Artículo de Investigación                 DOI: https://doi.org/10.61154/holopraxis.v10i2.4809

 

Educación superior y desarrollo endógeno: análisis de asimetrías territoriales en el Putumayo

 

Higher Education and Endogenous Development: An Analysis of Territorial Asymmetries in Putumayo

 

Pedro Pablo Burbanoa

 

a Fundación PAS ING-NOVAR S.A.S; IDEHAS; AGORA-YACO, Sibundoy. Putumayo, Colombia. Email: innovayaco@gmail.com, Orcid: https://orcid.org/0000-0002-4441-2002

 

RESUMEN

Este estudio midió estadísticamente el ingreso inmediato a la educación superior de los 13 municipios del departamento del Putumayo para descifrar cómo afectó esto al desarrollo territorial. El diseño fue cuantitativo, de tipo no experimental y cubrió a toda la población (N=13) y utilizó los microdatos que el Sistema Nacional de Información de la Educación Superior (SNIES, 2025). Para poner en números la ventaja que da la geografía frente a las ciudades y la capital del país, se aplicaron pruebas de tendencia central, matrices de Odds Ratio (OR), Coeficiente de Variación (CV) y el test de normalidad de Shapiro-Wilk. Los primeros datos revelaron un panorama muy desigual entre municipios: el CV fue del 30,65%, reflejo directo de la inequidad en la región. También, la prueba de Shapiro-Wilk ratificó un ajuste gaussino excelente (p = 0,9955), lo que significó que los datos encajaron positivamente con la distribución normal; esto demostró que quedarse fuera del sistema educativo no es un hecho aislado o por suerte, sino un problema estructural que se puede predecir. Al revisar las probabilidades (matrices OR), la desigualdad centralista o macrocefalia cognitiva se hizo evidente: terminar el bachillerato en Mocoa da una ventaja que supera en más de cinco veces a la de un joven en Santiago (OR = 5,45), mientras que la dinámica de Bogotá dejó rezagado al promedio del Putumayo (OR = 2,32). El estudio evidenció que la disrupción educativa erosiona tanto el talento urbano como rural, estancando la economía local y perpetuando pobreza multidimensional estructural.

Descriptores: Educación superior; acceso a la educación; análisis de datos. (Tesauro UNESCO)

 

ABSTRACT

This study statistically measured the immediate transition to higher education across the 13 municipalities (2024) of the department of Putumayo to decipher its systemic impact on territorial development. The research design was quantitative and non-experimental, encompassing the entire census population (N=13) and utilizing microdata from the National Higher Education Information System (SNIES, 2025). To quantify the geographical advantage over regional urban centers and the national capital, measures of central tendency, Odds Ratio (OR) matrices, the Coefficient of Variation (CV), and the Shapiro-Wilk normality test were applied. Preliminary data reveal a highly unequal landscape among municipalities: the CV reached 30.65%, which is a direct reflection of regional inequity. Furthermore, the Shapiro-Wilk test confirmed an excellent Gaussian fit (p = 0.9955), indicating that the empirical data closely align with a normal distribution; this demonstrates that exclusion from the educational system is neither an isolated occurrence nor a matter of chance, but rather a predictable, structural phenomenon. Upon examining the probabilities via OR matrices, centralist inequality or cognitive macrocephaly becomes glaringly evident: graduating from high school in Mocoa provides an inclusion advantage more than five times higher than that of a youth in Santiago (OR = 5.45), while the socioeconomic dynamics of Bogotá leave the aggregate average of Putumayo deeply lagging behind (OR= 2.32). Ultimately, the study demonstrates that educational disruption erodes both urban and rural talent, thereby stagnating the local economy and perpetuating structural multidimensional poverty.

Descriptors: Higher education; access to education; data analysis. (UNESCO Thesaurus)

 

Recibido: 8 de marzo de 2026

Aprobado: 29 de junio de 2026

 

INTRODUCCIÓN

El desarrollo endógeno como paradigma territorial: Capital humano como motor autónomo de las cadenas de valor locales

En las últimas décadas, el debate sobre el desarrollo económico y social ha transitado desde modelos exógenos y centralizados —altamente dependientes de la inversión extranjera directa y de las transferencias verticales del Estado— hacia enfoques de corte territorial y endógeno. Conforme a los postulados fundamentales de Vázquez Barquero (2007), el desarrollo endógeno se define como un proceso de crecimiento económico y cambio estructural que es liderado y gestionado por las propias comunidades locales, utilizando su potencial latente, sus recursos específicos y sus capacidades organizativas para mejorar el bienestar de la población. Desde esta perspectiva, la acumulación de capital no se limita a la dimensión puramente física o financiera; por el contrario, el tejido institucional, la capacidad innovadora y, de manera sustancial, el capital humano e intelectual constituyen los vectores reales que determinan la senda de transformación de un territorio. Así, el desarrollo no se asume como un fenómeno que se implanta desde el exterior, sino como una propiedad emergente de las sinergias internas del sistema local.

Complementando esta visión, Sergio Boisier (2001) introduce el concepto de la "región cognitiva", argumentando que el desarrollo territorial contemporáneo depende intrínsecamente de la capacidad colectiva para procesar información, generar conocimiento abstracto y transformarlo en innovaciones aplicadas a las dinámicas productivas locales. Para Boisier (2001), el capital humano no representa un simple factor de producción acumulable dentro de una función macroeconómica tradicional, sino el dinamizador de la subjetividad social, la identidad y el tejido relacional que hacen posible la gobernanza territorial. Bajo este enfoque, el conocimiento arraigado en los actores locales es el único recurso capaz de dotar de autonomía a las cadenas de valor de la periferia. Cuando un territorio carece de una masa crítica de profesionales y técnicos cualificados, se ve irreversiblemente condenado a integrarse de manera subordinada en los mercados globales, limitándose a la extracción primaria de recursos naturales sin valor agregado y perpetuando ciclos de dependencia estructural que estrangulan el crecimiento endógeno.

De este modo, el capital humano actúa como el motor autónomo de las vocaciones productivas de una región. La diversificación de la matriz económica, la sofisticación de los procesos agroindustriales, la gestión ambiental sostenible y la implementación de sistemas energéticos alternativos —así como la formulación de proyectos de base tecnológica— demandan capacidades cognitivas complejas que solo pueden consolidarse mediante un sistema educativo local robusto y conectado con su entorno. Siguiendo la línea conceptual de Vázquez Barquero (2007) y Boisier (2001), el anclaje territorial del conocimiento especializado es la precondición indispensable para que los excedentes económicos generados en las cadenas productivas locales no se evaporen mediante procesos de fuga de rentas o migración forzada, sino que se reinviertan en el fortalecimiento institucional y social del propio territorio.

La pertinencia educativa y la paradoja de la exclusión

Incrementar la cobertura en básica y media resulta insuficiente para detonar el progreso de una región si el modelo educativo opera desconectado de la realidad socioeconómica local. En este sentido, el análisis de Morales et al. (2008) resulta clave al señalar que la eficiencia y calidad de un sistema escolar se ponen a prueba en sus momentos de transición a la universidad; es ahí donde los baches en el flujo de estudiantes provocan las mayores fracturas en la equidad social. Cuando un joven termina el bachillerato y halla un desierto de opciones para continuar su formación, ocurre un vaciamiento de las capacidades humanas. Este freno en el acceso a la universidad actúa como un cuello de botella social que echa a perder las inversiones públicas y pedagógicas previas, cerrando los caminos de movilidad y empujando a las nuevas generaciones y promociones de egresados hacia el empleo informal o la inactividad económica.

