Artículo de Investigación

 

Actitud lingüística de los hablantes dominicanos en Santo Domingo, República Dominicana1

 

Linguistic attitude of dominican speakers in Santo Domingo, Dominican Republic1

 

Fátima Scarlette Veloz Suarez a

 

a Poder Judicial de la República Dominicana. Santo Domingo, R.D. email: fatimascarlette@gmail.com / fveloz@poderjudicial.gob.do, ORCID: 0009-0001-6167-3925.

1.    Este artículo es producto del curso: el español de la República Dominicana: visión sociolingüística del Doctorado en Estudios del Español: Lingüística y Literatura. Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM)

 

Entregado: 15 de septiembre de 2022

Aprobado: 12 de enero de 2023

 

 

RESUMEN

Esta investigación analizó la actitud lingüística de los dominicanos hacia su lengua y los dialectos que surgen de la misma, al presentarse indicios de rechazo al español que hablan los dominicanos frente al habla de otros países hispanohablantes. El objetivo fue determinar la actitud lingüística de los dominicanos hacia su lengua. Se empleó un enfoque cuantitativo y un diseño no experimental de carácter transeccional, con un alcance descriptivo. Se utilizó como técnica de recolección de información una encuesta con preguntas semicerradas y aplicada a sujetos elegidos aleatoriamente en diferentes áreas de la ciudad. Los resultados indicaron que los dominicanos tienen una actitud negativa hacia su lengua en comparación con el español de otras regiones y que se observa una visión de lengua perfecta como base del español, rechazando cualquier tipo de modificación verbal. Se encontró una correlación entre el español correcto y el nivel educativo y económico alto. La conclusión principal de este estudio fue que la inseguridad lingüística en el caso de los dominicanos no tiene su origen en aspectos objetivos o causas internas de carácter lingüístico, sino en otras condiciones de carácter subjetivo que se reflejan en una realidad de carácter extralingüístico como el prestigio social, el nivel educativo o el poder económico del hablante.

 

Descriptores: Actitudes lingüísticas; dialecto; inseguridad lingüística; conciencia lingüística.

 

 

ABSTRACT

This research analyzed the linguistic attitude of Dominicans towards their language and the dialects that arise from it, when there were signs of rejection of the Spanish spoken by Dominicans compared to the speech of other Spanish-speaking countries. The objective was to determine the linguistic attitude of Dominicans towards their language. A quantitative approach and a non-experimental design of a transectional nature were used, with a descriptive scope. A survey with semi-closed questions and applied to randomly chosen subjects in different areas of the city was used as a data collection technique. The results indicated that Dominicans have a negative attitude towards their language compared to Spanish from other regions and that a perfect language vision is observed as the basis of Spanish, rejecting any type of verbal modification. A correlation was found between correct Spanish and high educational and economic level. The main conclusion of this study was that linguistic insecurity in the case of Dominicans does not have its origin in objective aspects or internal causes of a linguistic nature, but in other subjective conditions that are reflected in a reality of an extralinguistic nature such as prestige. social status, educational level or economic power of the speaker.

 

Descriptors: Linguistic attitudes; dialect; linguistic insecurity; linguistic awareness.

 

INTRODUCCIÓN

El lenguaje humano es, sin dudas, el atributo más distintivo de la especie humana, su más notoria seña de identidad, por tanto, tiene un aspecto fonológico y gramatical, pero también comunicativo general que tiene influencia de patrones psicológicos, sociales y afectivos” (Peralta Montecinos, 2000, p.54). Las conductas comunicativas “se sientan sobre bases estructurales, biológicas y sobre la interacción, por lo que el lenguaje es un fenómeno social y si no hay interacción no surge el lenguaje” (Peralta Montecinos, 2000, p.57).

La palabra constituye, sin duda alguna, uno los signos distintivos más valiosos y trascendentes del hombre. No solo porque nos diferencia de otros animales, sino que podemos, a través de ella convertirnos en receptores de información que transmiten ideas complejas, fortalecen el conocimiento y nos permite construir sociedades, creando a su paso puentes y rompiendo fronteras.

Nuestra lengua funciona como una expresión de nuestra historia, raza y cultura, y da paso a la manifestación de nuestra idiosincrasia como colectivo en el mismo. A pesar de ser la misma lengua que se habla en muchos otros países es distinta en estructura, pues, al igual que la vida, la lengua con la que nos expresamos es cambio y dinamismo constante, en la misma velocidad que cambian las realidades que vive el individuo, pues de no ser así, no reflejaría puramente quienes somos los dominicanos.

