Mikarimin. Revista Científica Multidisciplinaria ISSN 2528-7842
Monoparentalidad familiar con sostén femenino y pobreza. Un análisis con enfoque de género
© Centro de Investigación y Desarrollo. Universidad Regional Autónoma de Los Andes - Extensión Santo Domingo. Ecuador.
163
Monoparentalidad familiar con sostén femenino y pobreza. Un análisis con enfoque de
género
AUTORAS: Arlés Orihuela Gómez
1
Rosa María Reyes Bravo
2
DIRECCIÓN PARA CORRESPONDENCIA: orihuelaarles@gmail.com
Fecha de recepción: 4-07-2021
Fecha de aceptación: 30-09-2021
RESUMEN
En el presente texto, sus autoras abordan la así llamada feminización de la pobreza en familias
monoparentales con sostén femenino, desde la perspectiva de género y teniendo como referente
la relación dialéctica entre los conceptos pobreza, género y monoparentalidad familiar a nivel
mundial y en Cuba, en particular. Se destaca la necesidad de empoderamiento de estas mujeres al
frente de sus familias y el apoyo integral de los Estados y gobiernos, como la vía eficaz para
disminuir su vulnerabilidad; se valoran las limitaciones y logros de la experiencia cubana al
respecto.
PALABRAS CLAVE: familia monoparental; pobreza; feminización de la pobreza; enfoque de
género.
Single parent families with feminine leadership and poverty. An analysis from gender focus
ABSTRACT
In the present text, their authors discuss about so called feminization of poverty and your
relationship with the single-parent families with feminine leadership, worldwide and in Cuba
particularly; always from a gender perspective. They approach the concepts of Poverty, Gender
and Single-Parent Family, imbricating them in its dialectic relation and peculiarities in Cuba and
in the world, according to the investigations than topical they have come true. The need stands
out me, in turn, empowering of these women in front of her families and the support from State
and Government like efficacious road to palliate poverty and some and limitations of the Cuban
experiences to achieve the development of these families.
KEYWORDS: Single Parent Family; Poverty; Feminization of Poverty; Gender Focus.
INTRODUCCIÓN
La complejidad de los diferentes niveles de realidad justifica la necesidad de abordajes holísticos
de temas de contenido multidisciplinar, que son portadores de determinaciones múltiples y
sistémicamente conexas que se configuran en las deducciones filosófico cosmovisuales de las
ciencias y su docencia respectiva. En el caso del tema que es objeto de análisis, esa justificación
1
Licenciada en Psicología y Pedagogía, M. A. en Pedagogía y M. Sc. en Psicología Clínica, Profesora Auxiliar de
Ciencias Psicológicas y Ciencias Pedagógicas, Profesora de la Maestría en Estudios Sociales y Comunitarios de la
Universidad de Matanzas, Cuba. E-mail:orihuelaarles@gmail.com,
2
Licenciada en Psicología, M. Sc. en Procesos correctores de la vida cotidiana, Dra. en Ciencias Psicológicas,
Profesora Titular de la Universidad de Oriente, Cuba. E-mail:vrip@consejo.uo.edu.cu
Arlés Orihuela Gómez, Rosa María Reyes Bravo
164
Revista Mikarimin. Publicación cuatrimestral. Vol. VII, Año 2021, No. 3 (septiembre-diciembre)
se legitima debido a la abundancia y presencia cosmopolita de la familia monoparental con
soporte femenino.
Se percibe una tendencia global al aumento de las familias monoparentales, dentro de la
multiplicidad contemporánea de formas de hacer familia. Dentro de las monoparentales, la
mayoría con soporte femenino. Esa tendencia se asocia objetivamente con otra, aún
prevaleciente, que es la discriminación multilateral que sufre la mujer, a la cual se asocia la
vulnerabilidad de la monoparentalidad familiar cuyo referente de valor es la pobreza. El objetivo
del análisis presente es demostrar el vínculo objetivo entre pobreza y familias monoparentales
con soporte femenino, desde un enfoque de género que, a partir de una perspectiva holística,
desmitifique la relación biunívoca entre el ejercicio del sustento familiar y la condición de
pobreza, a escala global y en las condiciones peculiares de la sociedad cubana.
El hilo discursivo en la concepción del presente trabajo, parte de posicionamientos teóricos en el
estado del arte sobre determinaciones de elevado nivel de generalidad, para después abordar sus
inferencias deductivas, que son transversales respecto al eje temático del estudio que se expone.
En consecuencia, primero se define el concepto general de pobreza al cual se adscriben las
autoras. Acto seguido y en este orden, se identifican las principales causas objetivas de la pobreza
y sus manifestaciones extremas a escala global, así como la constatación de sus efectos según el
enfoque de género, que esclarece la relación entre monoparentalidad familiar de sustento
femenino y feminización de la pobreza, mostrando el impacto de los significados instituyentes de
ser mujer en su desarrollo, en espacios sociales - personales y familiares - (Prud’homme, 2003;
Burín y Meler, 2007; Cooper, Osborne, Beck & McLanahan, 2011). Desde esa perspectiva de
análisis, se percibe tal impacto en la asimetría entre hombres y mujeres, potenciada en la
prevalencia de la cultura patriarcal en la conciencia social, su proyección en el plano institucional
y en el imaginario, en lo comportamental y actitudinal de los sujetos.
A continuación, se explica la manifestación de esos efectos en las familias, con énfasis en las
monoparentales que emergen luego del divorcio o separación de los miembros del subsistema
parental; y se valora el estado de la discusión en la literatura científica sobre el vínculo entre
monoparentalidad familiar de sustento femenino y pobreza.
Posteriormente, se destaca la importancia de las políticas públicas para atender las necesidades de
las familias monoparentales de sustento femenino y la promoción de espacios participativos y del
empoderamiento de las mujeres al frente de esas familias.
Después, se trata acerca de las manifestaciones peculiares de la monoparentalidad familiar de
sustento femenino, en las condiciones histórico-concretas de la actualidad cubana. Por último, se
valoran los logros, las limitaciones y recomendaciones para la mejora de las políticas públicas
aplicadas en Cuba desde 1959, dirigidas a atenuar las condiciones por cuya acción esas familias
devienen vulnerables, aunque no disfuncionales per se.
DESARROLLO
La Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social de 1995, propuso un concepto de pobreza que
destaca la diversidad de sus manifestaciones: falta de ingresos y de recursos productivos
suficientes para garantizar medios de vida sostenibles, hambre y malnutrición, mala salud, falta
de acceso o acceso limitado a la educación y a otros servicios básicos, aumento de la morbilidad
y mortalidad a causa de enfermedades, carencia de vivienda o vivienda inadecuada, medios que
no ofrecen condiciones de seguridad, discriminación y exclusión sociales (ONU, 1995, p. 45).
Mikarimin. Revista Científica Multidisciplinaria ISSN 2528-7842
Monoparentalidad familiar con sostén femenino y pobreza. Un análisis con enfoque de género
© Centro de Investigación y Desarrollo. Universidad Regional Autónoma de Los Andes - Extensión Santo Domingo. Ecuador.
