https://doi.org/ 10.61154/rucs.v9i1.4223
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Jonny Javier Montenegro Flores I, Andrea Carolina Buenaño Nuñez II, Digna Tatiana Godos Rivera III, Jefferson Marcelo Mora Caiza IV Fander Roberto Rodriguez Manzano V
I..Hospital Enrique Garcés Quito. Pichincha. Ecuador. E-mail: javimontenegrof83@gmail.com, https://orcid.org/0009-0009-7223-3704
II.. Hospital Enrique Garcés Quito. Pichincha. Ecuador. E-mail: caritobuenano8@hotmail.com, https://orcid.org/0000-0002-4671-1436
III.. Hospital Enrique Garcés Quito. Pichincha. Ecuador. E-mail: tatiannath13@hotmail.com , https://orcid.org/0000-0002-1400-4104
IV.. Hospital Enrique Garcés Quito. Pichincha. Ecuador. E-mail: jefferson._1706@hotmail.com,https://orcid.org/0000-0001-7125-2262
V.. Hospital Enrique Garcés Quito. Pichincha. Ecuador. E-mail: fanderrodriguez@hotmail.com, https://orcid.org/0009-0004-4840-5012
Recibido: 04/09/2025 Revisado: 20/10/2025
Aprobado: 01/12/2025 Publicado: 01/01/2026
RESUMEN
Las úlceras venosas representan la manifestación más severa de la enfermedad venosa crónica, están asociadas principalmente a la hipertensión venosa sostenida. Constituyen la patología crónica más común en las extremidades inferiores. Se estima que entre el 1 y el 2 % de la población general sufre de úlceras crónicas en los miembros inferiores, las cuales se definen como pérdidas de continuidad de la piel que persisten por más de seis semanas y no cicatrizan en un periodo de tres meses. Aproximadamente el 70 % de estos casos son de origen venoso, seguidos por las úlceras de causa arterial (20 %) y neuropática (10 %).
Se calcula que el 22 % de los pacientes desarrolla su primera úlcera venosa antes de los 40 años, incrementándose su frecuencia con el envejecimiento. Asimismo, la mayoría de los estudios reportan una mayor prevalencia en mujeres, con una razón que varía entre 1.5:1 y 10:1. Esta afección puede originarse por alteraciones en el flujo del sistema venoso superficial y/o profundo, secundarias a reflujo y/o obstrucción, lo que conlleva a hipertensión venosa.
Las úlceras venosas constituyen un problema de salud pública a nivel mundial, cuya incidencia aumenta debido al envejecimiento poblacional, el sedentarismo y la obesidad, factores que además incrementan significativamente los costos en salud⁵.
La prevalencia de la enfermedad venosa crónica varía según la población estudiada. Un análisis internacional realizado en 99 359 pacientes atendidos por médicos de atención primaria en 23 países se evaluó características clínicas y factores de riesgo, revelando una prevalencia de enfermedad venosa crónica del 51,9 % en Asia, 70,18 % en Europa del Este, 68,11 % en América Latina y 61,65 % en Europa Occidental.
Palabras clave: úlcera venosa, enfermedad venosa crónica, sistema venoso, síntomas, amputación, ablación.
Venous ulcers represent the most severe manifestation of chronic venous disease, primarily associated with sustained venous hypertension. They constitute the most common chronic pathology in the lower extremities. It is estimated that between 1% and 2% of the general population suffers from chronic ulcers in the lower limbs, which are defined as losses of skin continuity that persist for more than six weeks and do not heal within a three-month period.
Approximately 70% of these cases are of venous origin, followed by ulcers of arterial cause (20%) and neuropathic (10%). It is estimated that 22% of patients develop their first venous ulcer before age 40, with frequency increasing with aging. Likewise, most studies report a higher prevalence in women, with a ratio that varies between 1.5:1 and 10:1. This condition can originate from alterations in the flow of the superficial and/or deep venous system, secondary to reflux and/or obstruction, which leads to venous hypertension.
Venous ulcers represent a public health problem worldwide, with incidence increasing due to population aging, sedentarism, and obesity, factors that also significantly raise healthcare costs.
The prevalence of chronic venous disease varies according to the studied population. An international analysis conducted on 99,359 patients treated by primary care doctors in 23 countries evaluated clinical characteristics and risk factors, revealing a prevalence of chronic venous disease of 51.9% in Asia, 70.18% in Eastern Europe, 68.11% in Latin America, and 61.65% in Western Europe.
