). En su discurso San Agustín también reconoce la facultad del hombre de percibir a través de los cinco sentidos, al igual que las bestias. Sin embargo, enfatiza el Primer Doctor de la Iglesia:
Con todo, ¿qué tenemos nosotros de más? La mente, la razón, el discernimiento; esto no lo tienen las bestias, ni los pájaros, ni los peces. Gracias a ello, somos imagen de Dios. Además, donde la Escritura narra nuestra creación, para no sólo anteponernos a los animales, sino para ponernos también por encima de ellos, es decir, para sometérnoslos, añade: Hagamos -dice- al hombre a nuestra imagen y semejanza, y tenga poder sobre los peces del mar, las aves del cielo y todas las bestias y serpientes que reptan sobre la tierra. ¿De dónde le viene tal poder? De ser imagen de Dios. De aquí que se diga a algunos como un reproche: No seáis como el caballo y el mulo, que no tienen inteligencia. Pero una cosa es la inteligencia y otra la razón. La razón la tenemos aun antes de entender; por el contrario, no podemos entender si no tenemos razón. (Ibídem).
El énfasis puesto en la conjugación de la fe y la razón en San Agustín sea una invitación a revisar el despliegue de la evolución del dogma cristiano, tal y como lo plantean los estudios de Víctor Bravo, con exhaustiva precisión, partiendo de la noción de la verdad en un recorrido que llamó De la epistemología a la hermenéutica (2018):
En el Cristianismo primitivo, después de la crucifixión y con el mandato de difundir la doctrina en el mundo, los apóstoles se enfrentarán a infinidad de versiones sobre la doctrina cristiana y el ejemplo de Jesús. La Patrística, en la obra y la enseñanza de Orígenes, Tertuliano, Cipriano y otras grandes personalidades, como se sabe, desde el período conocido como los Hechos de los Apóstoles (Año 100 dc), y hasta 451 en el Concilio de Caladonia; o hasta el segundo Concilio de Nicia, s VIII se hará el primer magno esfuerzo de configuración doctrinaria; entre los siglos XI y XV, período de las Cruzadas y de afirmación del poder papal, Averroes y Guillermo de Ockhán, Anselmo de Canterbury y Pedro Abelardo, Bernardo de Claraval y Hugo San Víctor, junto a otros importantes escolásticos, partiendo de la herencia de la Patrística, y finalmente, las monumentales obras de Tomas de Aquino y Agustín, van a configurar la doctrina y la dogmática cristiana, acarreando a su seno, primero el platonismo y luego el aristotelismo, creando un lugar a la razón siempre subordinada y apuntalando la fe. La doctrina y la dogmática así configuradas deslindan lo que en adelante se considerará la verdad divina, en absoluta exclusión de lo que no se considera identificado con estas verdades; exclusión hacia el ámbito de lo herético. (Bravo, 2018, p.75).
En este sentido, se ha de mostrar el vínculo estrecho que existe entre el obrar con la razón y la fe en el platonismo y aristotelismo cristiano de la Edad Media a partir de La Historia de la Filosofía desde la idea de Dios de Wolfhart Pannenberg (2001) y de Frederick Copleston en su Historia de la Filosofía (2004), respectivamente. El ideal de vida del platonismo cristiano tiene en la fórmula homoiosis theo el objetivo al que ha de dirigirse la vida humana. Se alcanza el bien en la medida que se tiene conocimiento de Dios y se aspira a semejarse a él. Sentencia Platón en la República, quien: “convive con lo que es divino y ordenado (Kosmios) se vuelve el mismo ordenado y divino, en la medida en que esto es posible al hombre.” (Platón, Rep. 500c 9s., citado por Pannenberg, 2001, p. 60).
