Ensayo                                                DOI: https://doi.org/10.61154/holopraxis.v9i1.3901

 

Johan Galtung: Hacia la construcción del mundo posible cimentado sobre los ideales de la paz

 

Johan Galtung: Towards the Construction of a Possible World Based on the Ideals of Peace

 

Jesús Alfredo Morales-Carrero a

 

a Universidad de Los Andes, Mérida, Mérida, Venezuela, Email: lectoescrituraula@gmail.com , Orcid: https://orcid.org/0000-0002-8379-2482

 

Recibido: 15 de octubre de 2024

Aprobado: 3 de enero de 2025

 

RESUMEN

Este ensayo analizó los referentes asociados con la construcción del mundo posible cimentado en los ideales de la paz propuestos por Johan Galtung. Para ello se realizó una revisión documental con enfoque cualitativo, con la intencionalidad de precisar planteamientos implícitos o explícitos que permitan entretejer los horizontes de una convivencia futura justa, sostenible y pacífica. Los resultados indicaron que,  convivir en estos términos supone un de los cometidos tangenciales en las obras del mencionado autor, a quien se le adjudica que la trascendencia de la humanidad hacia un futuro inclusivo y respetuoso de la dignidad humana requiere de la unificación de esfuerzos en torno al proceder empático; cometido que junto a los parámetros de la no violencia invitan a superar las controversias desde la racionalidad, la participación igualitaria y la potenciación del sentido de cooperación. Además, esto implica disponer los recursos individuales y colectivos en torno a la búsqueda de una coexistencia fundada en la justicia social inclusiva; ideal universalmente reconocido que insta al desarrollo de la capacidad para gestionar con espíritu de respeto y disposición recíproca las diferencias del otro, principios que invitan a la consolidación de un clima de interdependencia que redunde en el alcance de la cohesión social. En conclusión, el mundo posible se entiende como el resultado de la orquestación de esfuerzos institucionales que unidad en relación sinérgica a la voluntad humana, potencie la responsabilidad común de alcanzar el encuentro genuino.

 

Descriptores: paz mundial, acuerdo, no-violencia, convivencia pacífica, resolución de conflictos. (Tesauro UNESCO)

 

ABSTRACT

This essay analyzes the references associated with the construction of a possible world grounded in the ideals of peace proposed by Johan Galtung. For this purpose, a documentary review was carried out with a qualitative approach, with the intention of defining the horizons of a fair, sustainable and peaceful coexistence. The results indicated that, living together in a peaceful and harmonious manner is one of the tangential objectives in the studies of the aforementioned author, who asserts that humanity's transcendence towards an inclusive future that respects human dignity requires the unification of efforts around empathetic action; an objective that, along with the principles of non-violence, invites us to overcome controversies through rationality, equal participation, and the enhancement of a sense of cooperation. Furthermore, this implies mobilizing individual and collective resources towards the pursuit of coexistence founded on inclusive social justice; a universally recognized ideal that urges the development of the capacity to manage differences with a spirit of respect and mutual willingness, principles that encourage the consolidation of a climate of interdependence that results in the achievement of social cohesion. In conclusion, the possible world is understood as the result of the orchestration of institutional efforts that, united in a synergistic relationship with human will, enhance the shared responsibility to achieve genuine encounters

 

Descriptors: world peace, agreement, non-violence, peaceful coexistence, conflict resolution. (UNESCO Thesaurus)

 

 

INTRODUCCIÓN

La paz como valor universalmente reconocido es el resultado de la orquestación de una serie de condiciones, valores y principios que instan a la humanidad a ajustar su proceder actitudinal hacia fines asociados con la dignificación de la existencia en la sociedad global (Morales, 2024c; Salinas, 2023). De allí, que vivir en condiciones armónicas guarde estrecha relación con el ejercicio consciente de la ciudadanía y del civismo, como condiciones que invitan a la humanidad a asumir el camino de la no violencia, desafío mundial que supone apostar por el proceder pacífico (Díez, 2024; Galtung, 2003a).