Keywords: Venous ulcer, Chronic venous disease, venous system, symptoms, amputation, ablation.
La enfermedad venosa crónica (EVC) se define como la presencia de anormalidades morfológicas y/o funcionales del sistema venoso, de evolución prolongada, que se manifiestan con signos y síntomas clínicos que ameritan evaluación especializada. (1–3)
Las úlceras de etiología venosa constituyen la forma más frecuente de úlcera crónica en las extremidades inferiores, representando entre el 75 % y el 80 % de los casos. Estas lesiones cutáneas suelen desarrollarse sobre piel previamente alterada por dermatitis por estasis, como consecuencia de hipertensión venosa sostenida (HTV), lo que genera pérdida de tejido con heridas de difícil cicatrización. Si no se corrige la causa subyacente, las tasas de recurrencia son elevadas: del 20 al 30 % a los dos años, del 35 al 40 % a los tres años y hasta del 55 al 60 % a los cinco años9. Esta elevada tasa de recurrencia explica su comportamiento clínico crónico.(4)
En estudios internacionales las úlceras venosas son un desafío clínico importante y el resultado de la insuficiencia venosa crónica (IVC) y la hipertensión venosa. Se manifiestan en el miembro inferior y representan entre el 60% y el 80% de todas las ulceraciones de las piernas. (5)
Los estudios se identificaron a partir de búsquedas en Medline (PubMed), CINAHL Complete (EBSCOhost), Embase, Scopus, Web of Science, LiSSa (Littérature Scientifique en Santé), Google Scholar y Cochrane Database of Systematic Reviews hasta noviembre de 2022. (5) La prevalencia poblacional en esta patología es del 0,5 %–0,8 %; aumenta hasta 3 %–5 % en mayores de 65 años; incidencia anual de 2 a 5 nuevos casos por cada 1000 personas. (4)
En Ecuador, no hay datos claros sobre prevalencia de úlceras venosas específicamente, aunque la alta prevalencia de insuficiencia venosa crónica (30 %) sugiere una población en riesgo, en mayores de 50 años se observa hasta un 50% de prevalencia. (6,7)
Dentro de los factores de riesgo se encuentran la edad avanzada, sexo femenino, historia familiar de enfermedad venosa, bipedestación prolongada, obesidad, tabaquismo, trauma de extremidad inferior, antecedente de trombosis venosa, embarazo y estados de estrógenos aumentados. (6–8)
La fisiopatología es compleja y multifactorial³; se han descrito alteraciones en las venas superficiales, venas profundas, tejidos blandos y microcirculación². En el sistema venoso superficial, los procesos inflamatorios generan cambios estructurales en la pared vascular, como degeneración de colágeno y elastina, lo cual conduce a incompetencia valvular y reflujo venoso. (2,9)
La aparición de várices se asocia a múltiples factores de riesgo, en su mayoría no modificables, que frecuentemente coexisten en el mismo paciente. Entre ellos se encuentran: antecedentes familiares de insuficiencia venosa crónica, envejecimiento, sexo femenino, trombosis venosa profunda (TVP) o embolia pulmonar previas, embarazos múltiples, lipodermatoesclerosis y enfermedades musculoesqueléticas o articulares¹. También existen factores modificables que influyen en la progresión de la enfermedad venosa, como el sobrepeso, la obesidad y el sedentarismo. (2)
La evaluación clínica debe incluir una anamnesis detallada orientada a antecedentes tromboembólicos, alergias y síntomas venosos. Los pacientes suelen referir prurito (con o sin lesiones visibles), dolor sordo en la pantorrilla, edema vespertino del pie y calambres nocturnos. (10)
El examen físico, en fases iniciales de la EVC, puede revelar telangiectasias y venas reticulares. En estadios avanzados, se identifican várices prominentes, hiperpigmentación marrón-anaranjada, edema persistente, dermatitis por estasis, atrofia blanca y lipodermatoesclerosis. (2,10)
Las úlceras venosas típicamente se localizan en la parte distal de la pierna, sobre todo en la región maleolar medial. Se caracterizan por ser lesiones superficiales, de bordes irregulares, pero bien definidos, con tejido fibrinoso en el lecho de la herida1,5. Estos hallazgos clínicos se integran mediante la clasificación CEAP (clínica, etiológica, anatómica y fisiopatológica), herramienta fundamental tanto para la evaluación como para la investigación. (1,2,10)
Aunque las úlceras venosas son la causa más común de úlceras crónicas en miembros inferiores, es fundamental considerar diagnósticos diferenciales como enfermedad arterial oclusiva, úlceras mixtas (arteriovenosas), neuropatía diabética, lesiones neoplásicas, pioderma gangrenoso y otras causas inflamatorias. (10)
En todos los casos donde se sospeche una úlcera de origen venoso, se recomienda realizar estudios de imagen no invasivos, como una ecografía Doppler venosa completa, junto con la evaluación de pulsos arteriales periféricos y el cálculo del índice tobillo-brazo (ITB), para descartar enfermedad arterial concomitante. (1,2,10)
Para promover la cicatrización adecuada de la ulcera venosa el manejo incluye curación avanzada, siendo la terapia de compresión el pilar fundamental. Si se confirma insuficiencia venosa crónica, deben considerarse tratamientos etiológicos mínimamente invasivos, como la ablación endotérmica y la escleroterapia. Si no se observa mejoría en un periodo de ocho semanas, debe reconsiderarse el plan terapéutico y ampliar la evaluación diagnóstica para identificar factores que impiden la evolución favorable de la úlcera.