En sus aspectos generales, el español dominicano es igual al español de todas partes, pues contamos con las mismas estructuras sintácticas, sistema de fónicos y vocabulario; Precisamente por esta razón podemos entender las telenovelas venezolanas y los programas deportivos madrileños. Sin embargo, el español dominicano tiene rasgos que le dan particularidades diferenciadoras – prosodia, morfología, sintaxis, léxico, semántica y pragmática. De esta forma, “en la lengua dominicana conviven dos tendencias antagónicas: una conservadora, que explica el mantenimiento de ciertos elementos antiguos y el apego a las formas tradicionales, y otra innovadora, que se manifiesta en avanzados fenómenos de reducción fonética, en distintos patrones de entonación, en algunos esquemas sintácticos, o en la adopción y creación de palabras nuevas”(Alba, 2004, p.15).

Las lenguas cambian para adaptarse a las circunstancias históricas y geográficas que van desarrollando, pero también para reflejar la condición sociocultural de sus habitantes y la diversidad estilística que resulta para que exista una compatibilidad real entre los miembros de un determinado colectivo. Grosso modo, el español dominicano es el mismo que se observa en los demás países de habla hispana, pero coloreado por rasgos distintivos superficiales que reflejan la entidad de su pueblo, al presentar rasgos diferenciadores de carácter fonético (en la pronunciación), morfosintáctico (en la forma de estructuración de las oraciones y las palabras) y léxico- semántico (en los cambios de vocabulario).

Aunque se ha llegado al consenso que el origen del español dominicano, y de toda la zona de El Caribe, se encuentra en la modalidad lingüística andaluza y canaria, se pueden ver en su configuración la presencia de léxicos de diversos orígenes como afronegrismo, anglicismos, arcaísmos, indigenismos y marinerismos, que marcan aspectos distintivos en el habla del dominicano.

A pesar de tener conocimiento de que la lengua presenta cambios dependiendo del área geográfica del hablante, en los últimos años, se ha presenciado un rechazo a la lengua nativa o al español que hablan los dominicanos frente al que se habla en otros países; e incluso en comparación con lenguas extranjeras, como el inglés y el francés. Esto nos lleva a auto cuestionarnos, ¿Cuál es la actitud lingüística de los dominicanos residente en Santo Domingo hacia su lengua?

Existe una falsa creencia de que existe un nivel superior en aquellas personas que hablan inglés en el entendido de que existe una lengua superior a otra. En el capitaleño este sentimiento no se observa únicamente con idiomas extranjeros, sino también respecto al español que es hablado en diferentes zonas de la República Dominicana, especialmente en las zonas rurales o del interior del país.  

En estas atenciones, al ser bien sabido que muchos dominicanos tienen una actitud negativa hacia su propia manera de hablar y la consideran inferior, menos correcta, que la de otros países hispánicos” (Alba, 2004, p.315) este estudio tiene por objetivo determinar la actitud lingüística de los dominicanos hacia su lengua y los dialectos que surgen de la misma.

 

Desarrollo de los conceptos del estudio

Una determinada lengua o dialectos siempre puede verse desde una perspectiva subjetiva y una perspectiva objetiva. En la primera se examinan las creencias y actitudes que, de forma particular, tenga el hablante en relación con su lengua, es decir, la opinión o visión del hablante. En este punto, Alba (2004, p.15) destaca el conservadurismo del español dominicano que se observa en el terreno fonético en el uso de expresiones como cocote en lugar de cogote y la eliminación de la /d/ entre las vocales como cansao en lugar de cansado, como un reflejo de la actitud lingüística que pueden presentar los dominicanos. Se debe recordar que la actitud lingüística se basa en la percepción que tiene el individuo sobre su lengua, dándole una valoración de difícil, fácil, agradable, fea, bonita.

Desde la perspectiva subjetiva, se pueden estudiar aquellos hechos y fenómenos que pueden determinar una forma característica de hablar. En esta visión es que se puede visualizar la idea que tienen los dominicanos de que su lengua es la “peor hablada” que la de otros habitantes hispanohablantes.