Estas propuestas ampliamente reconocidas en los aportes de Galtung, constituyen una alternativa no solo vigente sino oportuna que procura delinear los horizontes de un mundo más justo, inclusivo y respetuoso de la diversidad; en el que pensar los conflictos que han distanciado históricamente a la humanidad emerge como el camino para entretejer la construcción de un futuro en el que las viejas rencillas se dejen atrás, ampliando de este modo las oportunidades asociadas con el vivir bien y en paz perpetua.

Desde esta perspectiva, el alcance de la paz duradera y sostenible se entiende como la unificación de esfuerzos comunes y sinérgicos en torno a la resolución de las controversias responsables de la guerra, la confrontación y las vejaciones que ha experimentado la humanidad a nivel global (Galtung, s/f). Estos cometidos como la salida esperanzadora para lograr la edificación del clima de tolerancia dejan por sentada la necesidad de orientar la existencia hacia la búsqueda del entendimiento, como valor trascendental que insta a repensar las relaciones en un intento por hacer las paces con el otro (Sandoval, 2023).

Trascender en esta dirección no es más que la invitación al diálogo fecundo, como el mecanismo desde el cual potenciar el acuerdo que reitere el compromiso de la humanidad con la defensa de los más elevados principios universales, a través de los cuales hilvanar las condiciones propias del futuro pacífico; este énfasis en el uso del diálogo en términos simétricos lo caracteriza Galtung como el antídoto frente a la irracionalidad que amenaza con reducir la dignidad humana.

Por ende, convivir en paz debe asumirse como el ideal esperanzador desde el que se concibe la existencia futura, pues dentro de sus cometidos se encuentra involucrado la actuación humana en el marco de la no violencia que junto a la capacidad de acuerdo intersubjetivo potencian la voluntad de organizar nuevas relaciones entre individuos con cosmovisiones diversas sobre el mundo.

Entonces, el acercamiento de la humanidad en términos simétricos se entiende en Galtung como una alternativa no solo oportuna para el alcance de acuerdos de convivialidad (Ruíz y Pérez, 2021), sino como la fuerza revitalizadora de los lazos que cohesionan esfuerzos necesarios para que redunden en el intercambio racional y amistoso desde el cual edificar las condiciones sobre las cuales se cimentará el proyecto común del que depende la trascendencia de la humanidad: Vivir juntos y armonía.

Cumplir estos cometidos implica formar ciudadanos comprometidos con la edificación de la vida pacífica, en la que el horizonte común involucra la praxis de la paz positiva, así como la disposición plena para transformar los conflictos en oportunidades para estrechar lazos de unidad fraterna (Valdebenito, 2020). En razón de lo expuesto este ensayo se propone analizar los referentes asociados con la construcción del mundo posible cimentado en los ideales de la paz propuestos por Johan Galtung.

 

DESARROLLO

Johan Galtung-Hacia la construcción del mundo posible cimentado sobre los ideales de la paz

La paz duradera y la construcción de un mundo posible se precisan en Galtung como ejes transversales en función de los cuales lograr la trascendencia humana digna. De allí, que se le adjudique al autor la posición de uno de los más emblemáticos defensores del vivir en armonía a través de la reconciliación, la reconstrucción y la resolución de conflictos; procesos que implican no solo gestionar la diferencias desde una posición racional, sino, además, involucrar al ciudadano en la tarea de asumir la no violencia como el camino hacia necesario para enriquecer la vida en comunidad global.

En estos términos, la idea de convivir en un mundo permeado por el conflicto, las discordias y las confrontaciones suponen según Galtung (2009), una invitación a la comprensión profunda de sus implicaciones históricas, a las cuales se le adjudica no solo un sinnúmero de vejaciones a la dignidad humana, sino la transmisión del odio de generación en generación. Frente a este desafío global, pensar la paz como el proceso catalizador de fines positivos para la humanidad constituye una propuesta enfática a la edificación de lazos de interdependencia, como el antídoto en función del cual estrechar lazos de unidad fraterna.