Esta problemática coincide con lo que García (2024) y Burbano (2021 y 2025) tipifican como trampas de equidad en la educación periférica. De acuerdo con este autor, diseñar estrategias nacionales uniformes termina por invisibilizar las brechas geográficas históricas. Esto genera un espejismo de cobertura basado únicamente en cuántos jóvenes terminan la secundaria, el cual se desmorona cuando se examina cuántos logran ingresar realmente a programas técnicos, tecnológicos o profesionales en las zonas más apartadas del país. La paradoja de la exclusión radica en que, si un territorio marginado incrementa su número de bachilleres sin abrir de forma simultánea opciones universitarias accesibles y conectadas con el entorno, la presión sobre el mercado de trabajo local aumenta, alimentando el descontento de la juventud. Así, la escuela deja de ser una palanca de movilidad para convertirse, de forma contradictoria, en un filtro geográfico que discrimina y excluye.

A este debate, Aguirre y Herrera (2025), lo mismo que Burbano et al. (2024), añaden una perspectiva crítica al cruzar el bache de la transición formativa con el diseño curricular y los sistemas productivos de cada subregión. Sus hallazgos advierten que los planes de estudio homogéneos desconectan al alumnado de su territorio, pues desarrollan habilidades pensadas para metrópolis urbanas que ignoran la vocación agrícola, biológica o energética de sus propios municipios. Esto provoca un doble daño: los pocos estudiantes que logran vencer los obstáculos y migran para ir a la universidad casi nunca vuelven a sus comunidades, lo que consolida una fuga de talentos que debilita el tejido técnico y social de la región. En esta misma línea, Quito et al. (2021) sostienen que la falta de puentes entre la educación media y el nivel superior representa uno de los obstáculos más severos para reducir la pobreza multidimensional en ruralidad dispersa, dado que impide la modernización de los sectores productivos a partir del conocimiento propio, frenando en seco las fuerzas motoras del desarrollo local.

Antecedentes y contextualización regional: Las brechas históricas en las periferias colombianas

La organización espacial del Estado colombiano se ha caracterizado históricamente por un modelo centro-periferia marcadamente macrocefálico, donde las principales aglomeraciones urbanas andinas concentran la infraestructura física, la diversificación industrial y los centros de excelencia académica, relegando a las regiones de frontera y de transición amazónica a roles de subordinación económica y marginalidad institucional. En este concierto de iniquidades, el departamento del Putumayo sobresale como un escenario paradigmático de vulnerabilidad estructural y asimetrías socioterritoriales. Geográficamente fragmentado y marcado por una historia de economías de enclave —que van desde la explotación cauchera y petrolera hasta los ciclos de cultivos de uso ilícito—, el Putumayo ha experimentado una institucionalidad intermitente que se refleja con nitidez en las profundas deficiencias de su sector social y, de manera específica, en su infraestructura educativa.

A pesar de los avances normativos orientados a la descentralización a partir de la Constitución de 1991, el acceso a la educación superior en el Putumayo sigue arrastrando un rezago histórico con respecto a los promedios del orden nacional. Las dinámicas internas del departamento exhiben una marcada heterogeneidad espacial que divide el territorio en subregiones con niveles de conectividad, desarrollo institucional y presencia de oferta académica radicalmente diferenciados. Mientras que municipios de la zona central y del piedemonte como Mocoa y Puerto Asís logran articular una incipiente red de nodos universitarios y de educación para el trabajo, las localidades de la periferia subregional —particularmente aquellas ubicadas en las zonas de llanura amazónica o de frontera como Leguízamo, Puerto Guzmán, San Miguel o el Alto Putumayo como Santiago— se encuentran sumidas en un aislamiento geográfico y funcional que constriñe gravemente las oportunidades de sus egresados. Analizar la tasa de tránsito inmediato a la educación superior en este departamento exige, por lo tanto, abandonar la mirada homogeneizadora de las medias departamentales para adentrarse en la disección estadística de sus asimetrías internas, entendiendo que cada punto porcentual de deserción en la transición representa una pérdida irreparable de capital social para el desarrollo endógeno de estas comunidades amazónicas.

Justificación, objetivos e hipótesis

El Putumayo necesita, de forma prioritaria, datos estadísticos sólidos que permitan estructurar políticas públicas reales de equidad escolar. La literatura cualitativa ya ha descrito de sobra las carencias institucionales de la región; sin embargo, la modelación matemática de las brechas de acceso universitario entre sus municipios seguía siendo un terreno inexplorado. Al procesar las cifras censales del Ministerio de Educación Nacional mediante indicadores de disparidad probabilística —específicamente la Razón de Probabilidades y las Odds Ratio—, este estudio va más allá de la estadística descriptiva tradicional para ofrecer un modelo con capacidad de predicción. Con esto se logra demostrar matemáticamente cómo la distribución geográfica de las instituciones de educación superior genera un sesgo que anula el mérito de los estudiantes y destruye el potencial de desarrollo local en las subregiones más aisladas del territorio putumayense.

Nuestra hipótesis de trabajo plantea que el tránsito hacia la universidad en el Putumayo arrastra una dispersión profunda y una desigualdad tan marcada que termina por romper la equidad territorial indispensable para el crecimiento. Para comprobarlo, el objetivo principal se centró en evaluar estadísticamente, con datos de 2024, las distancias en el acceso directo a la educación superior en los trece municipios del departamento, analizando su impacto en el mapa regional. El diseño metodológico para resolver esta meta implicó estimar los niveles exactos de heterogeneidad interna calculando las medidas de tendencia central, así como la dispersión absoluta y relativa mediante el Coeficiente de Variación de las tasas de tránsito municipal o local. Además, se aplicaron pruebas de normalidad para confrontar estos datos con el modelo de Gauss, validando si el rezago educativo responde a una dinámica sistémica y organizada de exclusión.

Para complementar este discurrir metodológico, el análisis estimó las ventajas comparativas de ingreso por medio de la Odds Ratio, tomando como eje de referencia el comportamiento de Bogotá D.C. a nivel nacional. Este indicador estadístico permitió cruzar y contrastar las realidades de Mocoa, que opera como polo de desarrollo regional, frente al panorama de localidades periféricas como Leguízamo o Sibundoy. A través de este cruce de variables cuantitativas, la investigación aporta pruebas empíricas contundentes sobre cómo las distancias geográficas condicionan las trayectorias de los bachilleres, limitando drásticamente la acumulación de conocimiento y capacidades intelectuales propias dentro del departamento.

 

MÉTODOS

Diseño, enfoque y alcance de la investigación

La presente investigación se inscribió dentro del paradigma empírico-analítico, adoptando un enfoque cuantitativo de alcance descriptivo, comparativo e inferencial. Conforme a los postulados teóricos de Creswell y Creswell (2018), el enfoque cuantitativo resultó idóneo para este estudio puesto que apeló a la recolección y análisis de datos numéricos para contrastar hipótesis previamente establecidas, confiando en la medición estandarizada y el uso de la estadística para identificar patrones de comportamiento grupal dentro de una población.