Una úlcera vascular crónica se define como una herida abierta que no cicatriza en el tiempo fisiológico esperado (generalmente más de 8 semanas). Una úlcera vascular incurable es aquella que, a pesar del tratamiento médico adecuado, no se espera que cicatrice completamente debido al grado de daño vascular o a su irreversibilidad. Una úlcera de difícil manejo es aquella que no presenta cicatrización en el plazo estimado (6 a 8 semanas), muestra recurrencias frecuentes, se complica con infecciones persistentes o necrosis, presenta dolor intenso que interfiere con el tratamiento, o existe baja adherencia del paciente por factores físicos o sociales.
La amputación de una extremidad es una opción generalmente rechazada tanto por el paciente como por el cirujano. No obstante, los intentos fallidos de rescate pueden resultar en altos costos, morbilidad significativa e incluso riesgo vital. Por ello, han surgido diversas herramientas para ayudar a predecir el pronóstico de una extremidad comprometida.
Una de ellas es el Índice de Salvación de la Extremidad (ISE). Este sistema establece que, con una puntuación menor de 6 puntos, es posible salvar el miembro; mientras que una puntuación igual o superior a 6 predice amputación. Su sensibilidad es del 61 % y su especificidad del 43 %. Aunque detallado, su aplicación en la práctica clínica requiere una valoración quirúrgica cuidadosa, por lo que su utilidad en situaciones de emergencia es limitada.
Otro sistema es la puntuación NIPBOSE (por sus siglas en inglés: Nerve injury, Ischemia, soft-tissue injury/contamination, Bone injury, Shock, and Age), introducido por McNamara et al. en 1994. Esta escala considera variables como lesión nerviosa, isquemia, daño en partes blandas, fractura ósea, estado de shock y edad. Tiene mayor sensibilidad y especificidad que el ISE, pero es más compleja y presenta limitaciones similares, por lo que su uso debe complementarse con el juicio clínico y la experiencia del profesional tratante. (3,10)
Describir un caso clínico sobre el abordaje médico y quirúrgico para la preservación exitosa de la extremidad inferior en un paciente con úlcera venosa activa y antecedentes de amputación contralateral por insuficiencia venosa crónica, destacando la importancia de una valoración integral y un manejo adecuado, evitando considerar la amputación como primera opción terapéutica ante úlceras crónicas extensas.
● Identificar los factores clínicos, sociales y quirúrgicos que aumentan el riesgo de complicaciones en pacientes con úlcera venosa crónica.
● Enfatizar la importancia de una evaluación adecuada y del abordaje multidisciplinario en el manejo de estas lesiones.
● Promover la amputación como última alternativa terapéutica, especialmente en pacientes con úlceras crónicas extensas que no han recibido un tratamiento completo y adecuado.
MATERIALES Y MÉTODO
Se trata de un estudio y reporte de caso descriptivo y retrospectivo. Se utilizó la aplicación de escalas e índices para valorar la salvación de la extremidad y criterios de amputación para la valoración de la paciente. El caso describe el rescate exitoso de la extremidad inferior en un paciente con antecedente de amputación contralateral por insuficiencia venosa crónica asociada a úlcera activa.