Motivar estos referentes de la coexistencia humana plena significa a su vez fortalecer la disposición actitudinal para conjugar esfuerzos que cimienten consistentemente el proyecto común de transitar juntos hacia la paz duradera; a la que se concibe como el estado de justicia social inclusiva y permanente, en el que la mediación creativa y el compromiso constructivo reducen toda posibilidad de superposición de la violencia, así como de las injusticias heredadas en las que se precisa la irracionalidad responsable del caos global (Ruíz y Pérez, 2021).

Estos principios garantes de la paz positiva constituyen una invitación global a la gestión de las diferencias desde una postura abiertamente comprometida con la praxis de la bondad, valor que por sus implicaciones no solo da paso a la configuración de condiciones cálidas y acogedoras, sino además, al diálogo fecundo que defina nuevos horizontes mediados por el entendimiento, por el consenso y el respeto (Pérez, 2020).

Orientar la existencia hacia estos cometidos universalmente reconocidos por las agendas globales en materia de paz, confirma la relevancia y pertinencia de los aportes de Galtung, entre los que se precisa la necesidad de instar a la humanidad a adoptar principios como la cooperación y la tolerancia crítica, como actuaciones en función de las cuales edificar los cimientos de una sociedad libre de prejuicios y, por consiguiente, comprometida con la justicia social y la paz duradera (Aarón et al, 2017).

En tal sentido, convivir se entiende como la orquestación de recursos actitudinales que junto a la participación igualitaria no solo hilvanan las condiciones para lograr la verdadera inclusión, sino además, como la fuerza revitalizadora de un nuevo esquema de interacción en el que todos desde el común acuerdo alcancen a desarrollar la capacidad para transformar los conflictos en soluciones que integren los intereses de quienes integran la sociedad.

Visto de este modo, edificar el mundo posible implica superponer el reconocimiento por la dignidad humana como el principio orientador de la coexistencia funcional y plena, en la que cada ciudadano asuma como prioridad resguardar la integridad moral del otro. Alcanzar este objetivo complejo se precisa como el resultado del fortalecimiento del sentido de la corresponsabilidad, cualidad que sugiere, en principio la adherencia a una convivencia en la que los ciudadanos movidos por convicciones éticas y morales luchan por enfrentar las controversias con miras a potenciar la cohesión social (Arango, 2007).

Motivar el proceder ciudadano en esta dirección no es más que el resultado del uso del diálogo fecundo y de la comunicación en términos simétricos, como los mecanismos que entrañan fines específicos como el acuerdo fundamentado en condiciones razonables, justas y respetuosas del bien común. El énfasis en las bondades del diálogo se entiende también como la manera a través de la cual consolidar el consenso, en el que las partes conscientes de su responsabilidad asuman como parte de su quehacer la neutralización de actuaciones al margen del pacifismo.

Estas razones dejan ver a la interacción humana profunda como requerimiento sine qua non en la tarea común de superar la violencia, la discriminación y la exclusión que se da a nivel planetario; enfrentar estos flagelos de la dignidad humana supone estimular el acercamiento profundo e intencional entre sujetos en controversia, a quienes instar a asumir la coexistencia como un cometido común del que depende la interacción funcional en la sociedad global (Morales, 2025). Por ende, la interacción razonada a la que enfáticamente alude Galtung (1998), se entiende como la fuerza reivindicativa del vivir en paz, cometido que exige la construcción de una visión compartida que oriente a la humanidad a actuar desde la compasión y la empatía.

Lo referido debe entenderse como el producto del pensar crítico, proceso que no solo da paso a la comprensión profunda de los rasgos identitarios, de las cosmovisiones y las particularidades que hacen diversos a sujetos y grupos humanos. Este procede consciente entraña como intencionalidad la valoración rigurosa de las actuaciones que pudieran perjudicar a terceros, a las cuales evitar por las repercusiones mediatas o inmediatas.