El diseño metodológico es de carácter no experimental, transeccional y retrospectivo. Siguiendo la taxonomía de Hernández-Sampieri y Mendoza (2018), se categorizó como no experimental debido a que no existe una manipulación deliberada ni control directo sobre las variables independientes; los fenómenos socioeducativos se observaron en su contexto natural ex post facto para su posterior examen. Es transeccional por cuanto la recolección de los datos analíticos se circunscribe a un punto único en el tiempo —el año institucional 2024—, permitiendo describir variables y analizar sus incidencias e interrelaciones en un momento dado sin evaluar su evolución temporal (Hernández-Sampieri y Mendoza, 2018).

El alcance del estudio es de naturaleza censal subregional. La investigación desborda el muestreo probabilístico clásico al capturar la totalidad de las unidades político-administrativas que componen la división territorial del departamento del Putumayo (N = 13 municipios). Esta decisión metodológica elimina de raíz el error de muestreo y el sesgo de selección, dotando a los estimadores paramétricos de una validez y precisión absolutas para la planificación del desarrollo endógeno regional.

El corpus de información se estructuró a partir de los microdatos del Sistema Nacional de Información de la Educación Superior (SNIES) del Ministerio de Educación Nacional de Colombia, con corte institucional al año 2024. La unidad de análisis quedó constituida por los trece (13) municipios del departamento del Putumayo: Mocoa, Colón, Orito, Puerto Asís, Puerto Caicedo, Puerto Guzmán, Leguízamo, Sibundoy, San Francisco, San Miguel, Santiago, Valle del Guamuez y Villagarzón. Como unidades de contraste macro-territorial (benchmarks de referencia), se incluyeron los agregados institucionales correspondientes al total departamental del Putumayo, el distrito capital de Bogotá y el consolidado nacional de Colombia.

Formalización matemática de los indicadores descriptivos y de dispersión

El análisis inicia con la selección de métricas de tendencia central junto a la dispersión absoluta y relativa, herramientas necesarias para ordenar y describir los datos recolectados. De acuerdo con Triola (2018), este tipo de medidas resultan claves porque permiten resumir todo un volumen de información en un único dato representativo que ubica el eje o núcleo de la distribución. Se calculó la media aritmética municipal () como el promedio simple de las tasas de las trece unidades territoriales, y la mediana como la puntuación posicional que divide la distribución exactamente en dos partes simétricas. Incluir la mediana de forma simultánea sigue el consejo de Hair et al. (2019), quienes explican que esta métrica no se deja alterar por valores extremos o atípicos (outliers, como ocurre con Mocoa o Santiago), lo que impide que se deforme la lectura del comportamiento real en el departamento.

Sin embargo, quedarse solo con el promedio o el centro de los datos no basta si el objetivo es medir la equidad social. Glass y Stanley (1986) recuerdan que dos regiones pueden registrar exactamente la misma media y, al mismo tiempo, esconder realidades de variabilidad interna y dispersión totalmente opuestas. Para capturar la dispersión absoluta, se calculó el rango y la desviación estándar muestral (s), cuya varianza condicional corregida por los grados de libertad (N-1) se formaliza mediante la siguiente ecuación de la estadística:

Donde representa la tasa de tránsito inmediato del municipio i,  es la media de las tasas municipales, y N representa el tamaño censal (N=13).

La verdadera fortaleza metodológica de este apartado está en integrar el Coeficiente de Variación (CV) como el indicador central para descubrir las desigualdades en la distribución interna. Autores como Hair et al. (2019) y Triola (2018) advierten que métricas de dispersión absoluta como la desviación estándar dependen directamente de la escala y el tamaño de los datos; por eso, no permiten comparar de forma directa a comunidades con poblaciones muy diferentes (como pasa al contrastar el volumen de graduados de Mocoa con el de Santiago). El CV resuelve este impase al operar como una medida pura de dispersión relativa, normalizando la desviación estándar en función de la media aritmética y expresándose en términos porcentuales:

x100

 

Bajo el marco de la estadística aplicada a las ciencias sociales, un CV que se sitúa por debajo del 15% denota una población homogénea; un valor entre el 15% y el 25% refleja una dispersión moderada; mientras que un registro que supera el umbral crítico del 25% clasifica formalmente a la distribución como altamente heterogénea y desigual (Glass y Stanley, 1986). En esta investigación, el CV es asumido conceptualmente como el indicador de la fractura de la cohesión territorial: a mayor coeficiente, menor es la equidad en la distribución de las capacidades cognitivas necesarias para el desarrollo endógeno.

Fundamentación matemática de la normalidad: el test de Shapiro-Wilk

La aplicación de modelos de inferencia estadística paramétrica exige, como condición sine qua non, la verificación del supuesto de normalidad en la distribución de la variable dependiente. En el contexto del análisis regional de las tasas de tránsito inmediato a la educación superior en los trece municipios del Putumayo (N = 13), la validación de este supuesto es crítica: dictamina si las asimetrías observadas responden a un patrón sistémico y predecible o a anomalías caóticas distribuidas al azar.

Para muestras pequeñas o moderadas (N < 50), la literatura especializada demuestra que la prueba clásica de Kolmogorov-Smirnov carece de la potencia estadística suficiente, tendiendo a cometer errores de Tipo II (no rechazar la hipótesis nula de normalidad cuando esta es falsa). En su lugar, atendiendo a los criterios metodológicos de Razali y Wah (2011), se seleccionó el test de Shapiro-Wilk, catalogado formalmente como el estimador más robusto y sensible para detectar desviaciones de la Campana de Gauss en diseños de investigación censales con un número reducido de unidades de observación.

El estadístico de prueba, denotado como W, se fundamenta en la premisa de que, si una muestra proviene de una población normal, los estadísticos de orden muestrales mantendrán una correlación lineal óptima con los valores esperados de dichos estadísticos bajo una distribución normal estándar. Matemáticamente, el estadístico W se formaliza mediante la siguiente estructura algorítmica:

 

 

El funcionamiento interno y los componentes de esta ecuación se desglosan de la siguiente manera:

El denominador : representa la suma total de cuadrados (STC) de la muestra, es decir, la variabilidad absoluta corregida por la media aritmética de las tasas municipales . El numerador: constituye el cuadrado de una combinación lineal de los estadísticos de orden de la muestra.

Los términos   y   :  Indican los valores observados de las tasas de tránsito organizados estrictamente en un vector de orden ascendente, donde   es el municipio con el desempeño más bajo (Santiago: 12,86%) y     corresponde al de mayor rendimiento (Mocoa: 44,57%). La operación realiza una sustracción simétrica entre los extremos de la distribución (el valor máximo menos el mínimo, el penúltimo menos el segundo, y así sucesivamente hasta el punto medio m = N/2).   

