
Evelio Felipe Machado Ramírez, David Wilfrido Moreira Vera, Jessica Mariela Zambrano Cedeño
Revista Mikarimin. Publicación cuatrimestral. Vol. 6, Año 2020, Edición Especial (Julio)
Ahora bien, en la búsqueda de una solución de las carreras con perfil agropecuario al desarrollo
rural sostenible desde las competencias investigativas, se deben incluir como necesidad y de
manera explícita, criterios tales como los de territorialidad, diversidad social y productiva,
propios de la heterogeneidad evolutiva del espacio rural, y se debe contemplar la conservación de
los recursos naturales. De esa forma, es posible otorgar valor al papel que desempeñarán los
futuros profesionales en esas perspectivas de desarrollo, como sujetos esenciales del contexto
específico, que garanticen la diversidad y heterogeneidad ambiental, productiva y social; y que
logren materializar el contenido de las políticas y programas de acción, entre otros aspectos.
Todo ello hace posible acercar el tratamiento del desarrollo rural sostenible cuando se integra,
con una nueva visión, el sistema agropecuario en la diversidad socio-territorial existente.
Ese desafío significa también que se revisen y elaboren políticas actualizadas para la carrera de
referencia, que permitan acciones más articuladas con las organizaciones, instituciones, la
comunidad, la familia y las empresas. En ese sentido, y coherente con los presupuestos teóricos
que sustentan este artículo, pensar el desarrollo rural sostenible desde las competencias
profesionales, no se puede resumir a un estudio aislado de los problemas localizados en regiones
concretas y/o involucrando a los estudiantes a un sector vulnerable de la población para que, de
forma compensatoria, se atiendan situaciones puntuales.
Hoy las universidades tienen un papel relevante en los logros que las comunidades rurales
obtengan, según sus niveles de desarrollo, para lograr niveles de sostenibilidad que modifiquen
positivamente las condiciones desfavorables en que hoy muchas se encuentran. Con algunas
excepciones, en muchos países existe una clara separación entre las funciones que llevan a cabo
los órganos públicos encargados de la investigación e información y los propios centros de
investigación académica, particularmente para que se llegue a convertir en conocimiento
aplicable al desarrollo. Por ello, una tarea pendiente en el fortalecimiento de la gestión
universitaria es la de relacionar estrechamente la labor académica y la investigación −como modo
de actuación y actividad específica− con el desarrollo rural desde el propio currículo o malla
curricular y hacerla evidente.
La importancia que ha cobrado el tema del desarrollo rural en América Latina exige que las
instituciones que forman especialistas del ámbito agropecuario, en este caso, las universidades,
gestionen sus currículos de forma tal que se imbriquen diversas metodologías de producción del
conocimiento, así como el impulso a la creación de nuevas estrategias que tiendan a la
preparación de los estudiantes en formación para hacer frente a la realidad que impone la entrada
en la tercera década del siglo XXI.
Es conocido que, el acercamiento al universo rural, durante mucho tiempo se ha llevado a vías de
hecho con un enfoque esencialmente disciplinar (ESPAM-MFL, 2016); primordialmente, desde
el vínculo específico de materias que se dedican a las ciencias agropecuarias. De ese hecho, una
gran parte de los futuros profesionales son formados desde una perspectiva atomística, lo cual se
convierte en una estacada más que en un plataforma para concebir los sistemas de este tipo como
el efecto integrado del desarrollo de procesos que involucren lo social, económico, natural y
ecológico; y no descubre, desde la formación del profesional de esa área, que la investigación, en
su más amplio sentido, es un modo de interpretar y transformar el contexto en la complejidad de
dichos procesos que caracterizan la profesión.
Se limita, entonces, la formación profesional de pre y postgrado a disciplinas, talleres, cursos
optativos, cursos postgraduados, entre varios, con una gran carga teórica, esencialmente