Según Galtung (2009), la edificación del mundo posible exige insertar a la humanidad en el compromiso de adherirse a principios asociados con la cultura de paz, entre los cuales se dejan ver el ejercicio de la libertad, la praxis de la justicia, la igualdad y la honestidad; en sentido amplio, estos valores universalmente reconocidos deben entenderse como el antídoto en función del cual neutralizar estratégicamente los efectos de intolerancia y la discriminación global que amenazan con imponerse.

Lo referido exige de la ciudadanía el despliegue de actuaciones fundadas en la apertura y la búsqueda sinérgica de la reconciliación, para lo cual se considera imprescindible la tomar partido protagónico en la tarea de asumir el perdón y la superación del odio enceguecedor de la capacidad de razonamiento; esto con la finalidad de destrabar viejos conflictos, rencillas heredadas y posiciones intransigentes que históricamente han imposibilitado la organización de nuevas relaciones condicionadas por el respeto mutuo.

En consecuencia, movilizar los esfuerzos de la sociedad hacia la construcción del mundo posible exige la educación de un ciudadano cívico, cuyo nivel de conciencia y carácter activo permitan asumir roles importantes dentro de la vida en comunidad, a decir: practica la solidaridad a partir de la comprensión profunda que ayude a vencer actitudes violentas, de intolerancia y exclusión; adoptar la valoración crítica como la competencia que en su relación con la edificación de la paz, permita ampliar las posibilidades de entendimiento real a través de medios pacíficos.

A lo anterior se agrega el fortalecimiento del sentido de unidad fraterna que haga de la sociedad global un contexto en el que se desdibujen las fronteras del prejuicio y, en su lugar, emerja la coexistencia entre pluralismos y cosmovisiones distintas; este cometido refiere implícitamente a la necesidad de promover el diálogo multicultural, proceso que supone no solo conocer las particularidades del otro, sino precisar dentro de éstas posibilidades a través de las cuales justificar el encuentro sostenible que requiere la humanidad para alcanzar su trascendencia (Battistessa, 2018).

En razón de lo expuesto, la construcción del mundo posible debe entenderse como la conjugación de la voluntad humana en torno al manejo coherente de las diferencias, dejando sin efecto las implicaciones derivadas de los enfrentamientos entre sujetos con posiciones disímiles. Esto implica superar las viejas y emergentes contiendas mediante el fortalecimiento de la horizontalidad, en el que la acción comunicativa de paso a la reivindicación de la existencia en condiciones de igualdad y sostenida en el consenso.

Este mundo posible al que refieren los cometidos de la paz constituye una invitación explícita y enfática a adoptar los principios de la democracia, entre los que Galtung deja ver el ejercicio libre de la ciudadanía dentro de los parámetros establecidos en las convenciones y tratados sobre derechos humanos; a lo que se suma el fortalecimiento de la libertad para participar de la vida pública sin restricciones, así como manifestar voluntad a través de la manifestación de su pensamiento.

Esto significa en sentido estricto la recuperación del verdadero sentido de la coexistencia humana, cometido que indefectiblemente para su consolidación funcional y plena requiere la organización de un aparato institucional capaz de responder a las exigencias sociales dentro del marco de la justicia social inclusiva, la equidad y el bien común (Calderón, 2009). Orientar la coexistencia humana en función de estos principios universales se entiende como la alternativa idónea para lograr uno de los ideales del desarrollo humano: el alcance de la paz perpetua, funcional y sostenible.

Según Galtung (1998), operativizar estas cualidades de una paz con enfoque hacia la trascendencia humana libre de actitudes mezquinas e individualistas, implica para el aparato institucional la búsqueda sinérgica de la reconciliación, requerimiento sine qua non en función del cual potenciar la unidad y, edificar los puentes del encuentro profundo sobre los cuales sostener el manejo de las tensiones históricas que han obstaculizado la convivencia real.

Alcanzar estos ideales exige de la ciudadanía la adopción de actitudes de cooperación, en función de las cuales reconstruir lazos rotos, así como superar las viejas fisuras que, como puntos neurálgicos constituyen el inicio de la reconstrucción de nexos de entendimiento; en cuyo contenido se precisa no solo reivindiquen el buen vivir, sino el acuerdo que mediado por valores universales redunden en el manejo racional de las diferencias.