Los coeficientes : son pesos estadísticos ponderados calculados a partir de las medias, varianzas y covarianzas de los estadísticos de orden de una población normal estándar de tamaño N. Estos vectores de pesos actúan como el patrón de medida de la Campana de Gauss teórica; alinean la distancia de los datos empíricos del Putumayo con la curvatura perfecta de una distribución normal teórica.

El valor matemático del estadístico W se encuentra acotado estrictamente entre los límites numéricos de cero y uno (0  W  1). Un resultado de W = 1 denota un ajuste perfecto y absoluto a la Campana de Gauss, donde la simetría y la curtosis observadas mimetizan la densidad de probabilidad de la normalidad teórica.

Para dotar de rigor la toma de decisiones, la formulación estadística de las hipótesis se define con precisión de la siguiente manera:

Hipótesis Nula (Ho): F(y) = Fo(y) donde Fo(y) N(,). La distribución empírica de las tasas de tránsito inmediato a la educación superior en los municipios del Putumayo proviene de una población parental con distribución normal. En términos matemáticos directos, no existen diferencias significativas entre la forma de la curva de los datos regionales y la Campana de Gauss teórica.

Hipótesis Alternativa (): F(y)  (y). La distribución empírica de las tasas de tránsito inmediato de los municipios del Putumayo no proviene de una población con distribución normal. Los datos exhiben sesgos asimétricos o deformaciones de curtosis lo suficientemente severas como para romper la estabilidad analítica del modelo gaussiano

Como criterio estandarizado de validación, la regla de decisión se ejecuta mediante el contraste del valor de probabilidad condicional (p-value) derivado del estadístico W frente a un nivel de significancia alfa prefijado en = 0,05. Conforme al postulado original de Shapiro y Wilk (1965), si el p- value  , no existe evidencia estadística suficiente para rechazar la hipótesis nula, concluyendo con un nivel de confianza del 95% que la serie de datos se ajusta a una normalidad gaussiana, blindando matemáticamente la consistencia y la reproducibilidad técnica de las estimaciones analíticas posteriores.

Modelación inferencial de disparidades socioterritoriales: matrices de Odds Ratio

Para objetivar la magnitud de la exclusión y la inequidad geográfica en el acceso al sistema educativo, se transformaron las frecuencias absolutas de bachilleres y matriculados en un modelo de análisis probabilístico basado en tablas de contingencia de 2x2. Se estimó la Razón de Probabilidades (RP), o Riesgo Relativo, y la Odds Ratio (OR), conocida formalmente como Razón de Momios o Razón de Ventajas. De acuerdo con los planteamientos de Agresti (2018), la OR constituye la métrica fundamental para evaluar la asociación en tablas de contingencia bidimensionales, poseyendo la propiedad matemática de simetría y de invarianza ante el tipo de muestreo (filas o columnas), lo que la vuelve idónea para diseños de investigación retrospectivos y observacionales donde se busca cuantificar la disparidad entre grupos expuestos a distintas condiciones del entorno.

En este artículo, la Odds Ratio se asume como el indicador inferencial de la "ventaja condicional geográfica". Para dos territorios en comparación —un nodo de referencia o eje central (A) frente a una periferia subregional (B)—, la matriz se estructura en función de los éxitos (estudiantes que logran el tránsito inmediato a la educación superior, E) y los no-éxitos (estudiantes que quedan excluidos del flujo formativo inmediato, NE):

 

 

Donde  representa el volumen total de bachilleres graduados en el año 2022 y  corresponde a los egresados que efectivamente ingresaron a la educación superior en el año 2023. A partir de estas ventajas individuales, la Odds Ratio (OR) se formaliza algebraicamente como el cociente de los momios de ambos entornos territoriales:

 

Conforme a la regla de interpretación econométrica de Agresti (2018), el valor nulo de no-asociación se sitúa en OR = 1, lo que indicaría que las oportunidades de inclusión formativa son perfectamente simétricas e independientes del municipio de origen. Un resultado de OR > 1 denota que los estudiantes del territorio A gozan de una ventaja comparativa condicional frente a los del territorio B, permitiendo cuantificar con precisión matemática cuántas veces es más probable la inserción institucional en el centro respecto a la periferia.

Este modelo se implementó para contrastar de forma interna el eje central del departamento (Mocoa) frente a los diferentes entornos subregionales (Leguízamo, Sibundoy, Valle del Guamuez y Santiago, entre otros), así como para medir la brecha de escala macro-nacional inter-territorial al confrontar de manera simultánea el distrito Capital de Bogotá frente al consolidado del departamento del Putumayo.

 

RESULTADOS

Análisis descriptivo de las asimetrías de tránsito a nivel municipal

La tabla 1 facilita la consolidación, depuración y ordenación descendente de los datos censales del SNIES y arroja una radiografía de profunda asimetría espacial interna en el departamento del Putumayo. La masa crítica de bachilleres y la consecuente absorción por el sistema de educación superior se concentra de manera macrocefálica en dos nodos específicos, Mocoa y Puerto Asís, dejando a la periferia en condiciones de severa vulnerabilidad formativa.

Al evaluar los estadígrafos descriptivos de las tasas de las trece unidades territoriales, se observa que la media aritmética municipal se ubica en un 28,80%. Es crucial denotar que este promedio simple difiere del promedio ponderado departamental (32,03%), un sesgo estadístico ocasionado por el peso poblacional que ejercen Mocoa y Puerto Asís, los cuales aportan de manera conjunta el 44,7% de toda la matrícula de educación superior del departamento (487 de los 1.088 estudiantes reportados). La mediana se posiciona en el 28,27%, teniendo a Sibundoy como el punto de inflexión exacto de la distribución. El rango absoluto revela la magnitud de la brecha territorial: existe una distancia de 31,71 puntos porcentuales entre Mocoa (máximo desempeño con 44,57%) y Santiago (mínimo desempeño con un alarmante 12,86%).

 

Tabla 1.

Matriz analítica ordenada del tránsito inmediato a la educación superior en el Putumayo (2024)

Puesto

Municipio

Bachilleres Graduados 2022 (X1​)

Ingresaron a Ed. Superior 2023 (X2​)

Tasa de Tránsito Inmediato (Y)

1

Mocoa

608

271

44,57%

2

Puerto Asís

540

216

40,00%

3

San Francisco

53

19

35,85%

4

Colón

62

21

33,87%

5

Villagarzón

274

92

33,58%

6

Orito

457

130

28,45%

7

Sibundoy

283

80

28,27%

8

Puerto Caicedo

114

32

28,07%

9

Valle del Guamuez

430

112

26,05%

10

Leguízamo

165

40

24,24%

11

San Miguel

216

42

19,44%

12

Puerto Guzmán

125

24

19,20%

13

Santiago

70

9

12,86%

-

Total Putumayo (Ponderado)

3.397

1.088

32,03%

Nota: Elaboración propia a partir de SNIES (2024)

 

 

Evaluación de la dispersión relativa mediante el Coeficiente de Variación

El cálculo de la desviación estándar muestral arrojó un valor de s = 8,83%. Al ponderar esta variabilidad con respecto a la media de la distribución municipal, el Coeficiente de Variación (CV) resultante es del 30,65%.