165
Chávez (2006, p. 4), definió pobreza en su sentido más sintético y general, como toda carencia o
limitación que obstaculiza el despliegue de las potencialidades existentes en el ser humano, y le
impide la plena satisfacción de sus necesidades materiales y espirituales.
El primero de los objetivos de desarrollo en la llamada Cumbre del Milenio, celebrada con el
auspicio de las Naciones Unidas en el año 2000 (ONU, 2000), fue el de erradicar la extrema
pobreza y el hambre. Ya en 2014, el Informe de Desarrollo Humano del PNUD (2014) reflejaba
que uno de cada cinco habitantes del mundo vivía en pobreza o pobreza extrema. En diciembre
de 2016, de los estimados 7400 millones de habitantes del planeta, 1500 millones estaban en esas
condiciones. Si se toman como referentes de pobreza y pobreza extrema, las normas del Banco
Mundial de septiembre de 2015, que se han mantenido vigentes con leves fluctuaciones, de $1.90
USD y $3.10 USD, respectivamente (World Bank, 2015); la prioridad de ese objetivo de la ONU
se justifica a plenitud.
Estos datos justifican que la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones
Unidas aprobados en septiembre de 2015, incluyan como Objetivo #1 Poner fin a la pobreza en
todas sus formas en todo el mundo. La meta 1.b de este objetivo propone “Crear marcos
normativos sólidos en los planos nacional, regional e internacional, sobre la base de estrategias
de desarrollo en favor de los pobres, que tengan en cuenta las cuestiones de género, a fin de
apoyar la inversión acelerada en medidas para erradicar la pobreza” (Bárcena, A. y Antonio
Prado, 2016a:9). A su vez, en ese documento aparece el Objetivo #5 enfocado en la necesidad de
lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas (Ob.cit.:17;
2016b).
Ayala (2015) declara que, en 2014, el 22,4% del total de la población de Paraguay estaba en
situación de pobreza. Dentro de esta, el 10,5% en pobreza extrema (correspondiendo el 73,6% de
este último percentil, al área rural); mientras que el 18,1% y el 26,5% de las mujeres eran pobres
en los sectores urbano y rural, respectivamente. Por otra parte, el desempleo alcanzaba el 24,2%
en las mujeres citadinas, frente al 15,4% de los hombres. Esta situación constituye la norma a
escala planetaria, donde las mujeres están sobre-representadas entre los pobres. El nivel de
pobreza entre las mujeres es elevado en Asia Oriental y Meridional, el Pacífico y en África
subsahariana, siendo las mayores diferencias reportadas, en la población infantil. Las niñas tienen
más probabilidades que los niños de estar en esa condición, al igual que las mujeres, durante los
principales años reproductivos, entre los 25 y los 34 (Muñoz‐Boudet y otros, 2020).
Junto con la COVID‐19, la crisis económica global y estructural previa, agravada por esta
pandemia; los conflictos armados y el cambio climático con sus impactos negativos en la
producción agrícola y desplazamientos masivos generados por lluvias y sequías extremas,
provocan un aumento de la pobreza en algunas partes del mundo, situación que debe mantener su
impacto longitudinal.
El concepto clásico de Lagarde sobre género (1999) como construcción simbólica que incorpora
diversos atributos (sociales, económicos, políticos, culturales y jurídicos, entre otros), asignados a
las personas a partir del sexo, facilita comprender la desigual distribución de poder, trabajo y
consumo existentes en las familias y en la sociedad en general, así como las complejas relaciones
sociales que se dan entre géneros, los conflictos cotidianos que enfrentan y cómo los afrontan.
Ese concepto es el referente axial del discurso en este texto.
A pesar de que el Objetivo #5 de la Agenda 2030 de Naciones Unidas reafirma la necesidad de
alcanzar la igualdad de género, así como el papel de la mujer y su autonomía; en muchos países
Arlés Orihuela Gómez, Rosa María Reyes Bravo
166
Revista Mikarimin. Publicación cuatrimestral. Vol. VII, Año 2021, No. 3 (septiembre-diciembre)
las mujeres no tienen las mismas oportunidades de acceso que los hombres a los recursos
económico-productivos (tierra, crédito, capital remunerado).
Existen barreras que las marginan del poder económico y la riqueza, y sociales que les limitan su
educación y formación profesional, cuyo impacto se expresa en baja escolaridad y/o capital
social, inadecuada preparación para el trabajo, acceso deficitario a salud y vivienda, aislamiento y
falta de pertenencia a redes de apoyo. También, barreras políticas que menguan su participación
en la toma de decisiones, lo que implica exclusión de sus intereses específicos en agendas
políticas, gremiales y económicas y su participación en el diseño, gestión y fiscalización de esas
agendas (Jacobsen, 2007). Tales barreras, en su interdependencia sistémica, disminuyen los
activos culturales, económico-materiales, sociales y políticos de las mujeres. La desigualdad en
las tasas salariales a favor de los hombres, por ejemplo, se atribuye a que las mujeres tienen
menos educación y experiencia laboral, cuando en realidad estos déficits tienen su génesis en la
propia desigualdad de género que las limita. También son más discriminadas en el mercado de
trabajo, ya que ellas tienen que ocuparse de los hijos. Estudios británicos, latinoamericanos y
caribeños, reseñan incrementos de esa desigualdad (Warren, Pascall& Fox, 2010: 193-219).
El PNUD tiene como uno de sus presupuestos de partida, que la pobreza tiene una decidida
tendencia de género. Una gran proporción de hogares pobres está encabezada por mujeres,
especialmente en África rural y en los barrios urbanos de América Latina. Por ello es que se
acuñó el término “feminización de la pobreza”, el cual tiene su origen en los años 70 del pasado
siglo, aunque se extendió a partir de los años 90, a través de investigaciones realizadas desde
organismos internacionales y del impulso que a esta realidad le confirió la IV Conferencia
Internacional de las Mujeres, celebrada en Pekín, en 1995. Es definido tradicionalmente como el
predominio creciente de las mujeres entre la población empobrecida o como el incremento en la
diferencia en los niveles de pobreza entre mujeres y hombres (Ibarrola, 2015).
El enfoque de género ha permitido esclarecer la relación existente entre monoparentalidad
familiar de sustento femenino y feminización de la pobreza, demostrando cómo los instituyentes
impactan en los espacios sociales reales que tienen las mujeres para alcanzar indicadores de
desarrollo, tanto personales como familiares (Prud’homme, 2003; Burín y Meler, 2007; Cooper,
Osborne, Beck & McLanahan, 2011).
Existe una fuerte tendencia en la literatura científica a vincular los fenómenos de la
monoparentalidad y la pobreza femenina, e incluso algunos autores utilizan el término
“feminización de la pobreza” para referirse al empobrecimiento de las mujeres solas que crían
niños pequeños (Baeza, 2015; Prud’homme, 2003; Zabala, 1999c:115).