En estos términos, la propuesta de Galtung en torno a la edificación de un futuro prometedor para la humanidad plantea como desafío el establecimiento de un nuevo esquema de relaciones mediadas por el acuerdo, así como por el diálogo significativo que aunado a dirimir las controversias racionalmente redimensione el potencial creativo que requiere la sociedad para articular alianzas en las que se superponga la gestión inteligente de las diferencias (Cely-Fuentes, 2021), así como la superación de las disputas de manera creativa.

Construir el mundo posible se entiende también como el proceso de superponer la justicia y la equidad, como el camino a través del cual idear alternativas que redimensionen el mantenimiento de la paz, para lo cual se considera imprescindible trazar un mapa de acciones humanas que coadyuve, en principio con la realización del potencial humano, requerimiento que por estar estrechamente asociado con la ideación de nuevas estructuras sociales amplíe las oportunidades para reivindicar el desempeño pleno de la individualidad (Cortina, 2021).

 Estos cometidos como parte de la salida esperanzadora que requiere la humanidad en tiempos convulsos suponen asumir como desafío común la búsqueda de la reconciliación, en el que todos los miembros de la sociedad global desplieguen el sentido de cooperación que permita encontrar el camino hacia el pacifismo pleno (Fisas-Armengol, 1998). Este énfasis en la cooperación como condición sine qua non en la tarea plantearía de consolidar la cohesión humana y la recuperación del tejido social, implica potenciar los recursos personales, así como las competencias colectivas que unidas permitan el tratamiento efectivo de las raíces que alimentan los conflictos por los que atraviesa la humanidad (Morales, 2024b). 

Reconstrucción, reconciliación y resolución de conflictos ¿cimientos del mundo posible o acciones en función de las cuales afrontar las guerras y la violencia global?

Encontrarse y encontrar al otro desde la paz, se precisa como la fuerza revitalizadora de la convivialidad digna, respetuosa y funcional que requiere la humanidad para garantizar su trascendencia futura (Morales, 2024a). Por ende, vivir y aprender a vivir implica de la ciudadanía la adopción de la tolerancia activa y la solidaridad crítica, como principios en función de los cuales terminar con el sufrimiento, el odio y el daño que padece la humanidad a nivel global.

Una revisión de los aportes de Galtung (1998), sobre la búsqueda del futuro posible circunscrito a los parámetros de la dignificación humana, requiere sanar las heridas producto de las controversias y confrontaciones históricas, que por haber sido heredadas de generación en generación han redimensionado la insensibilidad, como el sentimiento al que se le adjudica la desaparición de la compasión que debe primar en la construcción de relaciones empáticas y funcionalmente coherentes.

En estos términos, reconstruir escenarios y crear las condiciones dignificantes para la coexistencia humana futura, implica superponer el trato justo, equitativo y horizontal como el requerimiento desde el cual sanar las heridas (García, 2000). Esto significa fortalecer las interacciones sociales que mediadas por la disculpa coadyuve con la tarea compleja restituir el verdadero sentido de la convivencia: la potenciación de la interdependencia (Morales, 2024c).

Entonces, reconstruir los vínculos de compasión y solidaridad entre grupos humanos supone la piedra angular de un nuevo esquema de coexistencia en el que prevalezca el orden pacífico y el sentido de comunidad (Galtung, 1984) pero, además, la edificación de nuevas estructuras sociales en las que el reconocimiento recíproco permita superar las actuaciones xenófobas, intolerantes y excluyentes, como flagelos históricamente responsables de las atrocidades cruentas atravesadas por la humanidad.

En consecuencia, convivir pacífica y armónicamente requiere de la praxis de actitudes asociadas con la negociación, en las que tanto la disposición para el acuerdo condicionado como la fijación de parámetros cimentados sobre la justicia social inclusiva coadyuven en la consolidación de la sociedad global libre de prejuicios (Galtung, 2003c). Trascender en esta dirección exige de la humanidad la construcción de nuevos hábitats, en los que prime la búsqueda sinérgica del vivir en paz, como el cometido que sugiere la reconstrucción de nexos inclusivos en los que prime el trato justo (Barragán et al, 2020).