Existen estudios que han arrojado la realidad de que parece estar presente una especie de complejo de inferioridad lingüística en la conciencia de muchos dominicanos, que consideran que su forma de hablar es peor o menos correcta que la de los hablantes de países como Colombia, Costa Rica, España. (Alba, 2004, p.16) Ante esta situación, en apreciación de Fernández Moreno (1998), los factores que pueden determinar la aparición de diferentes variantes lingüísticas pueden definirse por: a) factores que vienen determinados exclusivamente por factores lingüísticos; b) que las variantes vengan conjuntamente por factores lingüísticos y sociales y c) que las variantes no vengan determinadas ni por factores lingüísticos ni por factores sociales.

En este tenor, como punto de partida para poder determinar la aparición de estos factores, es necesario que el hablante tenga una “conciencia lingüística”, es decir, que el hablante tenga conocimiento de que existe otras formas de habla que son aceptadas o no; es el equivalente a una conciencia moral que permite discernir del bien y el mal, es decir, “saber que existen dos o más posibilidades para realizar un fenómeno, y que por lo general la sociedad prefiere una a la otra”. (Fernández Moreno, 1998)

La conciencia lingüística (CL) traducido de la expresión language awareness (LA), es “el conocimiento explícito acerca de la lengua y la percepción y sensibilidad conscientes al aprender la lengua, al enseñarla y al usarla” (James y Garrett, 1991). La conciencia lingüística es aquella que le permite al hablante identificar cuáles son formas de habla son aceptables y cuáles son consideradas como no apropiadas. Un ejemplo claro de esta conciencia lingüística se observa cuando el individuo habla de una forma más formal cuando se dirige a una persona de mayor edad o jerarquía. Cabe destacar que la consciencia lingüística cambia de un individuo a otro.

Parte de esta conciencia lingüística es que un individuo puede identificar a partir de la valoración de una comunidad cierto nivel de prestigio o de estigma según la forma en que hable un sujeto de una comunidad. Esta conciencia lingüística puede adquirirse a través de educación formal, experiencia con otros hablantes o evaluación positiva o negativa de una determinada comunidad.

Sobre este asunto encontramos dos visiones medulares, una perspectiva que parte de la idea de que los dominicanos presentan un caso de “dominicanofobia” y por ende, desprestigian su propia lengua no teniendo identificación con la misma y otros que ven la situación como un reconocimiento de la identidad dominicana respecto al entorno internacional.

Desde la primera visión planteada, se entiende que la forma en que los dominicanos piensan acerca de su lengua se traduce a lo que estos piensan sobre su país. Así, los capitalinos sufren de “dominicanofobia” como reflejo de que históricamente se han considerado inferiores al resto de naciones, generando un aire de desconfianza respecto a lo local y exaltando o dando valor a lo que venga de tierras extranjeras.

En ocasiones, se esconde esta condición detrás de un falso nacionalismo, cuando su idiosincrasia se transparenta en expresiones como “El plátano embrutece. El merengue despierta las bajas pasiones. Bailar o escuchar ritmos extraños prestigia. El paisaje nativo nos produce náusea. El cielo extranjero nos deslumbra. La inscripción “Made In” nos embriaga y pletóricos de satisfacción compramos en los Estados Unidos el pantalón que se fabrica en una de nuestras zonas francas” (Caba Ramos, 2019).

El resultado de una actitud lingüística negativa trae consigo una inseguridad lingüística, la cual puede manifestarse cuando el hablante considera que su modo de hablar no es el correcto. Es decir, “cuando hay una diferencia entre las formas que él considera adecuadas o válidas y las que en realidad utiliza en su habla espontánea” (Alba, 2004, p. 28). En términos sociolingüísticos la inseguridad lingüística son las “motivaciones actitudinales que llevan a los hablantes a tener sentimientos negativos sobre su propia variedad materna, o sobre algunos aspectos de ella, y que les hacen sentirse inseguros sobre su valor o “corrección”( Trudgill y Hernández Campoy, 2007).

Un ejemplo es la ultracorrección lingüística que ocurre cuando las personas por querer hablar de forma correcta realizan un uso excesivo del fonema, /s/, tal es el caso que por la palabra abanico emplean abanisco, llevando al usuario a una corrección inmediata del interlocutor.  Es un hecho que “para el dominicano, hablar “correctamente” es expresarse sin los modismos y las características dialectales propias del español de Santo Domingo. La perfección en la forma de hablar es el ideal; por eso, se observa como muchas personas de distintas edades y de diverso estrato social, en busca de la expresión “correcta”, incurren en la ultracorrección lingüística (Severino Cerda, 2014, p.1331).