Los instituyentes sociales, culturales, económicos, políticos que propician la feminización de la
pobreza, se expresan en la discriminación multidimensional de la mujer:
● Nivel social, en general. Esta dimensión muestra una visión de las mujeres como seres
subordinados, a partir de relaciones sociales básicamente patriarcales (Ayala, 2015). En tal
sentido, Lagarde (2003) afirma que la ideología patriarcal ha funcionado como un mecanismo
represivo contra la mujer, adjudicándole roles específicos a los que denominó cautiverios,
pues atenazan las posibilidades de creatividad y desarrollo social femenino, de modo tal que,
tratar de salirse de esos cautiverios puede conducir a la aparición de sentimientos de culpa y
miedo a la soledad. Las encuestas de uso del tiempo en América Latina y el Caribe muestran
que las mujeres dedican entre 22 y 42 horas a la semana al trabajo doméstico y del cuidado no
Mikarimin. Revista Científica Multidisciplinaria ISSN 2528-7842
Monoparentalidad familiar con sostén femenino y pobreza. Un análisis con enfoque de género
© Centro de Investigación y Desarrollo. Universidad Regional Autónoma de Los Andes - Extensión Santo Domingo. Ecuador.
167
remunerado, tres veces más que los hombres (Cañete Alonso, Rosa (2020) Educacional. Dos
tercios de los analfabetos de países en vías de desarrollo son mujeres. Se incumplió con la
Meta A: Eliminar las desigualdades entre los géneros en la enseñanza primaria y secundaria,
preferiblemente para el año 2005, y en todos los niveles de la enseñanza antes de finales de
2015; del Objetivo # 3 del Milenio (Expansión, 2017).
● Económico-productiva. Además de las aludidas barreras, se evidencia también un
porcentaje muy bajo de mujeres entre los beneficiarios por reformas agrarias y otros procesos
de distribución de la tierra, de acuerdo con Deere y León (2005: 397-439).
● Integridad física y función reproductiva. En muchos países se irrespeta, lo que se
manifiesta en la carencia o insuficiencia de políticas estatales y gubernamentales que
reconozcan los derechos humanos de las mujeres en los indicadores de esta dimensión.
Anualmente más de 515 mil mujeres pierden la vida durante el embarazo y el parto; sin tener
en cuenta las que perecen por la práctica de tradiciones ancestrales como la infibulación
femenina, tan común en África (UNICEF, 2020).
● Hogareña. Se manifiesta significativamente en la sobrecarga femenina de roles.
La ideologización de la desigualdad de las mujeres dentro y fuera de la familia, se origina en que
la mayoría de las personas viven en familias nucleares (cuyas mujeres adultas tienen marido que
las mantenga) y el supuesto falso que la maternidad es vocación esencial para toda mujer.
Consecuentemente, la subordinación económica de las mujeres que se expresa en su salario más
bajo y posición desventajosa en el mercado laboral, se justifica bajo el supuesto de que el trabajo
femenino es secundario respecto al del hombre.
La desigualdad en las tasas salariales se atribuye a que las mujeres tienen menos educación y
experiencia laboral. Ellas son más discriminadas en el mercado de trabajo (se prefiere emplear a
hombres, ya que ellas tienen que ocuparse de los hijos). Estudios británicos, latinoamericanos y
caribeños, reseñan incrementos de la desigualdad en el mercado laboral entre mujeres y hombres,
a favor de estos, sobre todo en salarios (Warren, Pascall y Fox, 2010: 193-219).
Sin embargo, existe un proceso actual de re-conceptualización de los roles masculino y femenino,
respecto a la condición real, objetiva, del proveedor. Se explica como sigue:
La labor no remunerada de la mujer en el hogar representa un tercio de la producción económica
mundial. En los países en desarrollo, cuando Si bien, los mayores índices de empleo siempre han
correspondido al hombre, las estadísticas del desempleo generado por la crisis económica
estructural global informan el decrecimiento del acceso masculino al mercado laboral (acentuado
desde finales de 2019 por el impacto de la pandemia Covid-19). Las mujeres/madres, con mayor
peso relativo tradicional en la economía informal, caracterizada por labores tan invisibles como
poco remuneradas en la esfera de los servicios; resultan ser ahora las únicas proveedoras del
sustento familiar, en hogares con hombres sin trabajo.
las tareas agrícolas y del hogar se computan junto al trabajo remunerado, el tiempo de trabajo
femenino supera en 30% a las del masculino (FNUAP, 2002:38).
En África, las familias monoparentales encabezadas por mujeres disminuyen su nivel de vida,
pues deben asumir un trabajo doméstico agotador y exigente para tratar de llevar adelante el
sostenimiento del hogar, según Prud’homme (2003), quien afirma que es la pobreza, en gran
medida, la responsable de que las mujeres sean responsables del mantenimiento de sus familias.
Arlés Orihuela Gómez, Rosa María Reyes Bravo
168
Revista Mikarimin. Publicación cuatrimestral. Vol. VII, Año 2021, No. 3 (septiembre-diciembre)
Las madres abandonadas cuya monoparentalidad es producto de las migraciones económicas
vinculadas con la depauperación económica y las guerras en el continente africano, son cada vez
más numerosas. El incremento de estas situaciones da lugar a un cambio en la posición de las
mujeres en la familia, la sociedad y la economía (op. cit.).
Existe una fuerte tendencia en el estado del arte que vincula la monoparentalidad familiar y la
pobreza femenina. Incluso algunos autores usan el término “feminización de la pobreza” para
referirse al empobrecimiento de las mujeres solas que crían niños pequeños (Kaen y Lencina,
2017; Prud’homme, 2003; Zabala, 2009; 1999b; 1999c: 115; Burín y Meler, 2007; Cooper,
Osborne, Beck & McLanahan, 2011).
Sin embargo, el análisis de ese vínculo es complejo. Impactan en él instituyentes sociales,
culturales, económicos y políticos. A escala global, influye negativamente la multisecular
distribución desigual de la riqueza social, agravada por la crisis económica actual, en la poca
capacidad de sustento de familias pobres, haya o no ruptura del sistema parental. Tal ruptura sí
acrecienta la pobreza de esas familias, al disminuir los aportes financieros de sus miembros por
un lado y, por otro, las posibilidades de las madres -que por lo general asumen la manutención de
los hijos-, de obtener ingresos suficientes para sostener a su prole. De ahí se infiere que las
familias monoparentales de sostén femenino contribuyen a la feminización de la pobreza.
Cuando la familia deviene monoparental con mujer al frente, sobre esta recae no solo el impacto
discriminatorio, subjetivo, de tal sublimación, sino el de la objetividad real de la desigualdad de
género en su contra.
Sociólogos norteamericanos han constatado que la diferencia más perceptible entre la familia
nuclear y la monoparental, es la disparidad en el bienestar económico, pues aproximadamente
una de cada dos familias monoparentales está viviendo en EE. UU. por debajo del nivel de
pobreza (Lehmann y Wirtz, 2004). Factores como el racial, deben tenerse en cuenta en la
reflexión compleja sobre el asunto. En ese propio país, por ejemplo, el número de madres solteras
negras es incluso mayor que el número de madres solteras blancas, muchas de las cuales ya eran
pobres antes de llegar a ser cabezas de familia, según Fisher (2015).