En la ciencia estadística, un CV que supera el umbral crítico del 25%, según (Glass y Stanley, 1986), clasifica formalmente a la población como una distribución con alta heterogeneidad. Este hallazgo matemático posee un hondo significado político y territorial: demuestra que el indicador promedio departamental es una abstracción estadística inoperante para el diseño de políticas públicas, dado que la dispersión interna es tan elevada que el territorio se encuentra fragmentado en términos de oportunidades de desarrollo endógeno. El Putumayo no se comporta como una unidad cohesionada, sino como un archipiélago de desigualdades donde la geografía condiciona el destino educativo.

Contraste de bondad de ajuste a la Campana de Gauss

Al someter la serie empírica de las tasas municipales al test de normalidad de Shapiro-Wilk con el fin de verificar su alineación con la Campana de Gauss, el procesamiento matemático arrojó los siguientes valores: Estadístico W = 0,9835 y valor p = 0,9955

Puesto que el valor p (0,9955) es ostensiblemente superior al nivel de significancia establecido (  = 0,05), se acepta formalmente la hipótesis nula (Ho). Por ende, se ratifica de manera concluyente que la distribución de las tasas de tránsito inmediato de los municipios del Putumayo se ajusta a una normalidad gaussiana excelente.

Este resultado inferencial demuestra que las asimetrías del territorio no obedecen a anomalías caóticas, aleatorias o excepcionales. Al alinearse perfectamente con la Campana de Gauss, la exclusión educativa se devela como un fenómeno estructural, sistémico y predecible dentro del modelo de distribución institucional del Estado. La "normalidad" estadística de la desigualdad valida, a su vez, la robustez de los modelos probabilísticos paramétricos aplicados a continuación.

Para fundamentar científicamente el comportamiento de la exclusión y la centralización educativa, se ubicaron los datos empíricos dentro de la Campana de Gauss (Distribución Normal). En este modelo, la media del Putumayo (μ=28,80%) actúa como el eje de simetría (el centro de la campana) y la desviación estándar (σ=8,83%) determina la amplitud y los umbrales de dispersión. Para situar con precisión matemática a cada territorio en la curva, se calculó su Puntaje Z (distancia en desviaciones estándar respecto al centro) y su Percentil (porcentaje de municipios teóricos que quedan por debajo de ese nivel de acceso).

Para ello la tabla 2 indica los diferentes valores encontrados del Putumayo y Bogotá. A partir de esta tabla 2, por ejemplo, se puede contrastar Mocoa con Puerto Asís. Este análisis evalúa la distancia en desviaciones estándar (σ) entre la capital del departamento y los distintos nodos subregionales para medir la fractura interna del capital humano. Mocoa (Z=+1,79) versus Puerto Asís (Z=+1,27), distancia estadística: 0,52σ a favor de Mocoa. Esto significa que, si bien ambos municipios se ubican sólidamente en la cola derecha de la campana, superando ampliamente el promedio regional, representan los dos polos macrocefálicos del Putumayo. Mocoa se sitúa en el percentil 96,3% y Puerto Asís en el 89,8%. La distancia entre ambos es corta (apenas media desviación estándar), lo que demuestra que, a pesar de la rivalidad comercial, comparten una condición similar como los únicos entornos con una infraestructura institucional capaz de retener y proyectar el tránsito formativo de sus bachilleres.

 

 

 

 

 

 

 

 

Tabla 2.

Matriz de Posicionamiento en la Campana de Gauss

Territorio

Tasa de Tránsito (Yi​)

Puntaje Z (Desviaciones)

Percentil en la Curva

Zona de la Campana

Bogotá D.C.

52,22%

+2,65

99,6%

Extremo Derecho (Outlier de Éxito)

Mocoa

44,57%

+1,79

96,3%

Cola Derecha (Alto Desempeño)

Puerto Asís

40,00%

+1,27

89,8%

Cola Derecha (Alto Desempeño)

San Francisco

35,85%

+0,80

78,8%

Pendiente Derecha (Desempeño Medio-Alto)

Sibundoy

28,27%

−0,06

47,6%

Centro de la Campana (Punto de Equilibrio)

Leguízamo

24,24%

−0,52

30,3%

Pendiente Izquierda (Desempeño Medio-Bajo)

San Miguel

19,44%

−1,06

14,5%

Cola Izquierda (Rezago Estructural)

Puerto Guzmán

19,20%

−1,06

14,5%

Cola Izquierda (Rezago Estructural)

Santiago

12,86%

−1,81

3,6%

Extremo Izquierdo (Exclusión Crítica)

Nota: Elaboración propia a partir de SNIES (2024).

 

Ahora bien, si se compara Mocoa (Z=+1,79) versus San Miguel (Z=−1,06), la distancia estadística: 2,85σ a favor de Mocoa. Indicando que este contraste muestra una polarización extrema, pues mientras Mocoa corona la cima del éxito relativo del departamento, San Miguel cae profundamente en la cola izquierda de la curva (percentil 14,5%). Una distancia cercana a las 3 desviaciones estándar denota que un bachiller de San Miguel habita una realidad estadística completamente desconectada de la capital mocoana. El sistema de educación superior del centro no genera ningún efecto de arrastre sobre este municipio fronterizo, dejándolo en un rezago estructural.

De igual forma, si se compara Mocoa (Z=+1,79) versus Sibundoy (Z=−0,06), la distancia estadística: 1,85σ a favor de Mocoa. Es decir, Sibundoy representa el "equilibrio" del departamento; su puntaje Z está prácticamente pegado a cero (Percentil 47,6%), lo que significa que se comporta exactamente como dicta la norma o el promedio del territorio. Sin embargo, la distancia con Mocoa sigue siendo contundente (casi dos desviaciones estándar). Esto demuestra que incluso el punto medio del Putumayo se encuentra relegado frente al nodo central, evidenciando que el acceso no se distribuye de forma equitativa ni siquiera en subregiones con dinámicas culturales e institucionales estables como el Valle de Sibundoy.

Si se realizan contrastes de la periferia frente al polo nacional (Municipios vs. Bogotá), el panorama no es nada favorable para el Putumayo, pues al proyectar a Bogotá D.C. (52,22%) dentro de la escala de la Campana de Gauss del Putumayo, la capital del país obtiene un Z=+2,65. Esto significa que Bogotá se ubica en el percentil 99,6% de la realidad putumayense: está fuera de toda proporción normal para el departamento, operando como un estándar inalcanzable para la provincia amazónica. Mocoa (Z=+1,79) frente a Bogotá (Z=+2,65), generando una distancia estadística: 0,86σ a favor de Bogotá. Incluso Mocoa, que representa el techo del éxito educativo del Putumayo, se encuentra a casi una desviación estándar por debajo del promedio de Bogotá. Esto demuestra que las ventajas centralizadas de la capital departamental siguen siendo insuficientes cuando se confrontan con la macrocefalia nacional, evidenciando un rezago institucional que afecta incluso a las capitales periféricas de la Amazonía.

De igual forma, Puerto Asís (Z=+1,27) frente a Bogotá (Z=+2,65) la distancia estadística: 1,38σ a favor de Bogotá. Puerto Asís es la capital económica y comercial del bajo Putumayo. No obstante, al contrastarse con Bogotá, la distancia supera la unidad de desviación estándar (1,38σ). El dinamismo petrolero o agrícola de Puerto Asís no logra compensar la ausencia de una oferta universitaria robusta, dejando al principal motor productivo del departamento relegado frente al centro del país.