La inseguridad lingüística puede hacer que el hablante adopte formas de habla de mejor estatus o que intente acomodarse a lo que considera correcto, causando una hipercorrección al grupo social en cuestión. En consecuencia, la percepción del hablante es que las formas de habla espontánea no son correctas, lo que puede causar que surja, en casos extremos, un auto-odio lingüístico.

En contraposición con esta conducta, se encuentra la seguridad lingüística, que se observa cuando el hablante piensa que está utilizando formas lingüísticas correctas, de forma independiente de que las formas usadas sean en realidad correctas o no. 

En consecuencia, el complejo de inseguridad lingüística es la que se manifiesta cuando el hablante presenta inseguridad para mostrar particularidades que manifiesta su lengua, por considerar las mismas inadecuadas o incorrectas con relación a otras.  Generalmente, esta inseguridad lingüística se da porque el hablante considera que su modo de habla no es el correcto, existiendo una gran discrepancia entre las formas que se consideran adecuadas y las que son empleadas de forma espontánea por los hablantes.

González Tirado (1987) planteó la idea de la existencia de un “tipo de complejo de inferioridad lingüística que los mueve a preferir las formas no hispánicas por considerarlas más distinguidas y prestigiosas que las castizas.” Incluso los dialectos que se generan dentro del español dominicano obedeciendo a cambios de características específicas de la zona, son catalogadas como incorrectas o inferiores. En este sentido, “la vocalización, la lateralización y la neutralización, son los factores dentro del desarrollo lingüístico de más arraigo y que por ende generan prejuicios, tanto en los hablantes de la misma región, como los de las otras”.( García de la Cruz, 2009)

Aunque la lengua que se habla en una demarcación determinada forma parte de los pactos sociales y reflejan la cohesión de patrones de vida, ideas y conductas similares de una determinada sociedad, se genera una crítica sagaz ante los dialectos generados por las comunidades ante una apreciación de inferioridad respecto a lo local y a la poca identificación con su cultura. En este tenor, “la escasa valoración de la lengua como parte de la identidad cultural, así como la acción estratégica de los grupos dominantes, ha hecho destacable el tema del complejo de inferioridad lingüística” (García de la Cruz, 2009).

En un bando distante a la inseguridad lingüística (IL) se encuentra la Seguridad Lingüística (SL), que si bien no es un concepto que ha sido definido con claridad, pueden realizarse aproximaciones con base en lo que hemos visto. En este sentido, la seguridad lingüística puede ser vista como el sentimiento de seguridad experimentado por los hablantes de una o varias lenguas. “Se trata de una “consciencia” o “sentimiento”, de una conformidad o satisfacción del hablante en relación con su propio discurso, al tiempo que se mantiene la idea de una variedad lingüística de referencia – si bien variable – con respecto a la cual se valoran los enunciados” (De Matteis, 2010).

Desde una perspectiva objetiva ha sido entendida como una cualidad de los enunciados [± seguros] y, por extensión, de una situación en la que la interacción progresa de acuerdo con características consideradas apropiadas para minimizar a) la ambigüedad –rasgos léxico-semánticos, sintácticos y fonéticos de los enunciados– y b) impedir malos entendidos y conflictos interaccionales –efectos semánticos y pragmáticos– entre interlocutores que comparten una tarea institucional de alto carácter técnico” (De Matteis, 2013, p.659). Esto nos indica que, para poder tener seguridad lingüística, hay que reconocer y aceptar las diferentes variantes que tiene el español.

La postura contraria a la previamente plasmada encontramos autores como Orlando Alba quien expresa que “Parece lógico pensar que los dominicanos que tienen inseguridad lingüística, es decir, los que creen que su modo de hablar es inferior al de otros, traten de abandonar las formas propias, que juzgan incorrectas, para reemplazarlas por las ajenas, que evalúan como superiores. Sin embargo, no es eso lo que generalmente sucede. Las personas que consideran su modo de hablar inadecuado o poco elegante, siguen hablando igual y raras veces lo sustituyen por otro” (Alba, 2004, p. 315).

La respuesta a esta interrogante la encuentran en la lealtad lingüística. Entendiendo que la sociedad es heterogénea e implican la pertenencia a un determinado grupo que luego de acuerdos sociales forman el colectivo social. Ante la idea de identidad dentro del grupo, se reconoce que la antítesis de la inseguridad lingüística no sería la seguridad lingüística como tal, sino la lealtad, que genera un equilibrio que permite que se puedan desarrollar las competencias dialectales de forma natural por los hablantes, al dar un valor a lo propio.