En la comparación entre ambos tipos de familia, los factores determinantes de los bajos ingresos
en las monoparentales son la baja capacidad de ganancia de las madres, la carencia de apoyo
material a los hijos por el padre no custodio y los escasos beneficios provenientes del Estado. El
primero de ellos es el más importante en el status económico familiar, pues a escala global la
norma es que las mujeres tengan menos ingresos que los padres casados.
La tasa de pobreza monetaria se duplica, comparándola con familias de ambos padres con igual
número de hijos en Francia (Prud’homme, 2003), donde la seguridad social declara ayudar al
20% monoparental del total de familias (Caisse Nationale des Allocations Familiales, 2015).
Todavía en el estado del arte se aprecia la tendencia de sobrevalorar el patrón de familia
biparental nuclear, ponderado como el único válido para la concepción y desarrollo de la
descendencia. Tal tendencia contribuye a ralentizar el diseño y aplicación de políticas sociales
que favorezcan otras formas de convivencia familiar y desarrollo de la progenie, a tenor de las
condiciones económicas actuales. Si se comprendiera la realidad, las particularidades y la
legitimidad de la monoparental como tipo de familia, lo más pertinente sería establecer políticas
salariales o de ayuda económica para ayudarlas de manera sostenida, que ya existen en algunos
países desarrollados; además de exigir el cumplimiento de legislación que responsabiliza a los
Mikarimin. Revista Científica Multidisciplinaria ISSN 2528-7842
Monoparentalidad familiar con sostén femenino y pobreza. Un análisis con enfoque de género
© Centro de Investigación y Desarrollo. Universidad Regional Autónoma de Los Andes - Extensión Santo Domingo. Ecuador.
169
padres o madres que no tienen la custodia de sus hijos, de contribuir a la manutención de sus
necesidades básicas y de desarrollo, lo cual contribuiría a la disminución de los indicadores de
pobreza femenina ya identificados.
En su estudio meta-analítico sobre aportes sociológicos al tema en el estado del arte, las autoras:
- Identifican un criterio longitudinal compartido: el estado de la estructura familiar (asociada al
monto de los ingresos económicos familiares como indicador básico y esencial), impacta en
la dinámica funcional de las familias e, integralmente, en la calidad de vida de sus miembros.
- Consideran que las carencias económicas y la mala calidad de vida en las familias no tienen
una asociación o correspondencia forzosa con la monoparentalidad. Diversas comunidades
científicas de EE.UU., dedicadas a estudios socio-psicológicos de la familia, han adoptado
con acierto el concepto de familia frágil o vulnerable para denominar a las afectadas por
problemas económicos y/o de estructura; sin asociarlo de manera automática con tipos
específicos de familia. Con ese criterio coinciden otros autores que cuestionan la tesis de
feminización de la pobreza en vínculo biunívoco con hogares de jefatura femenina. Los
hogares encabezados por un solo miembro no son un conjunto homogéneo y su situación
puede variar desde la pobreza hasta el bienestar, en dependencia de variables como
exclusividad o diversidad de perceptores de ingresos en el hogar.
- Comparten el criterio de Beck, Cooper, Mc Lanahan& Brooks-Gunn (2010: 221ss), de que la
monoparentalidad es un estado transicional que puede acontecer en el desarrollo de la familia.
- Se adscriben a la opinión de que las disfuncionalidades familiares, como norma, tienen una
causa esencial en la calidad de las relaciones en el subsistema parental, que puede tener
condicionamientos múltiples en diversos tipos de familia; según se infiere de lo aportado por
Mc Lanahan& Beck (2010: 18ss) y Carlson& Mc Lanahan (2010: 243ss).
- Conciben que el desarrollo de la monoparentalidad familiar postdivorcio o separación, es tan
dinámica como diversificada en sus tendencias actuales (Amato, 2010: 650ss). Este tipo de
familia sólo deviene problemática cuando las disfuncionalidades que puedan tener afecten la
salud, la conducta y los resultados del desempeño individual y social de sus miembros.
Es un hecho que la pobreza puede afectar a las familias monoparentales de sustento femenino y
estas, a su vez, inducir la feminización de la pobreza. La multiplicación de las situaciones de
monoparentalidad, ha hecho más visible para la sociedad el papel de la mujer en ese proceso. No
obstante, no califica de manera absoluta el estado de la función económica en la familia
monoparental. Si bien, en muchos casos, la transición de la familia a la monoparentalidad supone
mayores limitaciones en el cumplimiento de la referida función, no puede eludirse el análisis
desde la perspectiva de género, declarativo de que la situación económica de las madres al frente
de familias monoparentales, se expresa en el modo y proporción en que estas tienen acceso a la
parte de la riqueza social disponible.
En las familias monoparentales:
Pueden encararse limitaciones y carencias económicas derivadas de la precariedad de
ingresos que, entre otras razones, se debe a lo incompleto del subsistema parental a
cargo de la alimentación (en el sentido amplio, jurídico, de este término) de la familia;
sea cual fuere el sexo de quien lidere a la familia en esa situación.
El mayor peso relativo de la función económica familiar compromete la atención
Arlés Orihuela Gómez, Rosa María Reyes Bravo
170
Revista Mikarimin. Publicación cuatrimestral. Vol. VII, Año 2021, No. 3 (septiembre-diciembre)
preferente de quien la sustenta, quedando diferidas, también de manera relativa, las
restantes funciones. Si el sustento familiar fuese masculino o solamente masculino, la
atención se enfocaría también en la económica, en tanto garante de la supervivencia
familiar.
Compiten en desventaja social, como resultado de la precaria atención a la función
educativa por uno de los progenitores, habitualmente la madre, quien queda a cargo de
la custodia, en muchos casos asociándose a la deserción paterna, lo que puede
manifestarse en comportamientos disfuncionales de los hijos (Cervini, Dari y Quiroz,
2014: 569-597). Un sustento únicamente masculino en familias monoparentales
podría tener ante sí una situación semejante como desafío.
La pobreza es un riesgo o una realidad a la que se tienen que enfrentar numerosas familias
monoparentales, pero esta no es causada por la estructura familiar, ni porque las mujeres que las
encabecen sean entes limitados per se; sino por la situación de desventaja de la mujer en el
mercado laboral, el déficit del nivel de instrucción femenino, la falta de apoyo social, de
infraestructuras para el cuidado de los hijos y el impacto negativo de las asignaciones culturales
de raigambre patriarcal.
Muchas de las mujeres en tal situación proceden de capas sociales donde predomina un enfoque
de subsistencia, que no puede priorizar la educación familiar y mucho menos la de ellas. En la
mayoría de esas féminas, la única aspiración es casarse y formar una nueva familia. Al romperse
el subsistema parental de la familia creada, no poseen recursos personales (económico-materiales,
psicológicos, intelectuales, destrezas…) para salir adelante y quedan en situación de absoluta
pobreza.
Fuera del contexto familiar, la mujer tiende a auto-limitarse. La explicación de este fenómeno se
encuentra en el proceso de formación de la personalidad, en los deberes que van asumiendo las
mujeres desde la más temprana infancia, los cuales se reflejan en su comportamiento a lo largo de
su vida, como es asumir las tareas domésticas y el cuidado de los hijos como algo netamente
femenino. A su vez, a las mujeres les adjudican el desempeño de roles más monótonos y pasivos,
en general, de acuerdo con las cualidades convencionales del patrón de conducta femenina
instituido: paciencia, sumisión, minuciosidad y permanente sometimiento a la autoridad.