En palabras de Galtung (1998), la edificación del mundo posible como propósito global debe comenzar por el intento común, enfático y reiterativo de potenciar la configuración de ecosistemas sociales maduros, en cuyos fundamentos se encuentre el respeto por la diversidad, así como el establecimiento de vínculos simbióticos que redunden la recuperación del tejido social. Esto significa adherir a la humanidad al compromiso de pensar en el otro, en el diverso, en el plural, en el diferente con la intencionalidad de garantizar su reconocimiento pleno.

Este énfasis en el pensar lo colectivo supone a su vez fortalecer el proceder democrático, como el requerimiento sine qua non del que depende la actuación en la vida pública en igualdad de condiciones, así como la ampliación de las posibilidades asociadas con la participación en los asuntos de los que depende la construcción de nuevas oportunidades para todos (Calderón, 2009).

Esto como parte de un esfuerzo sobrehumano exige la ruptura con los círculos viciosos que han conducido a la sociedad al caos y a la incertidumbre, para trascender hacia el encuentro que derivado la capacidad común para el diálogo mundial, que ofrezca mayores posibilidades para operar en función de la justicia, la libertad y la solidaridad que le ofrece a la coexistencia los elementos sustanciales desde los cuales consolidarse.

Este diálogo mundial como cometido asociado con la búsqueda de la reconciliación humana planetaria, implica la combinación flexible de actitudes y sentimientos positivos que configuren las circunstancias pacíficas; es decir, la edificación de un nuevo esquema catalizador de cambios que no solo redunden en la democratización de las relaciones entre grupos, como requerimiento para fortalecer la interacción horizontal entre pluralismos y cosmovisiones desde los cuales edificar la infraestructura necesaria para abordar el conflicto o las discrepancias.

Según Galtung (1998), el mundo posible se entiende como un contexto en el que prima la justicia social inclusiva en el que las minorías alcancen a manifestar sus modos de pensamiento particulares, siempre y cuando sus contenidos no involucren una amenaza a la dignidad humana. En estos términos convivir en este nuevo esquema no es más que una invitación a la adopción de los parámetros propios de la cultura de paz, como mecanismos a través de los cuales reculturilizar a la sociedad al ciudadano sobre la importancia del debate libre al que se precisa como el antídoto contra la irracionalidad.

Esto como parte de las alternativas para generar cambios cualitativos en el sistema social, supone la formación de un ciudadano comprometido con la adquisición de conocimientos y destrezas (Morales, 2024b), que eleven el nivel de comprensión empática así como la configuración de una nueva idiosincrasia mundial cuyo entretejido no solo estime la praxis de valores universalmente reconocidos, sino además, el operar dentro los derechos humanos y la democracia que hace posible la coexistencia de puntos de vista disímiles (Galtung, 2009).   

Conducir a la humanidad hacia este nuevo esquema de coexistencia precisa de la unificación de voluntades en torno a la denominada visión compartida, en la que se estimen relejados intereses colectivos y principios comunes que estimule el debate simétrico y el diálogo profundo, como vehículos para transitar hacia la sociedad democrática en la que las partes en situación de conflicto alcancen a escucharse con atenta y mutuamente (Díez, 2024).

Convivir en estas condiciones exige operativizar el diálogo colectivo que le permita a la humanidad trascender hacia el consenso, proceso que se vale del reconocimiento de la multiplicidad de opiniones y posiciones en torno a situaciones controversiales (Rodríguez y Crippa, 2023), a las cuales abordar racionalmente hasta edificar la denominada visión compartida, estado ideal del que depende la construcción la sociedad global del futuro (Morales, 2024b).