Análisis inferencial de disparidad mediante matrices de Odds Ratio

Para determinar el impacto real del factor geográfico sobre la exclusión del capital humano local, se estructuraron los contrastes probabilísticos mediante modelos de momios relativos. Los resultados evidencian barreras de acceso infranqueables en el tránsito inter-municipal e intra-nacional.

Al comparar Mocoa (Éxitos: 271, Excluidos: 337) con Leguizamo (Éxitos: 40, Excluidos: 125), los estimadores de la razón de probabilidades (RP) es de 1,84 y el Odds Ratio (OR) es de 2,51 (ver tabla 3)

 

Tabla 3.

Matriz de contingencia e inferencia de ventajas: Mocoa vs. Leguízamo

Territorio

Ingresaron (E)

Excluidos (NE)

Total, Graduados

Momio (Odds)

Odds Ratio (OR)

Mocoa (A)

271

337

608

0,8041

2,51

Leguízamo (B)

40

125

165

0,3200

Referencia

Nota: Cálculos a partir de SNIES (2024).

 

La inferencia derivada de la Tabla 3 demuestra que un bachiller graduado en Mocoa posee un 84% más de probabilidad para acceder a la educación superior que uno egresado en Leguízamo. Al analizar la Odds Ratio, la ventaja relativa condicional escala a 2,51 veces a favor de la capital mocoana. Esto significa que, controlando las demás variables, las oportunidades reales de no quedar excluido del sistema formativo se duplican holgadamente por el simple hecho de pertenecer al nodo central, Mocoa, evidenciando la profunda injusticia distributiva de la infraestructura académica subregional.

De igual forma, al comparar Mocoa y Sibundoy (Éxitos: 80, Excluidos: 203), los estimadores revelan que la Razón de Probabilidades (RP) es 1,58 y el Odds Ratio (OR) es 2,04, indicando que las oportunidades de un joven de la capital departamental duplican exactamente (OR = 2,04) a las de un joven del Valle de Sibundoy. A pesar de la cercanía relativa y la cohesión cultural de la subregión del Alto Putumayo, la centralización de la oferta física de educación superior y de los centros de tutoría estatal ejerce un efecto de atracción macrocefálico que despoja de ventajas competitivas a los estudiantes de los municipios circundantes.

Y al comparar Mocoa versus Santiago (Éxitos: 9, Excluidos: 61), la situación es: Razón de Probabilidades (RP) es de 3,47 y el Odds Ratio (OR) es de 5,45, indicando que las oportunidades de un joven de la capital departamental casi sextuplican (OR: 5,45) a las de un joven de Santiago. Mirado desde otra perspectiva porcentual, este escenario representa la fractura socio-educativa más severa del departamento. Un estudiante de Mocoa registra un incremento del 247% en su probabilidad pura de acceso a la educación superior (RP = 3,47) frente a uno de Santiago. Expresado a través de la Odds Ratio, las ventajas relativas de inclusión de la capital superan en un 445% (OR = 5,45) a las del municipio de Santiago, categorizando a este último como un territorio en condición de exclusión formativa crítica.

Ahora bien, si se compara algunos municipios del Putumayo frente a Bogotá, las circunstancias indican lo siguiente:

1.-) Bogotá (Éxitos: 37.789, Excluidos: 34.574) versus Mocoa, la Razón de Probabilidades (RP) es de 1,17 y el Odds Ratio (OR) es 1,36, Bogotá exhibe una ventaja. Un bachiller de la capital de la República tiene un 17% más de probabilidad pura (RP = 1,17) de ingresar a la universidad que uno de la capital gubernamental del Putumayo. Las oportunidades reales de inclusión institucional (OR = 1,36) son un 36% superiores para los jóvenes de Bogotá que para los jóvenes de Mocoa. 

2.-) Al comparar Sibundoy versus Bogotá, los indicadores estadísticos indican: la Razón de Probabilidades (RP) es de 1,85 y el Odds Ratio (OR) es 2,77, Bogotá exhibe una marcada ventaja frente a Sibundoy. Es decir, al contrastar el centro de la nación con el centro estándar del Putumayo (Sibundoy, ubicado en la media regional), la brecha se profundiza de forma drástica. Un estudiante bogotano tiene casi el doble de probabilidad directa de acceso a la educación superior (RP: 1,85). Desde la óptica de la ventaja competitiva condicional (OR: 2,77), las posibilidades reales de inserción universitaria de un joven en Bogotá supera en un 177% a las de un bachiller de Sibundoy.

3.-) Al comparar Bogotá versus Valle del Guamuez (Éxitos: 112, Excluidos: 318) los indicadores estadísticos permiten dimensionar: la Razón de Probabilidades (RP) es de 2,00 y el Odds Ratio (OR) es 3,1, Bogotá exhibe una profunda ventaja frente al Valle del Guamuez. Por tanto, la probabilidad de ingresar al sistema de educación superior se duplica exactamente (RP = 2,00) a favor de Bogotá D.C. frente al Valle del Guamuez. De igual forma, el indicador de momios cruzados (OR = 3,10) dictamina que un egresado de la capital nacional dispone de 3,10 veces las oportunidades de continuar su formación profesional respecto a un par escolar de este municipio del Bajo Putumayo.

 

 

DISCUSIÓN

La fractura de la cohesión socioterritorial y la interpretación del Coeficiente de Variación

Los datos obtenidos van mucho más allá de un simple balance numérico; en realidad, funcionan como el reflejo de una marcada ruptura en la cohesión social y geográfica de Putumayo. El hallazgo de un Coeficiente de Variación del 30,65% en las tasas municipales de tránsito inmediato a la educación superior constituye la prueba estadística de un territorio estructuralmente desintegrado. Si se revisan la teoría del desarrollo endógeno de Vázquez Barquero (2007), el potencial de una región para comandar sus propias transformaciones y competir en un entorno globalizado está amarrado a que el conocimiento, las habilidades y el soporte institucional se distribuyan de forma equilibrada por toda la geografía departamental. Cuando un territorio registra un CV que supera ostensiblemente el umbral crítico del 25%, la ciencia regional demuestra que los promedios agregados como la tasa ponderada departamental del 32,03%, e incluso la media municipal del 28,80% operan como ficciones estadísticas que invisibilizan escenarios extremos de exclusión y las diversas manifestaciones de pobreza multidimensional municipal.

