
Humberto Cuesta Ormaza, Eliá Cevallos Barragán, Kristel Ríos Armijos, Lucía Begnini Domínguez
Revista Mikarimin. Publicación cuatrimestral. Vol. VIII, Año 2022, No. 1 (enero-abril)
Lo que Poster señala cuando habla de las prácticas específicas que realizan los sujetos y que en
base a estas prácticas y usos se crean nuevos tipos de sujetos “… un espacio que exhorta a
prácticas específicas, que a su vez sirven para reconfigurar nuevos tipos de sujeto” (Poster, 1995,
pág. 4) recuperado de (Hernández, Arciga, & García, 2010) Estos sujetos se unen en el espacio
virtual bajo intereses comunes, y pueden ser capaces de formar parte de varias redes totalmente
distintas y similares entre sí, por otro lado, viven atados por su cuerpo a su entorno cultural ya al
manejar ambos espacios, generan un sujeto que crea su propio espacio o “locus meus, o espacio
mío” un espacio propio que le genera satisfacciones, pero que le aleja del entorno familiar
inmediato y rompe la comunicación con sus iguales en el mundo real.
Si la tecnología es una construcción cultural, que da origen a las tecnologías culturales llamadas
así, por la circulación de estos nuevos sujetos en el hiperespacio de la red, y por su conocimiento
y manejo de las tecnologías es importante conocer cuál es el impacto del uso de estas tecnologías
y su impacto sociocultural en un contexto en particular, pero es importante definir primero que es
la tecnocultura.
Para ello se toma la definición de Terry Flew. El señala que hay tres niveles para entender la
tecnocultura para el caso que se analiza se utilizará la definición estructural o comunicativa en la
que se entiende a la “…Tecnología como sistemas cognitivos y de construcción de significados y
a la cultura como una (…) actividad Subyacente a un sistema estructural de códigos y
convenciones y a la que la acción social es orientada” (Flew, 2005).
De acuerdo con esto la tecnocultura crea una nueva relación entre el sujeto, la tecnología y la
cultura, lo vuelve indeterminado, trastoca su entorno genera impactos que pueden ser observados
por el otro, mas no por el sujeto, ya que se sumerge en el “locus meus”, en su espacio, en su “yo”
y desaparece transformándose en “… un punto en un circuito dentro de una máquina virtual o un
aparato digital” (Hernández, Arciga, & García, 2010).
Este comportamiento que al parecer es común en los hogares es fácilmente observable en los
espacios sociales padres, hijos adolescentes, niños se conectan por medio de las tecnologías, lo
que en apariencia es un avance, también es un retroceso ya que se rompe la relación paterno-
filial, para ello es necesario realizar una alfabetización digital a padres de familia como señalan
(Moreno, González, & Torres, 2017) con lo cual se rompen los mitos acerca del uso de las
tecnologías, ya que va más allá de satanizar o prohibir el uso.
Las condiciones sociales actuales en las que las familias conviven, más las horas de trabajo lleva
a que se haga uso de las varias tecnologías, ya no es solo la televisión, ahora es el celular, los
video juegos, el internet y las redes sociales, entre otros, etc., si bien es cierto, para finales del
siglo anterior el celular estaba restringido para los niños y los adolescentes, al momento el 50%
de la población de niños de 10 a 14 años usa celular y el 75% de 14 a 16 años, de hecho de
acuerdo a una publicación de la guía para padres y madres (Arza, 2008) es importante y necesario
que los padres apliquen el conocer, proteger y educar.
En la actualidad el teléfono inteligente para los adolescentes se convierte en un medio que facilita
al menos tres de sus necesidades: Primera está en relación a las relaciones sociales ya que le
permite estar en contacto con el otro de manera rápida y fácil; la segunda en torno a la identidad
porque a través de este construye su identidad frente a sus iguales y ante las personas adultas,
llámese familia, esto se visibiliza a través de todos los complementos que le ubica en el celular
(fondos de pantalla, carcasas, color del teléfono, tonos de llamada, etc.); y la tercera en torno a la