En este sentido, “la lealtad lingüística es un factor que favorece eficazmente el mantenimiento de los dialectos y de las hablas populares por más desprestigiados que estén.” Esto así porque dentro de una determinada comunidad será visto con malos ojos el adoptar formas lingüísticas diferentes a la de la comunidad, pues es entendido como un acto de arrogancia y traición al grupo, región o país, es decir, una deslealtad lingüística. Esta deslealtad será castigada con el rechazo y burla de familiares, amigos, vecinos y la comunidad en general. Esta idea se corrobora con los resultados realizados por Toribio (2000, p. 252-270) sobre el español de los dominicanos en New York en el que se identifica que los residentes en dicha ciudad se mantienen fieles a su modo de hablar como una expresión de dominicanidad, al identificarlo como un símbolo de identidad nacional.

Sobre este asunto se observa estudio previo sobre este tema, entre los que desataca un estudio anterior Alba, (2004) demostró que las personas de las distintas clases sociales en República Dominicana hacen elisión de los fonemas /s/, /d/ y /l/, entre otros, constituyéndose este fenómeno en parte normal del español dominicano, y explica que la diferencia en el uso de estos fenómenos lingüísticos está marcada por el nivel de instrucción o por el nivel socioeconómico de los hablantes.

Del mismo modo, con este tema también existe la investigación de Alvar (1983) quien aplicó un estudio respecto a la actitud de los dominicanos frente a grabaciones de voces de dominicanos contra modalidades lingüísticas norteñas, españolas y en las conclusiones a las que se arribó, si bien la mayoría de los informantes consideraban que el español peninsular era mejor, al ser más correcto, muchos expresaron su preferencia por la variedad dominicana al parecerles más entendible y sobre todo porque les daba un símbolo de nacionalidad.

Asimismo, se encuentra el estudio de Severino Cerda (2014) sobre las Actitudes Lingüísticas en República Dominicana. Conciencia e identidad lingüísticas en la ciudad de Santo Domingo, en el que estudio como piensan los dominicanos respecto a los hablantes de otra región y como valoran su forma de hablar y de otras patrias. En este estudio llego a la conclusión de que el nivel de identificación de los dominicanos con su dialecto era bajo y que se consideraba que hablar “correctamente” era un símbolo de prestigio.

 

MÉTODOS

En el marco geográfico, hemos de recoger la data en la República Dominicana, país ubicado en el archipiélago de Las Antillas, el cual delimita al Sur con el mar Caribe o también conocido como mar de las Antillas, al Este con el canal de la Mona y al Oeste con la República de Haití. Nuestro estudio se desarrolla específicamente en su ciudad capital, Santo Domingo, Distrito Nacional. Debemos destacar que Santo Domingo, desde el año 2008, está dividida en cuatro provincias, Santo Domingo Norte, Santo Domingo Este, Santo Domingo Oeste y Distrito Nacional. Nuestro estudio se ubica de forma concreta en el Distrito Nacional.

Fuente: Mapa político-administrativo de República Dominicana (2012), tomado de Oficina Nacional de Estadísticas (12 diciembre 2022)

 

Población: Este fue aplicado a la población, que representan el grupo de interés, que en este caso son los dominicanos residentes en el Distrito Nacional, capitaleños, que corresponde a un total de 20 personas. Los mismos están conformados por un total de trece (13) mujeres y siete (07) hombres.

Esta es una investigación tiene un enfoque cuantitativo con un diseño no experimental de carácter transeccional y con un alcance descriptivo. Para la recolección de datos en este estudio se empleó una encuesta como técnica de recolección de la información para obtener datos directamente de los participantes de manera sistemática y estandarizada. El instrumento que se aplicó para recoger estos datos fue una cédula de cuestionarios, de administración directa, el cual contenía preguntas semicerradas previamente elaboradas y que a partir de las respuestas dadas. Se creó un formulario de Google para que los usuarios respondieran las preguntas de forma libre y voluntaria.

Los sujetos fueron encuestados de forma aleatoria simple, siendo tomados en consideración la totalidad de los mismos para esta investigación. Las personas fueron consultadas para participar en este estudio en diversas áreas de la ciudad por vía de redes sociales y mensajería instantánea luego de que estos dieron su autorización para participar en este estudio.