Esto significa configurar el clima de participación en términos de igualdad como el antídoto en función del cual definir no solo el mapa del conflicto que involucra a todos, sino la definición de horizontes mediados por el común acuerdo en el que juntos desde corresponsabilidad logren aportar al desarrollo de soluciones oportunas en las que se vean reflejados intereses colectivos (Serrano, González y Martínez, 2023).

Esta atmósfera positiva como la denominada Galtung (1998), se precisa como el resultado no solo de la capacidad para adoptar la interacción profunda entre las partes involucradas en una controversia, sino, además, el despliegue de la capacidad para conducir la discusión hacia fines provechosos en los que se logren legitimar posibles escenarios, posturas comunes y alternativas reales cuya trascendencia redunde en el alcance de la paz (Ramos, 2022).  

 

CONCLUSIONES

Vivir y aprender a convivir constituyen procesos ampliamente reconocidos en los planteamientos de Galtung, entre otras razones por involucrar procesos dinamizadores y enriquecedores del entendimiento humano pleno. Esto como parte del civismo que requiere la sociedad para alcanzar su funcionamiento genuino, implica involucrar al ciudadano en la tarea común de edificar la sociedad global en la que tanto la tolerancia como la solidaridad desarrollen raíces hondas.

Este nuevo esquema de convivialidad propuesto por el autor en cuestión solo puede alcanzar la consolidación real a través de la potenciación del intercambio y de la interacción profunda entre quienes profesan una cosmovisión diversa y un pluralismo disímil. Construir la paz en estas condiciones debe asumirse como un desafío institucional que invita a la humanidad a adopta el acuerdo que no solo le dé término a los círculos viciosos, sino que coadyuve en la tarea de sanar las viejas heridas que permitan la trascendencia hacia el estado de paz en el que todos alcancen la reconciliación mutua.

El mundo posible como ideal reiteradamente propuesto por Galtung, designa a un nuevo esquema de coexistencia en el que la humanidad alcance no solo a entenderse en medio de las divergencias, sino a asumir el desafío de reconocer al otro, a tolerarle sin condicionamientos prejuiciosos y a dialogar en la búsqueda de soluciones conjuntas a los problemas comunes. Esto como parte de la denominada convivencia vehiculizada por el diálogo fecundo se entiende como el pulmón de la anhelada sociedad democrática, en la que el conflicto no solo supone un justificativo para reformular la convivencia, sino de estrechar las distancias entre posiciones contrapuestas que históricamente no han sido gestionadas de manera oportuna.

En estos términos, la construcción del mundo posible fundado en los ideales de la paz involucra el quehacer sinérgico de la humanidad en torno a la búsqueda de la consolidación efectiva del reconocimiento recíproco, como el antídoto en función del cual reducir significativamente los efectos de actitudes excluyentes e intolerantes mediante la reflexión madura, desde la cual edificar los cimientos de una comunidad global comprometida con el trato dignificante que resulte en la reconciliación fraterna. 

Por ende, la búsqueda de puntos de encuentro y la definición de horizontes comunes asociados con la convivialidad humana en el futuro, suponen aristas de un esquema que procura reunir a la humanidad en torno a una idea compartida: vivir en paz y dignamente. Esto significa unificar voluntades que redimensionen la disposición para alcanzar la reconciliación que asegure la aceptación del otro, la construcción de nuevas relaciones fundadas en el respeto y la unidad amistosa que configuren los cimientos de coexistencia sostenible, así como libre de prejuicios.

En síntesis, la edificación del mundo posible según propone Galtung exige practicar principios de ciudadanía como la inclusión, el reconocimiento pleno del otro y la valoración crítica de las pertenencias, como mecanismos a los que se precisan no solo como garantes de la coexistencia pacífica, sino el redimensionamiento de la disposición de la humanidad para asumir como tarea común la transformación de los conflictos en oportunidades que reivindiquen el trato empático, justo e incluyente.

 

Conflicto de interés

Los autores no tienen conflictos de interés

 

Financiación

Este proyecto no contó con ninguna fuente de financiación

 

Responsabilidades Éticas

El proyecto fue aprobado por el comité de ética de la institución.

 

REFERENCIAS

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