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A. Miembro inferior derecho B. Miembro inferior izquierdo C. Muñón izquierdo
LABORATORIO CLÍNICO: (10/02/2025)
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Parámetro |
Valor |
Interpretación |
|
Leucocitos |
9.21 x10³/µL |
Normal |
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Neutrófilos |
77.0 % |
Levemente elevados (neutrofilia leve) |
|
Hemoglobina |
11.4 g/dL |
Levemente baja (anemia leve) |
|
Hematocrito |
35.5 % |
Ligeramente bajo |
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Plaquetas |
431 x10³/µL |
Levemente elevadas (trombocitosis leve) |
|
Glucosa |
132 mg/dL |
Elevada (hiperglucemia) |
|
HbA1c |
6.8 % |
Indicativo de diabetes tipo 2 |
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Urea |
22.9 mg/dL |
Normal |
|
Creatinina |
0.63 mg/dL |
Normal |
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Proteínas totales |
6.2 g/dL |
Ligeramente bajas |
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Albúmina |
3.3 g/dL |
Levemente baja |
|
Sodio |
139 mEq/L |
Normal |
|
Potasio |
3.89 mEq/L |
Normal |
|
Cloro |
106 mEq/L |
Normal |
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TSH |
6.89 µUI/mL |
Elevado → posible hipotiroidismo subclínico |
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FT4 (Tiroxina libre) |
1.47 ng/dL |
Normal |
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PCR ultrasensible |
9.98 mg/L |
Alta |
Estudio ecográfico venoso, realizado con transductor lineal equipo General Electric Logiq P6 PRO, en decúbito dorsal posición contra trendelemburg se rastrea sistema venoso superficial y profundo hallado.
Vena femoral, común, vena femoral profunda, femoral , poplítea y gemelares , permeables, paredes delgadas, comprensibles al 100%, con captación de flujo doppler color y espectral, sin signos de insuficiencia.
Sistema venoso superficial, unión safeno femoral de 8 mm , incompetente, safena mayor en muslo 6 mm, pierna 4 mm , pre maleolar 2.5 mm insuficiente en todo su trayecto, venas tributarias de arco anterior y posterior en pierna más perforantes insuficientes. ITB (miembro inferior derecho):1
Se presenta el caso en el staff médico de cirugía vascular y después de un análisis detenido se llega a un consenso de realizar un manejo integral clínico quirúrgico, previo consentimiento informado dado por paciente y familiares se decide limpieza quirúrgica más Ablación endotérmica con radiofrecuencia y escleroterapia complementaria, sin descartar a la amputación como opción terapéutica a mediano o largo plazo.
VALORACION PREQUIRÚRGICA: Riesgo quirúrgico y clínico alto.
Paciente ingresa a sala de quirófano y bajo normas de asepsia y antisepsia, en decúbito dorsal y anestesia raquídea se realizó limpieza quirúrgica con desbridamiento mecánico de tejido necro biótico y esfacelar más toma de muestra para cultivo y biopsia del lecho de la úlcera, se realizó lavado con 3000 ml de solución salina seguida de colocación de crema de óxido de zinc para protección de bordes y colocación de parche de adherencia bacteriana en el lecho de la úlcera más cobertura con gasa vaselinada y vendaje de gasa. Se realiza una segunda asepsia más cambio de campos quirúrgicos. Bajo visión ecográfica se canaliza la vena safena mayor a nivel de tercio medio pierna, con técnica de Seldinger, se coloca introductor 7 FR seguido de paso de guía de radiofrecuencia a 2 cm de la unión safeno femoral guiada por eco, se coloca tumescencia con solución de Klein del compartimento safeno y se procede a realizar ablación de safena mayor propiamente dicha, se comprueba permeabilidad de vena femoral y ablación de vena safena. Se canaliza venas tributarias para escleroterapia con polidocanol al 1 % en espuma, se finaliza con la colocación de vendaje de algodón más vendaje elástico, procedimiento que se llevó a cabo sin complicaciones.
Paciente en el post quirúrgico con evolución favorable, buen manejo del dolor, se realiza curación a pie de cama a las 48 horas, evidenciando un adecuado lecho quirúrgico, escaso tejido esfacelar, exposición ósea de la cabeza del peroné. En el control de laboratorio sin signos de respuesta inflamatoria activa, anemia moderada asintomática, signos vitales dentro de parámetros normales, se decidió el alta hospitalaria para seguimiento en consulta externa por curación del área de úlceras vasculares.
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A.B. LIMPIEZA POSQUIRÚRGICA INMEDIATA DE LA EXTREMIDAD.