En relación con los escasos beneficios provenientes del Estado, según Prud’homme (op. cit.), la
atención que se da a las familias monoparentales en los países desarrollados está vinculada al
redescubrimiento de la pobreza, así como al debate sobre la eficacia y el costo de la ayuda social.
Es muy escaso todavía el aporte de la comunidad científica cubana al estado del arte sobre el
tema. No obstante, la legislación vigente en Cuba ofrece valiosa información supletoria que
compensa tal déficit. Según la Constitución de la República de Cuba, aprobada en 2019 y su
predecesora de 1976, así como en la legislación laboral que se le corresponde, salarialmente no
existe discriminación alguna respecto a la mujer. El derecho laboral cubano desde 1959 y su
actualización en la Ley #116/2020, norma la igualdad en el salario entre mujeres y hombres.
Sin embargo, a pesar de lo legislado, que ha tenido como pilares básicos la promoción del
desarrollo social y humano, la equidad y la justicia social; una investigación realizada por el
Instituto de Estudios e Investigaciones del Trabajo (IEIT), en 2006, referida al análisis del
comportamiento de los salarios recibidos por hombres y mujeres en iguales puestos de labor,
concluyó en que la brecha salarial fue desfavorable para las mujeres, pues éstas recibieron 2%
Mikarimin. Revista Científica Multidisciplinaria ISSN 2528-7842
Monoparentalidad familiar con sostén femenino y pobreza. Un análisis con enfoque de género
© Centro de Investigación y Desarrollo. Universidad Regional Autónoma de Los Andes - Extensión Santo Domingo. Ecuador.
171
menos de salario que los hombres. Las afectaciones salariales por ausencias al trabajo estuvieron
relacionadas con problemas de enfermedad (60%), cuidado de hijos y familiares (22%) y licencia
de maternidad (18%). Estas cifras denotan que la desigual carga de trabajo reproductivo que
recae sobre la mujer se traduce en diferencias desfavorables en el promedio de días laborados en
el mes con respecto al hombre (Colectivo de autores, 2007). En otras investigaciones realizadas
en La Habana, se constató que, en los grupos de menores ingresos monetarios, el 57% de los
sujetos eran mujeres (Ferriol y Añé, 2004).
Hay directivos que prefieren seleccionar hombres para ocupar plazas determinadas en centros
laborales, por el concepto aludido de que las mujeres son las principales cuidadoras de los hijos.
Luego entonces, la igualdad defendida en las normas jurídicas cubanas sufre el impacto de los
asignados culturales de género. La diferencia radica que en otros países la diferencia salarial
resulta nominalmente y de manera directa por ser mujeres; mientras que en la realidad de Cuba
esa diferencia es subsidiaria, no directa, relacionada con descuentos salariales asociados a
ausencias por disímiles motivos, vinculados en su mayoría a las asignaciones culturales de ser
mujer y sus efectos en términos de sobrecarga de roles y sus efectos en la salud femenina.
Por otro lado, la tasa de actividad económica femenina mantuvo una dinámica de crecimiento,
pasando de 53,3 % en 2000 a 56,7% en el 2007, mientras que la masculina mostró descenso
(Colectivo de autores, 2010: 39). Si bien eso evidencia el impacto favorable de las políticas
públicas cubanas en el desempeño social de las mujeres; aún persisten las barreras para su
participación más protagónica en los espacios públicos.
En Cuba aún manifiestan vigencia práctico-social los roles patriarcales asignados y asumidos por
mujeres y varones, denominados por Burín y Meler (2007) con las metáforas “techo de cristal”
(para referirse a un límite invisible que los Otros colocan en las potencialidades de desarrollo de
las mujeres) y “piso pegajoso” (el difícil despegue o expresión de las potencialidades de
desarrollo de las mujeres, por su apego y defensa de los estereotipos y roles tradicionalmente
femeninos).
Por otra parte, en el país no solo se eliminó el abismo de calificación profesional entre mujeres y
hombres, sino que en varios desempeños ellas son mayoría. De acuerdo con Ravsberg (2014), en
ese año ya el 66% de la fuerza técnica del país era femenina; ascendiendo a 67,2% en 2015,
según el Anuario Estadístico de Cuba (2016), donde también se informa que el 48% de los
diputados a la Asamblea Nacional son mujeres. El 39 % de los especialistas en la esfera científica
profesional, el 61,7 % del profesorado y el 55,5 % de los médicos eran féminas. Hoy son mujeres
el 66,2% de los médicos, el 87,7 % del personal de Enfermería, el 76,1 % de los tecnólogos de la
salud y el 74,3 % de los estomatólogos; mientras que el 77, 7% de los investigadores de alto nivel
que dirigen el desarrollo de las cinco vacunas cubanas contra la Covid-19 son del sexo femenino
(Silva y Martínez, 2021).
Empero, repercute en lo cotidiano de los hogares las carencias materiales generadas por la crisis
económica que afecta al país, lo que aminora y matiza el impacto social positivo de las políticas
sociales, ya que la dinámica funcional hogareña es responsabilidad eminentemente femenina. La
vigencia de los mencionados asignados culturales de tipo patriarcal tiene como efecto negativo la
duplicación de la jornada laboral para las mujeres cubanas trabajadoras.
Otras investigaciones cubanas reflejan que, entre las madres solas, no predominan las de
solvencia económica que deciden responsablemente su maternidad, sino las jóvenes desocupadas
Arlés Orihuela Gómez, Rosa María Reyes Bravo
172
Revista Mikarimin. Publicación cuatrimestral. Vol. VII, Año 2021, No. 3 (septiembre-diciembre)
con familias en desventaja social, escaso apoyo paterno, generalmente menores de veinte años y
provenientes de familias monoparentales. Ellas consideran que deben tenerse condiciones para
ser madre, pero no asocian la responsabilidad económica como una de esas condiciones. Las
autoras consignan que es de larga data, develada por Reca y Álvarez (1998), la tendencia vigente
a que la maternidad soltera sea la de madres con niveles bajos de educación, inserción social y
condiciones materiales de vida tiende a reproducirse generacionalmente en la familia dada.
Zabala (1999c:115), constató desde hace dos décadas, la relación entre jefatura femenina del
hogar y precariedad económica, peculiaridad que se acentúa en indicadores tales como: embarazo
precoz, baja calificación técnica, condiciones desfavorables de vivienda, ausencia de atención
material y afectiva por parte de los padres separados de sus hijos. En todo caso, los bajos ingresos
familiares en familias monoparentales, impactan significativamente de modo negativo en:
La salud de la mujer al frente de sus familias y del resto de sus miembros
La limitación del acceso familiar – especialmente del materno -, a la superación cultural lato
sensu, pues la distribución del tiempo por la madre para el cumplimiento de las funciones
familiares está signada por la sobrecarga de roles que esta sufre y se desplaza hacia la función
económica como garante básica del sostén familiar. La precaria o nula disponibilidad del tiempo
por la madre para superarse culturalmente, le resta a ella posibilidades de adquirir los recursos
intelectuales necesarios y suficientes, que le faciliten solucionar conflictos familiares diversos
que atentan contra la funcionalidad familiar.