Tener una dispersión tan alta deja en claro que las instituciones educativas, lejos de equilibrar las condiciones sociales, están ensanchando las distancias entre las distintas zonas del departamento. Al cruzar estos datos con la postura de García (2024), se hace evidente que el Putumayo cayó en lo que el autor define como "trampas de la equidad en la educación periférica". Este fenómeno ocurre cuando los planes de gobierno se enfocan solo en masificar el bachillerato y logran graduar a grupos amplios de jóvenes, pero se olvidan de construir los canales económicos, institucionales y geográficos que les permitan dar el salto a la universidad (Burbano et al., 2024). Al faltar opciones reales para absorber a estos estudiantes, la región termina desarticulándose: las cabeceras políticas y administrativas del centro del país acaparan las alternativas de estudio, mientras que los municipios más alejados ven cómo se truncan por completo sus posibilidades de progreso, y sobre todo de ingresar a la educación superior tan pronto finalizan el bachillerato.
Esta ruptura en el trayecto de los estudiantes golpea de frente el rendimiento real del modelo escolar. Como bien señalan Morales et al. (2008), las tasas de transición entre ciclos educativos constituyen los nodos de mayor vulnerabilidad socioeconómica; es allí donde se hace evidente la pérdida de tracción del esfuerzo estatal previo. Un tránsito interrumpido a la educación superior en más del 71% de la media de los municipios no representa un fallo cosmético del indicador; constituye un proceso de descapitalización humana que neutraliza la inversión fiscal realizada en la educación básica y media. Bajo el enfoque de Vázquez Barquero (2007), el desarrollo local se vuelve una meta inalcanzable si no se cuenta con un volumen sólido y bien repartido de profesionales en el territorio, ya que las poblaciones rurales se quedan sin el conocimiento y las capacidades técnicas indispensables para descubrir, administrar y aprovechar de forma independiente sus propias riquezas económicas y dinamizar el desarrollo endógeno territorial.

Macrocefalia cognitiva y asimetrías de momios: el eje centro-periferia bajo la óptica de la "Región Cognitiva"

La disección inferencial de las matrices de Odds Ratio devela la existencia de una macrocefalia cognitiva de carácter determinista en el Putumayo. El contraste entre Mocoa —ubicada en la cola derecha de la Campana de Gauss con un Puntaje Z = +1,79 y en el percentil 96,3%— y las periferias subregionales expone cómo el código postal del colegio de origen eclipsa las capacidades individuales del estudiante. Que un bachiller de la capital registre ventajas relativas de inclusión que duplican a las de un par escolar de Sibundoy (OR = 2,04), triplican a las de San Miguel (OR = 3,33) y superan en más de cinco veces a las de Santiago (OR = 5,45), demuestra que la geografía de la oferta institucional introduce sesgos segregadores infranqueables.

Esta asimetría espacial se alinea de forma precisa con el concepto de "región cognitiva" acuñado por Boisier (2001). Para este autor, los territorios contemporáneos no compiten únicamente mediante sus dotaciones de recursos naturales o ventajas comparativas estáticas; compiten a través de su capital relacional y su capacidad colectiva para capturar, procesar e internalizar conocimiento abstracto con el fin de traducirlo en innovación social y productiva. Los datos probabilísticos aquí modelados demuestran que el Putumayo carece de una configuración de región cognitiva integrada. Por el contrario, se comporta como un sistema territorial donde el conocimiento especializado se encapsula en el centro administrativo, condenando a las subregiones periféricas a un persistente aislamiento funcional.

El hecho de que la serie empírica de tasas municipales se ajuste de manera perfecta a la Campana de Gauss teórica, respaldado por un robusto valor p de 0,9955 en el test de Shapiro-Wilk, reviste una gravedad teórica mayor. En la econometría de la educación, un ajuste perfecto a la normalidad estadística denota que el fenómeno de la exclusión no es un subproducto caótico, transitorio o derivado de contingencias locales aisladas. La simetría gaussiana de los datos demuestra que la desigualdad en el acceso a la educación superior es un resultado estructural, predecible y sistémico del modelo de ordenamiento institucional vigente. La exclusión está institucionalizada por la vía de la centralización de la infraestructura física, los recursos docentes cualificados y los centros de examen y tutoría en los cascos urbanos de mayor jerarquía. Siguiendo el argumento de Boisier (2001), la macrocefalia cognitiva estrangula la subjetividad social y la autonomía de las comunidades de la periferia; al privarlas de la masa crítica de profesionales necesaria para formular proyectos de inversión y gestionar la gobernanza local, las condena a perpetuar relaciones de subordinación y dependencia frente al centro andino del país.

Desarraigo curricular, fuga de cerebros local y la reproducción de la pobreza multidimensional

El análisis de la brecha macro-nacional introduce el elemento definitivo de discusión sobre la viabilidad del desarrollo desde adentro en las regiones de frontera amazónica. La proyección de Bogotá D.C. dentro de la escala del Putumayo genera un Puntaje Z = +2,65, un valor atípico (outlier) que sitúa a la capital del país en el percentil 99,6% de la distribución regional. Cuando se calcula la ventaja condicional de un estudiante bogotano frente a las periferias del Putumayo, los coeficientes escalan a niveles críticos, alcanzando una OR = 3,10 frente al Valle del Guamuez y una OR = 7,41 frente al municipio de Santiago. Esta distancia estadística superior a las tres desviaciones estándar (3,17 σ en el caso de Leguízamo) confirma empíricamente la vigencia y profundización del modelo centro-periferia en Colombia.

Esta fractura de escala macro-nacional se agudiza al analizar lo que Aguirre y Herrera (2025) denominan el desarraigo inducido por la impertinencia curricular. Los autores sostienen que las estructuras curriculares de la educación media en las regiones periféricas suelen ser réplicas estandarizadas de los modelos metropolitanos del centro del país. Al educar a los jóvenes, según Burbano (2021), bajo competencias abstractas desvinculadas de las cadenas de valor endógenas —tales como la biodiversidad amazónica, la agroforestería sostenible, el ecoturismo de base comunitaria o los sistemas fotovoltaicos y de energías alternativas autónomas—, el sistema educativo genera un doble efecto perverso:

·         La expulsión por éxito (fuga de cerebros): los escasísimos estudiantes de municipios como Sibundoy o Leguízamo que logran sortear las barreras de acceso y transitan hacia centros universitarios del centro del país (Bogotá, Popayán, Cali o Pasto), absorben competencias diseñadas para mercados laborales urbanos y metropolitanos. Ante la ausencia de un tejido empresarial sofisticado en sus lugares de origen, estos profesionales raramente retornan, consumándose una transferencia neta y regresiva de capital intelectual desde la periferia empobrecida hacia el centro desarrollado.

·         El bloqueo por exclusión: Aquel 71,2% de jóvenes que, según la media municipal, quedan por fuera del tránsito inmediato a la educación superior debido a las barreras geográficas y económicas, permanecen en sus territorios con una formación media genérica que carece de pertinencia práctica para tecnificar las vocaciones productivas locales.

Este bloqueo estructural en la transición formativa se constituye en el principal sustrato de reproducción de la pobreza multidimensional en contextos de ruralidad dispersa, un vínculo sólidamente sustentado por Quito et al. (2021). Cuando la tasa de absorción universitaria es tan deprimida en municipios predominantemente agrícolas, pecuarios y forestales como Puerto Guzmán (19,20%) o Santiago (12,86%), se anula de raíz la posibilidad de incorporar valor agregado y cambio tecnológico en las cadenas productivas nativas. Las familias rurales invierten sus escasos excedentes en educar a sus hijos hasta el bachillerato, esperando que este actúe como un mecanismo de movilidad social; sin embargo, al encontrarse con una barrera en el acceso superior, el joven retorna a la informalidad laboral o a las economías de subsistencia primarias.

