Mikarimin. Revista Científica Multidisciplinaria ISSN 2528-7842
Educación emocional como alternativa para mejorar la salud mental de los estudiantes universitarios
© Centro de Investigación y Desarrollo. Universidad Regional Autónoma de Los Andes - Extensión Santo Domingo. Ecuador.
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Educación emocional como alternativa para mejorar la salud mental de los estudiantes
universitarios
AUTORES: Manuel Liborio Chong Cruz
1
Elsye Teresa Cobo Litardo
2
Maritza Elizabeth Alcívar Saltos
3
DIRECCIÓN PARA CORRESPONDENCIA: mchong@uteq.edu.ec
Fecha de recepción: 11-01-2021
Fecha de aceptación: 29-03-2021
RESUMEN
La situación actual, producto de la pandemia, ha causado un empeoramiento de la situación
socioeconómica y mental de las personas, principalmente, de aquellas pertenecientes a los grupos
vulnerables. Este escenario nos obliga, como docentes, a buscar alternativas que podríamos
aplicar en clase y mejorar la salud mental de nuestros estudiantes y prevenir la aparición de otros
trastornos mentales. En la búsqueda de alternativas hemos encontrado algunos modelos teóricos
sobre inteligencia emocional. Los programas que se han basado en estos modelos han sido
efectivos para mejorar la salud emocional de las personas a quienes se les ha aplicado. El modelo
de competencias emocionales de Peter Salovey y John Mayer nos servirá para realizar un
esquema de actividades que podríamos utilizarlas en los estudiantes universitarios.
PALABRAS CLAVE: educación emocional; inteligencia emocional; competencia emocional;
trastornos mentales; salud mental.
Emotional education as an alternative to improve the mental health of university students
ABSTRACT
The current situation, because of the pandemic, has caused a worsening of the socioeconomic and
mental situation of people, mainly those belonging to vulnerable groups. This scenario forces us,
as teachers, to look for alternatives that we could apply in class and improve the mental health of
our students and prevent the appearance of other mental disorders. In the search for alternatives,
we have found some theoretical models on emotional intelligence. The programs that have been
based on these models have been effective in improving the emotional health of the people to
whom they have been applied. The model of emotional competences of Peter Salovey and John
Mayer will help us to carry out an outline of activities that we could use in university students.
KEYWORDS: emotional education; emotional intelligence; emotional competence; mental
disorders; mental health.
1
Máster en Psicopedagogía. Universidad Internacional de La Rioja. España. Profesor de la Facultad de Ciencias
Sociales y de la Educación y de la Facultad de Ciencias Empresariales. Universidad Técnica Estatal de Quevedo.
Ecuador. ORCID: 0000-0001-7223-9887
2
Máster en Dirección de Empresas. Universidad Regional Autónoma de Los Andes. Ecuador. Profesor de la Facultad
de Ciencias Empresariales. Universidad Técnica Estatal de Quevedo. Ecuador. Email: ecobo@uteq.edu.ec
ORCID:0000-0003-3005-722X
3
Máster en Administración de Empresas. Universidad Técnica Estatal de Quevedo. Profesor Universidad Técnica de
Babahoyo. Ecuador. Email: maritzaalcivar@gmail.com ORCID:0000-0002-7148-1548
Manuel Liborio Chong Cruz, Elsye Teresa Cobo Litardo, Maritza Elizabeth Alcívar Saltos
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Revista Mikarimin. Publicación cuatrimestral. Vol. VII, Año 2021, No. 1 (enero-abril)
INTRODUCCIÓN
La aparición del COVID-19 nos ha afectado a todos. Muchas actividades que se realizaban
normalmente, como asistir a los centros educativos, ir al cine, practicar deporte, participar en
reuniones sociales, etc., se han visto limitadas por los confinamientos y el miedo a contraer la
enfermedad.
Investigaciones muestran un incremento de trastornos mentales como consecuencia de la
pandemia y que se pueden verificar a través de algunas cifras. Mediante la aplicación de una
encuesta socioeconómica y la aplicación de la escala DASS-21 a 789 personas en el Ecuador se
descubrió que un alto porcentaje de personas, como consecuencia del COVID 19, mostraron
casos severos de depresión (10.3%), ansiedad (19.4%) y estrés (13.5%) (Tusev et al., 2020)
Entre 2014 y 2019 hubo 5300 suicidios, según el Observatorio Social del Ecuador. Esta situación
ha empeorado desde el inicio de la pandemia. Ocurrieron 977 suicidios en los primeros 10 meses
del año 2020, siendo ésta la principal causa de muerte entre adolescentes en el Ecuador (Ayuda
en Acción, 2021).
El crecimiento de los índices de desempleo y la desesperanza ante la situación actual provocada
por la pandemia está mermando, no únicamente la salud física, sino la salud mental, sobre todo
en los grupos más vulnerables entre los que podríamos incluir a los niños, jóvenes y adolescentes.