Para la segmentación de la información en cuanto a la división de la estratificación social de acuerdo a nivel económico, la Oficina Nacional de Estadísticas estableció una división en el último censo nacional que consistía en los siguientes: a) muy bajo, b) bajo, c) medio, d) bajo, e) medio alto y f) alto. Sin embargo, para este estudio utilizaremos para dividir los segmentos en tres categorías; a) bajo, b) medio y c) alto. Utilizando como nivel bajo, un ingreso promedio con base en el salario mínimo autorizado por el Comité Nacional de Salarios para el año 2022, a decir, RD$12,900 pesos mensuales; como ingresos promedios para pertenecer a nivel medio el equivalente a cinco salarios mínimos, lo que se traduce a un ingreso de menos de RD$64,500 pesos mensuales, y finalmente, en l nivel alto, las personas que excedan la cantidad de ingresos del grupo anterior.

Asimismo, el nivel educativo, se divide en la clasificación establecida por la Ley General de Educación núm. 06-1997, que realiza la división siguiente: a) nivel inicial, que incluye si sabe leer y escribir; b) nivel medio, que incluye modalidad general y modalidad técnico profesional, y c) nivel superior, que comprende a quienes tengan licenciaturas, maestrías o estudios superiores.

En cuanto a la segmentación de edad se utilizan cuatro segmentos: a) de 18-25 años entendiendo que estos son considerados como jóvenes, b) de 26- 35 años considerados como adultos jóvenes; c) de 36-59 años considerados como adultos y d) de 60 años en adelante considerados como personas mayores.

 

RESULTADOS

 

Gráfico 1. Conciencia lingüística de los hablantes

Gráfico de las respuestas de Formularios. Título de la pregunta: ¿Usted considera que todos los países hispanos hablan el mismo tipo de español?. Número de respuestas: 20 respuestas.

Para conocer la conciencia lingüística de los participantes se les preguntó lo siguiente: ¿Usted considera que todos los países hispanos hablan el mismo tipo de español? A lo que la totalidad respondió de forma negativa, dato que refleja que la población tiene una clara conciencia lingüística y con esto reconoce la existencia de otras formas de habla dentro de la sociedad.

 


Gráfico 2.  Valoración del español dominicano frente a otras formas de español.

 

Ante las preguntas, ¿Usted considera que el dominicano habla mejor español que otros países (argentinos, venezolanos, colombianos, españoles) ?, el 85 % de las respuestas establecieron que no y solamente el 15% dijo que los dominicanos hablan un mejor español.   Asimismo, ante el cuestionamiento de si entendía que el inglés o el francés era un mejor idioma que el español en su totalidad la respuesta fue que sí. Se preguntó a los entrevistados si consideraban que el dominicano habla mejor español en la ciudad que en las provincias, la totalidad de los entrevistados respondió de forma negativa a esta interrogante. Se les cuestionó las razones y algunas de las respuestas fueron las siguientes: “porque hablan con la /i/” “porque hablan entrando la /r/ y la /l”, “porque no hablan como se debe” y “porque todo el mundo sabe que en el campo se habla peor que en la capital”.

 

Gráfico 3. Actitud lingüística hacia su lengua.

Gráfico de las respuestas de Formularios. Título de la pregunta: ¿Usted se siente orgulloso de la forma en que hablan los dominicanos?. Número de respuestas: 20 respuestas.

 

Asimismo, se preguntó si estaba orgulloso de como los dominicanos hablan español y la respuesta fue en su totalidad negativa. Al pedir que justificaran la respuesta algunas de estas fueron las siguientes “porque omitimos la /s/”, “porque no se nos entiende cuando hablamos” “porque decimos oite en lugar de oiste” y “porque en otros países hablan mejor” “Porque aquí no se sabe hablar”

 


Gráfico 4. Vinculación de la clase social con la forma de habla

 

Uno de los puntos que se destacan es la comparación del “habla correcta” con el nivel económico del hablante. Se les cuestionó a los hablantes sobre si consideraban que las personas de clase social alta hablaban mejor de que las personas de clase social baja y en un 75% dijo que si, mientras que un 25% dijo que no.

 


Gráfico 5. Vinculación del nivel educación con la forma de habla

Del mismo modo, se correlaciona el nivel educativo con el habla de forma más correcta pues el 65% de los entrevistados entendieron que la forma correcta de hablar se correlaciona con el nivel educativo.