La consecuencia directa, interpretada desde los postulados de Vázquez Barquero (2007) y Boisier (2001), es la inmovilización de las fuerzas productivas internas. El territorio queda atrapado en un ciclo donde produce materias primas brutas de bajo valor que son extraídas por enclaves exógenos, mientras importa del centro nacional los servicios técnicos, tecnológicos y profesionales necesarios para su administración. Sin una política agresiva de pertinencia curricular y descentralización de la educación superior concebida desde las cadenas de valor subregionales, el tránsito educativo continuará operando como un filtro geográfico de exclusión, haciendo del desarrollo endógeno un enunciado puramente retórico e inalcanzable para el departamento del Putumayo y para cada uno de sus municipios.

Ahora bien, la incorporación de una perspectiva endógena y situada resulta imprescindible para descodificar la complejidad de estos hallazgos, encontrando un asidero fundamental en la obra del investigador regional Burbano (2025). En su libro Las trampas de la educación del Putumayo, Burbano (2025) conceptualiza de forma crítica cómo el entramado educativo en este territorio fronterizo no opera de manera neutral, sino que está condicionado por dispositivos históricos de exclusión que el autor denomina "trampas". Al contrastar esta categoría analítica con el Coeficiente de Variación del 30,65% hallado en este estudio, se devela la dimensión cuantitativa de dichas dinámicas: la dispersión y la heterogeneidad intermunicipal no son accidentes estadísticos, sino la manifestación empírica de una estructura institucional que, bajo una fachada de cobertura universal en la educación media, esconde un severo estrangulamiento en el acceso real a la educación superior para las comunidades urbanas y rurales. Burbano (2025) argumenta que estas trampas actúan debilitando la cohesión socioterritorial, lo que coincide con las alertas de García (2024) sobre las asimetrías geográficas latentes que las políticas centralizadas suelen ignorar de manera continua.

Asimismo, las asimetrías radicalizadas que exponen las matrices de Odds Ratio adquieren un profundo sentido sociopolítico bajo la óptica de este autor putumayense. Cuando los datos probabilísticos demuestran que un estudiante de Mocoa cuenta con más de cinco veces las ventajas relativas de inclusión frente a uno de Santiago (OR = 5,45), o cuando se evidencia la abismal brecha frente a la capital de la República (OR = 7,41), se constata lo que en Las trampas de la educación del Putumayo se identifica como la descapitalización intelectual programada de las periferias locales. Esta asimetría no solo trunca los proyectos de vida individuales, sino que, leída desde los postulados de desarrollo de Vázquez Barquero (2007) y Sergio Boisier (2001), paraliza la capacidad de las municipalidades para gestionar sus cadenas de valor de forma autónoma. El aporte de Burbano (2025) es crucial en la discusión de este artículo porque demuestra que, mientras el sistema educativo actúe como un filtro geográfico segregador que priva a los entornos agrícolas y amazónicos de sus propios profesionales, el desarrollo desde adentro continuará bloqueado por las trampas estructurales del centralismo, perpetuando la dependencia y la pobreza multidimensional que también diagnostican Quito et al. (2021).

 

CONCLUSIONES

Conclusión sobre la dispersión: evidencia científica de la asimetría y la ausencia de equidad distributiva

A partir de la modelación estadística descriptiva ejecutada, se concluye de manera categórica que el departamento del Putumayo padece de una profunda e insostenible fractura en la distribución geográfica de sus oportunidades de acceso a la educación superior. El Coeficiente de Variación (CV) resultante del 30,65% constituye la prueba científica irrefutable de que la dispersión interna de las tasas de tránsito inmediato a la educación superior supera ampliamente los umbrales aceptables de cohesión territorial. Este hallazgo devela que la política de educación superior implementada en el departamento ha omitido por completo el principio de equidad distributiva, permitiendo que las variables de localización geográfica anulen el mérito escolar de los estudiantes de la periferia subregional.

En términos de la teoría del desarrollo endógeno, este elevado índice de dispersión relativa demuestra que el promedio ponderado departamental del 32,03% opera como un velo estadístico regresivo. Dicha métrica agregada oculta la cruda polarización existente entre un nodo macrocefálico central —liderado por Mocoa y Puerto Asís, que de forma conjunta absorben casi la mitad de la matrícula profesional regional— y una periferia rural dispersa que se sitúa en condiciones de rezago extremo. Al interpretar este escenario bajo los postulados de Morales et al. (2008), la interrupción masiva del flujo formativo en los puntos de transición media-superior condena al fracaso sistémico a la inversión fiscal y pedagógica realizada previamente en la educación básica. Al no existir garantías homogéneas de absorción intelectual a lo largo del territorio, la política educativa vigente no solo reproduce las desigualdades de origen, sino que estrangula el potencial endógeno de los municipios productores, privándolos de la masa crítica de capital humano necesaria para tecnificar de forma autónoma sus propios recursos y cadenas de valor locales.

Conclusión sobre el ajuste inferencial: la naturaleza estructural de la brecha centro-periferia

El análisis inferencial del artículo permite concluir que la iniquidad educativa en el Putumayo no obedece a un comportamiento caótico, fortuito o derivado de dinámicas locales coyunturales. El ajuste perfecto de la serie empírica municipal a la Campana de Gauss teórica, validado mediante un robusto valor p de 0,9955 en el test de normalidad de Shapiro-Wilk, demuestra con rigor científico que la exclusión formativa constituye un patrón de naturaleza estrictamente estructural, sistémica y predecible. La simetría gaussiana de los datos evidencia que el modelo institucional de asignación de recursos, infraestructura física y oferta académica del Estado opera bajo un determinismo geográfico que concentra las ventajas relativas en los centros político-administrativos tradicionales.

Esta naturaleza estructural de la brecha queda cuantitativamente objetivada al evaluar los coeficientes de las matrices de Odds Ratio. El hecho de que las chances de inclusión real de un bachiller de Mocoa superen en un 104% a las de uno de Sibundoy (OR = 2,04), se tripliquen frente a San Miguel (OR = 3,33) y se multipliquen por más de cinco veces frente a Santiago (OR = 5,45), corrobora la vigencia de barreras invisibles pero infranqueables para el estudiante rural. Proyectar este comportamiento frente al estándar macro-nacional de Bogotá D.C. (OR = 2,32 respecto al consolidado del Putumayo y un alarmante OR = 7,41 frente a Santiago) confirma el arraigo del modelo centro-periferia en su expresión más regresiva. Validar estadísticamente este modelo predictivo implica reconocer, desde el marco conceptual de Vázquez Barquero (2007), Burbano (2025) y Boisier (2001), la existencia de una macrocefalia cognitiva institucionalizada. El sistema educativo actual funciona como un dispositivo de segregación espacial que despoja de autonomía a las subregiones del Putumayo, forzándolas a permanecer en una posición de subordinación funcional y dependencia externa debido a la imposibilidad de consolidar una región cognitiva internamente integrada.

 

Conflicto de interés

Los autores no tienen conflictos de interés

 

Financiación

Este proyecto no contó con ninguna fuente de financiación

 

Responsabilidades Éticas

El proyecto fue aprobado por el comité de ética de la institución.

 

REFERENCIAS

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