En la Ética de Aristóteles el hombre tiene en las virtudes morales “una disposición a elegir (…) por una regla, esto es, por la regla a tenor de la cual se determina un hombre sabio en las cuestiones prácticas.” (Copleston, 2204, p.336). Por lo cual, la virtud es una disposición del hombre para elegir actuar con discernimiento. Y en este sentido, los sentimientos se constituyen en el punto de partida de la acción considerando el justo medio de la virtud o por el contrario la elección por exceso o por defecto. El cuadro de las virtudes morales de Aristóteles indica, por ejemplo, los sentimientos de temor y confianza tienen como justo medio el valor y la valentía, por el contrario, el exceso sería la cobardía y la temeridad y el defecto lo ha llamado, encogimiento. Le siguen los sentimientos de ciertos placeres del tacto, la cólera, las relaciones sociales, la vergüenza, el sufrimiento. En la ética aristotélica el bien es la felicidad, así como, “la prudencia le es necesaria al hombre para ser verdaderamente virtuoso”. (óp. cit., p.343).
Sea entonces expresado el trasfondo teológico, moral y filosófico como vía para alcanzar la gracia.[5] Dice San Buenaventura (Bagnoregio, Italia,1218 – Lyon, Francia, 1274), Doctor Seráfico de la iglesia católica: “la gracia es el origen, el fin y la forma de todos los hábitos virtuosos.” (Buenaventura, 1945, p.393). También nos dice San Buenaventura: “Si el fin último es Dios, si es el Absoluto, todo lo demás es relativo.” (óp. cit., p. 145), son estos preceptos el camino de la configuración con Jesucristo como pilar de la teología mística.
Y a medida que el hombre avanza en el tiempo se aleja cada vez más de la posibilidad de expresarse con sentimientos y emociones que lo acerquen a Dios, (en quienes sean creyentes) y/o a sus semejantes, quienes dan prioridad a la razón. Se instaura el dominio de la razón occidental que: “trajo como consecuencia la represión y el control de los sentimientos de adhesión del individuo a las solidaridades elementales que formaban la sociedad medieval.” (Martínez Montoya, p. 541). prevalece el ideal de auto realización personal. De tal modo que: “El «cogito ergo sum» cartesiano y el imperativo categórico kantiano parecían constituirse como modelos que iban a liberar a los occidentales de una vida emocional y sentimental demasiado peligrosa.” (Ibídem). Schleirmacher afirma: “Solo el sentimiento revela lo infinito.” Así, las sociedades de la post-modernidad atrapadas en el consumo desmedido de la globalización, de los mass media, de las redes sociales, de la banalidad de la imagen hipertrofiada por el espejismo de los likes, de los selfis desdibuja al individuo de sí mismo, enajenado e irreconocible en la medida en que es absorbido por cánones contrarios a su esencia humana.
Sirva, igualmente, la
filosofía del Dr. José Gregorio Hernández para interrogarnos en términos
ontológicos, nacida de la filosofía hegeliana, el ser que somos, la
autoconciencia del yo pensante ante nosotros mismos y ante los demás. O
preguntarnos por el ‘ser ahí’ heiddeggeriano que ‘ha de ser existiendo’. Y en
este devenir reflexivo del pensamiento racional también incorporar la mirada
ricoeuriana de la condescendencia hacia tu semejante en su exquisito
planteamiento del ser que se percibe: ‘sí mismo, como otro’.
En todo caso, sea más cónsono a la naturaleza humano-divina del Dr. José Gregorio Hernández, percibir su vida como invitación a la práctica de la fe, tal y como lo plantea la Carta Encíclica Lumen Fidei (2013) del Sumo Pontífice Francisco. La fe en tanto virtud teologal, manifestada junto a la esperanza y la caridad. La palabra sagrada se expresa al hombre de fe:
Por eso, la Biblia, para hablar de la fe, usa la palabra hebrea ’emûnah, derivada del verbo ’amán, cuya raíz significa «sostener». El término ’emûnah puede significar tanto la fidelidad de Dios como la fe del hombre. El hombre fiel recibe su fuerza confiándose en las manos de Dios. (Papa Francisco, 2013, p.12-13).