Gráfico 6. Vinculación de la forma habla con el sexo

Gráfico de las respuestas de Formularios. Título de la pregunta: ¿Quién usted considera que habla mejor español?. Número de respuestas: 20 respuestas.

Finalmente, en la comparación entre quien entendía que hablaban mejor español de los hombres o las mujeres, en 65% de los entrevistados dijo que las mujeres y el 35% dijo que los hombres.

 

DISCUSIÓN

Identificamos entre los hablantes la existencia de una conciencia lingüística en la totalidad de la población, reconocer la existencia de diferentes manifestaciones lingüísticas del español y reconocer que existen otras formas de habla distintas a las que emplean. Esta valoración se realiza de forma independiente a la edad, sexo o nivel socioeconómico del hablante.

Del mismo modo, se puede observar el juicio hecho por los entrevistados sobre el español hablado por los dominicanos en comparación con el español hablado en otros países o en otras provincias fuera del Distrito Nacional al valorar de forma positiva el español de otros países con un 85% de las respuestas.  En estudio similar, Alba (2004, p.318) planteó que “muchos dominicanos de todos los niveles socioculturales piensan que el español hablado en su país es peor que el empleado en otros lugares, específicamente en España, entienden que su utilización constituye un valor que merece ser conservado como forma de expresión de lo propio, en oposición a lo ajeno”. 

Cabe destacar, que el Distrito Nacional, es la capital de la República Dominicana, y es una realidad incuestionable el desplazamiento o movilidad social por razones económicas, académicas o sociales que provocan que parte de la población de zonas rurales o de otras provincias vivan en esta ciudad. A pesar de esta situación, los mismos lugareños de otras provincias reconocen el español de la Capital con un nivel superior al de sus ciudades nativas. Esto parte del prestigio sociohistórico y político que tiene esta ciudad para los hablantes, mas no es, por si solo un factor lingüístico.

Conclusiones similares a la observada la encontramos el estudio de Alba (2004) mencionado previamente, sobre la idea de que “El español que hablamos los dominicanos es peor y menos correcto que el que se habla en otros países, como España y Colombia” en el que tuvo como resultado que el 62 % de los entrevistados estaba de acuerdo con esa afirmación y el 38% en desacuerdo.

“Desde una perspectiva teórica, científica y lingüística - apunta Orlando Alba al respecto - de ninguna manera se justifica afirmar que una variedad geográfica de la lengua es mejor que otra”. (Caba Ramos, 2009 ) Existe una incorrecta concepción en los dominicanos que suelen pensar que existen forma correctas e incorrectas de hablar, otorgándole una tonalidad negativa aquellas variaciones dialectales que se desarrollan en una zona determinada y que se alejan de la estructura considerada aceptada o correcta. La identificación lingüística del hablante no solo fomenta su identidad como miembro de una sociedad determinada, sino que desarrolla un vínculo con su comunidad y le individualiza como individuo en un mundo globalizado.

Posteriormente, en dicho estudio los capitaleños mostraron una mayor seguridad lingüística, lo que se demostraba en una mayor satisfacción con su forma de habla o modalidad lingüística, en comparación con aquellos que en la encuesta reconocieron ser oriundos de otras provincias del país.

En estas atenciones, si bien anteriormente propusimos como posibilidad la actitud lingüística negativa como factor determinante para justificar la visión que tiene el dominicano del español, es necesario poder determinar si existen factores que generan esa inseguridad lingüística. “Cuando un hablante asume una actitud negativa con respecto a su lengua, pensando que es inferior a otra, simplemente revela una opinión subjetiva que no se fundamenta necesariamente en razones lingüísticas, sino en hechos de carácter extralingüístico” (Alba, 2009, p.14). En estas atenciones es posible que esta situación esté enlazada con factores sociales y económicos que no se relacionan directamente con aspectos de tipo lingüísticos.

Uno de los puntos que se destacan es el factor de la comparación del “habla correcta” con el nivel educativo y económico del hablante, pues se suele tener la idea de que las personas como mayor nivel educativo y mejor acceso a recursos internacionales debe de mantener una mejor habla, esto bajo el contexto de que “lo que vale es lo exportado”.

Se verifica al correlacionar la clase social con la forma de habla que se tiene la percepción de que a mayor clase social mejor forma de habla, así como a mayor nivel educativo mejor habla; sin embargo, existen estudios que han determinado que las variantes en la lengua ocurren en todos los niveles sociales y educativos y forman parte de la identidad de una comunidad. Independientemente, estos datos nos muestran la correlación que ve el dominicano entre “el buen hablar” con la condición educativa y económica.