En Cuba, las mujeres afectadas por la contracción del empleo del llamado Período Especial,
recibieron protección social del Estado por diferentes vías. Lo que más les ha afectado es la
precaria disponibilidad de bienes y recursos (alimentos, energía, artículos de aseo, vestuario,
calzado y medicinas) y la mala calidad de los servicios sociales, en un escenario donde el
imaginario social de tipo patriarcal, aún vigente, les encarga asumir las responsabilidades
familiares.
Las políticas públicas diseñadas y aplicadas en el país durante las últimas cuatro décadas, y en
particular a partir de 1990, pese a sus limitaciones, han tratado de paliar el impacto de la pobreza.
De otro lado, las estrategias adoptadas por las familias cubanas para enfrentar la crisis muestran
formas creativas de cumplir con la función económica familiar. Queda mucho por hacer para
elevar el nivel de vida material de la población, perfeccionar la gestión económica e implementar
formas más efectivas de democracia participativa.
Los estudios desarrollados por Zabala (2009; 1999a; 1999b; 1999c), en contextos de pobreza
desde la perspectiva familiar, destacan aspectos referidos a la subjetividad de los sujetos
involucrados y las formas en que las familias enfrentan la pobreza con sus estrategias de vida.
Esos estudios confirmaron que las familias monoparentales con sustento femenino, presentan
condiciones de vida desfavorables como situación crítica de la vivienda, mobiliario y
equipamiento doméstico deficiente, situación económica precaria debido a ingresos monetarios
que no satisfacen las necesidades familiares, elevada cantidad de menores a su cargo y
desatención paterna, inestabilidad de las uniones, preeminencia del rol materno en todos los
ámbitos de la vida familiar; patrón de maternidad temprana y elevada fecundidad, que se
reproduce generacionalmente; limitaciones del rol educativo de la familia y sus consecuencias en
problemas escolares y de conducta de niños y adolescentes, aguzado contraste entre el
protagonismo de la mujer en el ámbito familiar y su limitado nivel de integración y participación
Mikarimin. Revista Científica Multidisciplinaria ISSN 2528-7842
Monoparentalidad familiar con sostén femenino y pobreza. Un análisis con enfoque de género
© Centro de Investigación y Desarrollo. Universidad Regional Autónoma de Los Andes - Extensión Santo Domingo. Ecuador.
173
social, acentuación de la situación de pobreza en ciertas etapas del ciclo de vida familiar, cuando
aumenta la cantidad de hijos, y luego de crisis familiares relacionadas con la separación/
divorcio.
En un estudio realizado con mujeres jefas de hogar en un barrio habanero, demostró que ser
mujer sola no era causa obligada de vulnerabilidad; sino las condiciones difíciles en que esa
mujer desempeña su rol materno, donde se conjuga una alta carga de roles en hogares con ella en
calidad de único proveedor, sus ingresos provenientes de empleos no calificados, y deserción
paterna. La vulnerabilidad de los hogares estudiados estaba concentrada en las familias
monoparentales femeninas, era más acentuada en aquellas en las que las mujeres no tenían
vínculo laboral y se encontraban en fases tempranas del ciclo de vida familiar (Zabala, 2009).
Las condiciones de vida de las familias cubanas están marcadas por desigualdades sociales, que
las políticas económicas y sociales del país no han resuelto todavía para alcanzar una sociedad
más equitativa (Colectivo de autores, 2010: 56). Es impostergable crear para esas familias,
mecanismos de gestión más particularizados que se complementen con la universalidad de esas
políticas, que sean paliativos de las diferencias de desarrollo socio-familiar y relacionados con la
solución de las necesidades más perentorias (acumuladas y emergentes) de las familias más
vulnerables y las particularidades del entorno geográfico en que se encuentran, entre otros
indicadores (Espina et al., 2004; Zabala, 2009; 1999a; Kaen y Lencina, 2017; Ferriol y Añé,
2004; Colectivo de autores, 2010:56). En otras palabras, se sugiere el estudio de la
interseccionalidad que, según Winker y Degele (2011), incluye diversas perspectivas de análisis
en su interacción: estructuras sociales de desigualdad, particularidades de los escenarios y
contextos, representaciones simbólicas, culturales y construcciones de identidad vigentes.
Es por ello por lo que para eliminar la feminización de la pobreza se necesitan múltiples líneas de
acción:
- Enfocar las políticas públicas hacia la vulnerabilidad de las familias con niños mediante
programas dirigidos a la conciliación trabajo‐familia y la redistribución de los costos del
cuidado (Ullmann, Maldonado y Nieves, 2014).
En Cuba se aprobó por el Consejo de Estado (Decreto presidencial 198/2021) el Plan
Nacional para el Adelanto de las Mujeres (PAM), que reafirma la voluntad política de
continuar transformaciones en función de la equidad de género, demanda a los Organismos de
la Administración Central del Estado que se involucren sistemáticamente en el desarrollo de
las mujeres en la sociedad, así como fomentar políticas públicas para la educación de género
en las familias y las comunidades (Castro y Ramos, 2020:8). El PAM es continuidad del Plan
Nacional de Seguimiento a la Conferencia de Beijing, que fue un acuerdo del Consejo de
Estado en julio de 1997. Las áreas claves del Programa son: empoderamiento económico de
las mujeres, medios de comunicación, educación, prevención y trabajo social, acceso a la
toma de decisiones, legislación y derecho, salud sexual y reproductiva, estadísticas e
investigaciones.
- Contribuir al empoderamiento de las mujeres en general y a las que sustentan a sus
familias en particular - según las autoras -, a través de programas de formación académica
y de extensión cultural en las comunidades, cuyo público objetivo esté integrado por
mujeres y hombres.
Arlés Orihuela Gómez, Rosa María Reyes Bravo
174
Revista Mikarimin. Publicación cuatrimestral. Vol. VII, Año 2021, No. 3 (septiembre-diciembre)
En Cuba existen estudios – aún muy escasos en número - que contribuyen a ese
empoderamiento desde un contexto de gestión y competencia social, por ejemplo: el Proyecto
Mujeres en Desarrollo, el cual consiste en entrenar habilidades info-comunicativas para el
emprendimiento femenino con énfasis en el desarrollo local, en varias comunidades de la
Habana, en conjunto con los actores comunitarios de los Talleres de Transformación Integral
del Barrio (Leyva et al.: 2016:52). Este tipo de experiencia posibilita el emprendimiento
femenino desde las necesidades del desarrollo territorial.
Otro estudio, que desde una perspectiva de género devela la subjetividad de la mujer cubana
profesional, su necesidad de empoderarse y de fomentar su desarrollo se corresponde con la
investigación realizada por Reyes (2007) en las últimas dos décadas e integrada al Centro de
Estudios de Equidad de Género de la Universidad de Oriente. También, lo aportado por
Orihuela (2019), sobre intervención psicosocial con mujeres que sustentan a familias
monoparentales postdivorcio/separación para adiestrarlas en cómo mejorar la funcionalidad
familiar. Estas investigaciones aportan estrategias para el crecimiento espiritual y
emprendedor de las mujeres en la contemporaneidad cubana.