El mayor testimonio sobre la fe, dice el Papa Francisco, se expresa en el camino de los hombres creyentes: “Abrahán, quien cree en la palabra como roca firme. La gran prueba de su fe, el sacrificio de su hijo Isaac; en el libro del Éxodo, el pueblo de Israel guiado por “la estela de la fe de Abrahán.” (óp. cit., p. 14). Luego, Moisés como mediador entre el pueblo de Israel y Dios, el acto de fe individual trasladado a un ““nosotros” común del pueblo que, en la fe, es como un solo hombre, «mi hijo primogénito», como llama Dios a Israel (Ex 4,22).” (p. 17). Mención aparte, los testimonios de los apóstoles Juan y Pablo sobre la fe en Cristo resucitado:
San Juan usa también las locuciones «creer a» Jesús y «creer en» Jesús. «Creemos a» Jesús cuando aceptamos su Palabra, su testimonio, porque él es veraz (cf. Jn 6,30). «Creemos en» Jesús cuando lo acogemos personalmente en nuestra vida y nos confiamos a él, uniéndonos a él mediante el amor y siguiéndolo a lo largo del camino (cf. Jn 2,11; 6,47; 12,44). (óp. cit., p.22).
El evangelio de San Juan dice:
creer es escuchar y, al mismo tiempo, ver. La escucha de la fe tiene las mismas características que el conocimiento propio del amor: es una escucha personal, que distingue la voz y reconoce la del Buen Pastor (cf. Jn 10,3-5) (óp. cit., p.38).
También la fe ve. Santo Tomás habla de “la oculata fides de los Apóstoles, - la fe que ve –“. (p.39).
Sea importante destacar como una de las fundamentaciones emblemáticas de la Encíclica sea el recordar a San Ireneo quien defiende que la fe es una sola, sin privilegios entre los creyentes: no hay diferencia entre la fe de «aquel que destaca por su elocuencia» y de «quien es más débil en la palabra», entre quien es superior y quien tiene menos capacidad: ni el primero puede ampliar la fe, ni el segundo reducirla. (p.64).
La convicción del cristiano en que a pesar del sufrimiento que pueda padecer, podrá asumirlo como acercamiento a Dios en la fe y el amor. Confiado el Papa Francisco dice: “La luz de la fe no disipa todas nuestras tinieblas, sino que, como una lámpara, guía nuestros pasos en la noche, y esto basta para caminar.” (óp. cit., p. 78). Y en este sentido, el abrigo de María, la Madre de Jesús, como ejemplo de fe. Para San Justino ella es ejemplo de fe y alegría. Su maternidad ha asegurado para el Hijo de Dios una verdadera historia humana, sentencia Francisco y cierra su Encíclica con una oración a la Bienaventurada siempre Virgen María. Ambos, madre e hijo, en compañía de José se constituyen en familia primigenia que guía a las familias cristianas, también guía hacia “la promesa de la ciudad de Dios.”
FINAL
El Dr. José Gregorio Hernández convertido en símbolo de fe y esperanza del venezolano, cultivó, a todo lo largo de su vida, con especial devoción las virtudes morales, teologales e intelectuales, convirtiéndose en figura ejemplarizante de Venezuela y buena parte de nuestra América, como héroe civil y espiritual. Tiene en su obra Elementos de Filosofía más que un documento interpretativo de la existencia del hombre que valora la vida desde los principios de su filosofía, el testimonio preclaro sobre los aprendizajes de su existencia como hombre de fe en su entrega a Dios y a sus semejantes. Su misión fue hacer el bien y ofrendar su servicio como expresión espiritual de su imperturbable amor a Dios. Su antropología franciscana coincide en tres aspectos señalados por Buenaventura: El hombre abierto a Dios y su realización, el hombre abierto a sí mismo y a los demás y el hombre abierto al mundo a través del amor cósmico. Las categorías en torno a la sensibilidad se expresan en término de conceptos, en tanto indicativo revelador. El texto del Dr. Hernández nos muestra “el sentido del sentido de la sensibilidad hermenéutica”[6] no solo por su contenido y las circunstancias que lo envuelven como testimonio de enseñanza y de fe, como orientación al hombre creyente y al hombre mundano sino porque se convierte en interpretación del hombre en tanto creatura que ha de alcanzar un sentido a la vida en perpetua, profunda y extensa lección moral y teologal de todos los tiempos.
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