Se realizan curaciones periódicas de forma ambulatoria cada 6 días, con desbridamiento mecánico del tejido esfacelar, lavado con solución salina y seguido de la colocación del parche de adherencia bacteriana durante dos semanas.
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A
la tercera semana la evolución es favorable, se educa al familiar y se enseña
de cómo realizar las curaciones de una manera correcta, se aprecia escaso
tejido esfacelar con áreas de tejido de granulación, se coloca parche
hidrocoloide grueso sobre el lecho de la úlcera y sobre el tejido óseo, Este
tipo de curación se mantiene durante 4 semanas más, apreciando abundante tejido
de granulación con cobertura de tejido óseo y un cierre del 90% de las úlceras
localizadas en el dorso del pie. Se continua las curaciones cada 8 días con
parche hidrocoloide fino evidenciando zonas de epitelización progresiva con
cierre total de la úlcera a las 12 semanas.

A.B.C Curaciones periódicas de miembro inferior derecho

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A.B. Curaciones periódicas de miembro inferior derecho C. Ulcera cerrada en su totalidad.
La úlcera venosa afecta aproximadamente al 1 % de la población general, con una prevalencia que aumenta hasta el 3 % en personas mayores de 80 años. Se estima que hasta el 93 % de estas lesiones se cierran en un plazo de 12 meses; sin embargo, alrededor del 7 % persiste sin cicatrización incluso después de cinco años. Es importante destacar que estos datos pueden sobrestimar los resultados reales obtenidos en entornos clínicos cotidianos. Por otro lado, la recurrencia tras la curación inicial es elevada, con tasas que alcanzan hasta el 70 % en los primeros tres meses posteriores al cierre de la herida. (2)
Por tanto, el manejo no invasivo de la úlcera venosa se basa en dos componentes principales: el manejo directo de la herida y la terapia de compresión. (5) Además de estos, el tratamiento debe ser integral, incluyendo el control de comorbilidades, fisioterapia y movilización para lograr una recuperación completa de la calidad de vida. (2)
El manejo directo de la herida comprende un conjunto de acciones destinadas a eliminar tejido necrótico, residuos y cuerpos extraños. La limpieza debe realizarse con sustancias no tóxicas para minimizar el daño al tejido viable, seguida de desbridamiento, que puede ser quirúrgico, mecánico, enzimático o autolítico. Los apósitos mantienen la humedad adecuada, protegen la herida y promueven la granulación y la epitelización. (2,10)
Un metaanálisis de Cochrane de Norman. G y colaboradores (13), evidenció que los apósitos de sucralfato y plata podrían ofrecer cierta ventaja en la cicatrización de úlceras venosas, pero debido a la baja certeza de la evidencia, no se emitieron recomendaciones específicas sobre qué apósito es superior en cuanto a la probabilidad de cicatrización. Además, se sugiere que los profesionales clínicos consideren otros factores importantes para el paciente, como preferencias personales y costo. (13)
En presencia de úlceras venosas con mal olor, secreción purulenta o cicatrización deficiente, se recomienda obtener muestras de tejido para cultivo en lugar de realizar un hisopado superficial, con el fin de orientar adecuadamente el tratamiento antimicrobiano. (10)
La compresión mecánica superpuesta se indica principalmente en el tratamiento de úlceras venosas de pequeño tamaño. Este método consiste en una media interior que fija el apósito en su lugar y se retira únicamente durante los cambios de curación. Esta capa puede mantenerse de forma continua y ejerce una presión sostenida de 20 mmHg, tolerable incluso en decúbito. Durante el día, se añade una segunda media que proporciona una presión adicional de 20 a 25 mmHg. En conjunto, el sistema genera una compresión total aproximada de 40 mmHg en reposo, aumentando hasta cerca de 50 mmHg al estar de pie, lo que favorece la recuperación de las úlceras. Según una revisión Cochrane, los sistemas elásticos multicomponentes proporcionan tasas de curación superiores en comparación con los sistemas de una sola capa. (2,10)
El manejo quirúrgico y endovascular de las venas superficiales en pacientes con úlceras venosas tiene como objetivo prevenir la recurrencia de las lesiones ulcerativas. Las intervenciones endovasculares mínimamente invasivas son preferidas actualmente sobre el manejo quirúrgico abierto. No obstante, la Guía de Práctica Clínica 2022 de la Sociedad Europea de Cirugía Vascular recomienda que la selección del tratamiento endovascular debe guiarse tanto por la experiencia del médico como por la preferencia del paciente. (2)