Un resultado similar se observa en el estudio realizado por Glennys Serverino (2014) mencionado previamente, en el que llama la atención que, aunque pocas personas considerando que el hablar correctamente se relacionaba con la profesión universitaria “un 34% de los participantes consideró que esta forma de hablar demostraría su preparación académica”.

 A pesar de esta visión negativa del habla de dominicano, se mantiene la misma conducta verbal, a esta ser una forma de reiteración de la identidad del individuo como parte del grupo social determinado. Esto se traduce en la necesidad de mantener una lealtad lingüística como analizamos previamente. Al final, cada acto de habla, cada enunciado emitido, de forma consciente o inconsciente, representa un acto de identidad como dominicanos.

 

CONCLUSIONES

Esta investigación pone de manifiesto que los dominicanos tienen una actitud negativa hacia su lengua en comparación con las lenguas extranjeras y que la consideran inferior al habla que se utiliza en otras partes.

Se observa una visión de una lengua perfecta como base del español, rechazando cualquier tipo de modificación verbal y entendiendo que aquellas personas que hablan distinto, con modifico, elisiones o ultracorrecciones utilizan un mal español. Se persigue un habla “perfecta”, no obstante “hablar el mismo español, sin dialectos, sin sociolectos ni variación fonológica sería llegar a una homogeneidad imposible de alcanzar, ya que inclusive la manera de hablar varia de una persona a otra, y cada una posee rasgos propios que la caracterizan: desde el tono de voz utilizado hasta el tipo de palabras, pues ellas ayudan a clasificar, en cierto modo, a la sociedad” (Serverino, 2014, p. 20).

Uno de los puntos que se destacan en esta investigación es la correlación entre el español correcto y el nivel educativo y económico alto. Se encontraron diferencias en las apreciaciones basadas en el sexo al entender que las mujeres hablaban mejor español que los hombres.

Se observa una carga negativa del hablante hacia el español que habla el dominicano en comparación con otros países hispanohablantes y por ende una valoración negativa hacia lo autóctono y los rasgos característicos del habla local, en consecuencia, una actitud lingüística negativa sobre el español dominicano. Esto nos permite determinar que la existencia de una inseguridad lingüística en el caso de los dominicanos no tiene su origen en aspectos objetivos o causas internas de carácter lingüístico, sino en otras condiciones de carácter subjetivo que se reflejan en realidad de carácter extralingüístico como el prestigio social, el nivel educativo o el poder económico del hablante.  

Los dominicanos entienden que el español que se habla en la ciudad Distrito Nacional es mejor que el que comunidades del interior del país, esto porque las comunidades del interior del país tienden a tener un desarrollo rural y menos enfocado a la industrialización y la formalidad, lo que provoca una menor disponibilidad económica.

La realidad es que en todos los lugares se tienen cambios en la lengua y la forma de hablar presenta una carta de identificación para los dominicanos, pues sea “malo o bueno” es su español. Al final, la función principal de la lengua es que comunicar. Los valores de “bien o mal” son conceptos de carácter axiológicos subjetivos y reflejan apreciaciones de una comunidad lingüística determinada respecto a una norma gramatical.

La variabilidad dialectal es un rasgo necesario en toda lengua viva. No es accidental que diferentes grupos de hablantes elijan cambios en su habla de forma distinta, pues estos cambios responden a las necesidades y exigencias comunicativas que como miembros del grupo van generándose dentro de una sociedad. Es la variación lingüista lo que nos permite tener un intercambio real de información entre las personas, por lo que existe una gran riqueza en su existencia.

La concepción dominicana de las variaciones dialectales o de “mal habla del español” no se vincula a la lengua en sí misma, sino a todos los demás factores subjetivos que le acompañan. Las vivencias marcan como pensamos y los antecedentes históricos de altos niveles de pobreza, descomposición social, corrupción gubernamental, han generado sentimientos de frustración y fatalismos que se ven en la visión que tenemos de lo autóctono, incluida la lengua. Al final, la lengua es una forma de comportamiento social que representa a un pueblo y como tal debemos ejercer con orgullo su derecho de “hablar como hablan”.

La investigación pone en manifiesto la necesidad de renovar las investigaciones que se han realizado y profundizar sobre el comportamiento del hablante e incluir otros factores a estudiar como los prestamos lingüísticos.

 

REFERENCIAS

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