CONCLUSIONES
La tendencia a la feminización global de la pobreza, devela sus características y peculiaridades
nacionales y regionales, en investigaciones que identifican su causa fundamental en el impacto
negativo múltiple de los instituyentes tradicionales relacionados con asignaciones culturales de
género, portadores de patrones patriarcales aún vigentes; y no por sus posibles vínculos con
determinados tipos de familia, incluidos los encabezados por mujeres solas que, como
consecuencia de ese impacto y sus diversas secuelas discriminatorias, no son responsables de la
vulnerabilidad de las familias que ellas sustentan.
El proceso corrector de esa tendencia recomienda promover en Cuba políticas públicas que
viabilicen una mayor equidad, mecanismos y estrategias dirigidos a solventar las necesidades más
acuciantes de las familias monoparentales; así como empoderar a las mujeres al frente de las
mismas, lo cual impactaría proactivamente en su participación social y desarrollo. Su aplicación
debe enriquecer el proyecto de emancipación de la mujer con aplicación de políticas sociales que
garantizan, de manera universal, las oportunidades de empleo y calificación, atención a la salud
reproductiva y seguridad social de las féminas.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Amato, P. R. (2010). Research on Divorce: Continuing Trends and New Developments. JOURNAL OF
MARRIAGE AND FAMILY 72: 650-666.
Anuario Estadístico de Cuba (2016). La Habana: CEPDE-ONE. (en línea). Disponible en:
http://www.one.cu/publicaciones/08informacion/panorama2015/43%20Mujer.pdf [Consultado el 5 de septiembre de
2017]
Ayala, D. E. (2015). Feminización de la Pobreza: Incorporación de la perspectiva de género para entender la
multidimensionalidad de la pobreza. Año 2015. REVISTA POBLACIÓN Y DESARROLLO no. 21 (41)17-28.
Baeza, M. (2015). Breve análisis de la feminización de la pobreza en Chile. REVISTA CHILENA DE DERECHO Y
CIENCIA POLÍTICA, Vol. 6 No.2.
Bárcena, A. y Prado, A. (2016b). El imperativo de la igualdad: por un desarrollo sostenible en América Latina y el
Caribe. Argentina/CEPAL: Siglo Veintiuno Editores.
Bárcena, A. y Prado, A. (2016a). Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Una oportunidad para
América Latina y el Caribe. Naciones Unidas. CEPAL.
Mikarimin. Revista Científica Multidisciplinaria ISSN 2528-7842
Monoparentalidad familiar con sostén femenino y pobreza. Un análisis con enfoque de género
© Centro de Investigación y Desarrollo. Universidad Regional Autónoma de Los Andes - Extensión Santo Domingo. Ecuador.
175
Beck, A. y otros (2010). Partnership Transitions and Maternal Parenting. JOURNAL OF MARRIAGE AND
FAMILY 72 (April 2010): 219-233.
Burin, M. y Meller, I. (2007). Inserciones laborales endebles y la construcción de las masculinidades. Un estudio en
la ciudad de Buenos Aires y el Conurbano. Buenos Aires: Editora de la Universidad de Ciencias Empresariales y
Sociales.
Caisse Nationale des Allocations Familiales (2015). La rama de la familia en la seguridad social francesa. (en línea).
Disponible en:
https://www.caf.fr/sites/default/files/cnaf/Documents/international/divers/Espagnol%20Pr%C3%A9sentation%20bra
nche%20famille_2015.pdf [Consultado el 20 de septiembre de 2018]
Cañete, R. (2020). Las desigualdades de género en el centro de la solución a la pandemia de la covid-19 y sus crisis
en América Latina y el Caribe. FUNDACIÓN CAROLINA, abril 2020. Madrid – España www.fundacioncarolina.es.
ISSN: 2695-4362 (en línea). Disponible en: https://doi.org/10.33960/AC_20.2020 [Consultado el 14 de septiembre
de 2021]
Carlson, M. J. y Mc Lanahan, S. S. (2010). Fathers in Fragile Families. En Lamb, M. E. (ed). THE ROLE OF THE
FATHER IN CHILD DEVELOPMENT (5ª edición) (pp. 241-269). New York: Wiley & Sons.
Castro, Y. y Ramos, G. (2020). ¿Qué define al Programa Nacional para el Adelanto de las Mujeres? Periódico
Granma, p.8, 13 de noviembre de 2020.
Catasús, S. y Proveyer, C. (1999). Género y jefatura del núcleo familiar en Cuba hoy: Consideraciones sociológicas
y demográficas. En: DIVERSIDAD Y COMPLEJIDAD FAMILIAR. Centro de Estudios demográficos y Centro
Iberoamericano de Estudios sobre Familia. ISBN 959-7005-18-2
CEPAL (2015). Informe regional de examen y evaluación de la Declaración y la Plataforma de Acción de
Beijing (1995) y el documento final del vigesimotercer período extraordinario de sesiones de la Asamblea General
(2000) en los países de América Latina y el Caribe. Santiago de Chile, Chile: CEPAL.
CEPAL (2016). Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Una oportunidad para América Latina y el
Caribe. Santiago. (en línea). Disponible en: www.cepal.org [Consultado el 4 de agosto de 2021]
Cervini, R.; Dari, N. y Quiroz, S. (2014). Estructura familiar y rendimiento académico en países de América Latina:
los datos del segundo estudio regional Comparativo y Explicativo. REVISTA MEXICANA DE INVESTIGACIÓN
EDUCATIVA, 19(61), 569-597.
Chávez, E. (2006). El combate contra la pobreza en Cuba. Políticas públicas y estrategias familiares. En soporte
electrónico del archivo de las autoras.
Colectivo de autores (2007). 50 años después: mujeres en Cuba y cambio social. Oxfam international.
Colectivo de autores (2010). Las familias cubanas en el parteaguas de dos siglos. Centro de Investigaciones
Psicológicas y Sociológicas (CIPS), Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de la República de
Cuba/Colombia: D’vinni S.A.
Cooper, C. E. y otros (2011). Partnership Instability, School Readiness, and Gender Disparities. SOCIOLOGY OF
EDUCATION. 84(3)
Deere, C. D. y León, M. (2005). La brecha de género en la propiedad de la tierra en América Latina. ESTUDIOS
SOCIOLÓGICOS, Vol. 23, No. 68 (mayo-agosto, 2005), pp. 397-439.
Espina, M. y otros (2004). Heterogenización y desigualdades en la ciudad. Diagnóstico y perspectivas. Resumen. La
Habana: CIPS.
Expansión (2017). Datos macro. (en línea). Disponible en: https://datosmacro.expansion.com/demografia/tasa-
alfabetizacion. [Consultado el 11 de julio de 2019]
Ferriol, Á.; Ramos, M. y Añé, L. (2004). Reforma económica y población en riesgo en Ciudad de La Habana.
Informe de investigación. La Habana, Cuba: Instituto Nacional de Investigaciones Económicas (INIE), Centro de
Estudios de Población y Desarrollo (CEPDE), Oficina Nacional de Estadísticas (ONE).
Arlés Orihuela Gómez, Rosa María Reyes Bravo
176
Revista Mikarimin. Publicación cuatrimestral. Vol. VII, Año 2021, No. 3 (septiembre-diciembre)
Fisher, M. (2015). Women of Color and the Gender Wage Gap. (en línea). Disponible en:
https://www.americanprogress.org/issues/women/reports/2015/04/14/110962/women-of-color-and-the-gender-wage-
gap/[Consultado el 5 de septiembre de 2017]
FNUAP (2002). Estado de la población mundial. Nueva York: UNFPA.
Ibarrola, S. (2015). La Feminización de la Pobreza en Vitoria-Gasteiz. El impacto de la crisis 2007-2015 en las
mujeres. III Plan para la Igualdad de Mujeres y Hombres de Vitoria-Gasteiz (2014-2015). España: Ayuntamiento de
Vitoria-Gasteiz. Servicio de Igualdad.
Jacobsen, J. P. (2007). The Economics of Gender. Malden, Massachusetts: Blackwell.
Kaen, C. y Lencina, I. (2017). Feminización de la pobreza: intervenciones posibles. REVISTA MARGEN no. 87,
diciembre de 2017. Argentina.
Lagarde, M. (1999). Claves feministas para el poderío y la autonomía de las mujeres. Sevilla: Instituto Andaluz de la
Mujer.
Lagarde, M. (2003). Los cautiverios de las mujeres: madresposas, hijas, presas, putas, locas. (en línea). Disponible
en: Recuperado el 19/09/2018 de: http://creatividadfeminista.org/articulos/sex_2003_lagarde.htm [Consultado el 19
de marzo de 2018]
Lehmann, P. y Wirtz, Ch. (2004). Household formation in the EU. Lone-parents. Eurostat Statistics in Focus (2004).
(en línea). Disponible en: http://epp.euroestat.ec.europa.eu/cache/itty_offpub/ks-nk-04-005-en.pdf [Consultado el 20
de septiembre de 2018]
Leyva, Y. y otros. (2016). Mujeres en desarrollo. Sistematización de una experiencia. En: CAMINOS, REVISTA
CUBANA DE PENSAMIENTO SOCIO TEOLÓGICO, no. 80-81 abril-septiembre. ISSN: 1025-7233.
Ministerio del Trabajo y Seguridad Social (2020). Ley #116/2020. Gaceta Oficial de la República de Cuba.
Muñoz‐Boudet, A. y otros. (2020). A Global View of Poverty, Gender, and Household Composition. Washington,
DC: World Bank.
ONU (1995). Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Social. Copenhague, 11 al 12 de marzo de 1995. New York:
ONU.
ONU (2000). Declaración del Milenio de las Naciones Unidas, Cumbre del Milenio, del 6 al 8 de septiembre de
2000. New York: ONU.
Orihuela, A. (2019). Intervención psicosocial con mujeres al frente de familias monoparentales. (CD-ROM) En:
MEMORIAS DE LA IX CONVENCIÓN CIENTÍFICA INTERNACIONAL CIUM’ 2019; II ENCUENTRO
INTERNACIONAL DE CIENCIAS SOCIALES, Universidad de Matanzas, Cuba. ISBN: 978 – 959 – 16 – 4279 – 0.
PNUD (2014). Informe de Desarrollo Humano. Sostener el Desarrollo Humano. Construir resiliencia. New York:
ONU.
Prud’homme, N. (2003). Las familias monoparentales. Informe presentado en la Reunión regional para las Américas.
Servicios Sociales y asignaciones familiares: Una seguridad social para todos. San José. Costa Rica, 27 -29 de enero.
Ravsberg, F. (2014). El protagonismo de la mujer cubana: CARTAS DESDE CUBA, marzo 31, 2014. (en línea).
Disponible en: http://cartasdesdecuba.com/el-protagonismo-de-la-mujer-cubana/ [Consultado el 15/02/2021]
Reca, I. y Álvarez, M. (1998). Identificación de aspectos relativos a la función de la reproducción social de la
familia. La Habana: CIPS. Archivo del Dpto. de Estudios sobre Familia.
Reyes, R. (2007). Autonomía en mujeres profesionales: una estrategia de intervención para promover su desarrollo.
Tesis presentada al grado científico de Doctora en Ciencias Psicológicas. Facultad de Psicología. Universidad de La
Habana.
Silva, Y. y Martínez, M. (2021). Las mujeres salvan a Cuba. Periódico Granma, 24 de agosto de 2021, p.5. La
Habana, Cuba.
Mikarimin. Revista Científica Multidisciplinaria ISSN 2528-7842
Monoparentalidad familiar con sostén femenino y pobreza. Un análisis con enfoque de género
© Centro de Investigación y Desarrollo. Universidad Regional Autónoma de Los Andes - Extensión Santo Domingo. Ecuador.
177
Ullmann, H.; Maldonado, C.; Nieves, M. (2014) La evolución de las estructuras familiares en América Latina, 1990-
2010. Los retos de la pobreza, la vulnerabilidad y el cuidado. Serie Políticas Sociales. CEPAL-UNICEF. Santiago
de Chile
UNICEF (2020). Informe Anual sobre el Estado Mundial de la Infancia. UNICEF, ONU.
Warren, T.; Pascall, G. y Fox, E. (2010). Gender Equality in Time: Low-Paid Mothers' Paid and Unpaid Work in the
UK. FEMINIST ECONOMICS 16 (3): 193-219.
Winker, G. y Degele, N. (2011). Intersectionality as multi-level analysis: Dealing with social inequality. En:
EUROPEAN JOURNAL OF WOMEN'S STUDIES, N°18, pp. 51-66. (en línea). Disponible en:
http://ejw.sagepub.com/content/18/1/51.abstract [Consultado el 19 de octubre de 2020]
World Bank (2015). FAQs: Global Poverty Line Update. World Bank, 30/09/2015.
Zabala, M. (1999a). Alternativas de estrategias comunitarias para la atención a la pobreza. CAMINOS. REVISTA
CUBANA DE PENSAMIENTO SOCIOTEOLÓGICO. La Habana: Centro Memorial Dr. Martin Luther King Jr.,
nos. 15-16.
Zabala, M. (1999b). Aproximación al estudio de la relación entre familia y pobreza en Cuba. Tesis de Doctorado. La
Habana: Universidad de la Habana.
Zabala, M. (1999c). Algunas consideraciones sobre familia y pobreza en Cuba. En: DIVERSIDAD Y
COMPLEJIDAD FAMILIAR EN CUBA (1999). La Habana: CEDEM / Instituto Iberoamericano de Estudios sobre
la Familia.
Zabala, M. (2009). Jefatura femenina de hogar, pobreza urbana y exclusión social: una perspectiva desde la
subjetividad en el contexto cubano (1ª edición). Buenos Aires: Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales –
CLACSO. ISBN 978-987-1543-36-6.
Arlés Orihuela Gómez, Rosa María Reyes Bravo
178
Revista Mikarimin. Publicación cuatrimestral. Vol. VII, Año 2021, No. 3 (septiembre-diciembre)