Indagaciones han determinado que el impacto de la pandemia en los jóvenes es sistemático,
profundo y desproporcionado y ha sido más perjudicial para las mujeres jóvenes, los jóvenes de
menor edad y los jóvenes que viven en países de ingresos más bajos. Estudios realizados revelan
que el 17 por ciento de los jóvenes probablemente sufran ansiedad y depresión. El bienestar
mental es menor entre las mujeres jóvenes y los jóvenes de menor edad, de entre 18 y 24 años.
Los jóvenes cuya educación o trabajo se había interrumpido o había cesado totalmente tenían casi
dos veces más probabilidades de sufrir probablemente ansiedad o depresión que los que
continuaron trabajando o aquellos cuya educación siguió su curso. Esto pone en evidencia los
vínculos existentes entre el bienestar mental, el éxito educativo y la integración en el mercado de
trabajo.
Aunque se ha verificado la importancia de la inteligencia emocional para alcanzar el éxito y el
bienestar, pues "el CI parece aportar tan sólo un 20% de los factores determinantes del éxito (lo
cual supone que el 80% restante depende de otra clase de factores)." (Daniel Goleman, 2012), no
se la ha considerado demasiado importante como para incluirla en los pénsum de estudio de los
centros educativos. Hoy, más que nunca, debido a la pandemia, estamos evidenciando la
necesidad de incluir a la educación emocional en las escuelas, colegios y universidades.
El material para este artículo lo obtuvimos mediante una investigación documental. La
información fue recolectada de diversas fuentes, preferentemente, libros, aunque también la
descargamos de determinadas páginas de internet relacionadas con el tema que nos atañe.
La información que obtuvimos fue analizada a través de una lectura minuciosa, para
posteriormente, a través de la síntesis, construir el documento final.
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DESARROLLO
¿Qué son las emociones?
Desde lo etimológico, ‘el término emoción viene del latín emotĭo-onis, que significa “impulso
que induce a la acción”. En este sentido las emociones son consideradas como pura energía que
nos motiva a actuar.’ (Malaisi, 2020).
Las emociones son estados complejos, que surgen como respuestas a ciertos acontecimientos
externos o internos, y entre sus características es que se manifiestan a través de un elevado estado
de alerta y de sentimiento personal. Un mismo estímulo puede provocar respuestas emocionales
diferentes en distintas personas porque el filtro a través del cual las interpretamos dependerá de
ciertas variables como, por ejemplo, nuestras experiencias, el estado de salud de nuestro sistema
nervioso y endocrino, etc.
Las emociones son parte importante de nuestra naturaleza. Son funcionales y adaptativas. Nos
informan sobre lo que es importante para nuestro bienestar y nos advierten de aquellas
circunstancias que pondrían nuestra vida en peligro para que respondamos adecuadamente. Todas
ellas, sean positivas o negativas, tienen un valor central en nuestra capacidad de sobrevivir. Las
emociones [...] “son necesarias para la supervivencia humana.” (Smith, 2019)
“Técnicamente, las emociones se definen como procesos psicofísicos, dinámicos y excitados de
reacción ante algo significativo y se expresan a través de la conducta verbal y no verbal.”
(Montoya Castilla et al., 2016). Darder y Bach (2006) van más allá al afirmar que las emociones
son la integración de lo innato, lo aprendido y lo vivido, y que comprenden los esquemas y
respuestas corporales, cognitivas y conductuales que aplicamos frente a diferentes
acontecimientos. Así, en palabras de Mestre et al. (2011), “las emociones son situaciones
complejas de las personas, que se producen como consecuencia de la organización de distintos
procesos, de carácter perceptual, corporal y motivacional.”
Una vez que la respuesta emocional es activada se puede distinguir tres componentes (Bisquerra
Alzina, 2011):
El componente psicofisiológico, que comprende las respuestas fisiológicas del cuerpo y
que se manifiesta a través de taquicardia, secreción de hormonas y neurotransmisores,
sudoración, aumento de la secreción gástrica, etc.
El componente comportamental, que se expresa principalmente a través del lenguaje no
verbal del cuerpo (postura del cuerpo, de los brazos) y de la cara (semblante). Las emociones se
reconocen con más claridad en la cara a través de la sonrisa, el llanto, los gestos de la ira, del
miedo, entre otros.
El componente cognitivo consiste en darnos cuenta de la emoción que estamos sintiendo y
definirla a través de un vocablo. Tomar conciencia de las emociones se ve potenciada por la
utilización del lenguaje.
Las respuestas psicofisiológicas, comportamentales y cognitivas favorecen la adaptación del
organismo, permitiéndole responder de manera adecuada a las exigencias del entorno.
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Ilustración 1. Componentes de una emoción
Lo primordial es reconocer que algunos de estos componentes pueden ser modificados a través de
un entrenamiento adecuado. Necesitamos tomar conciencia, por ejemplo, de nuestra actitud
valorativa, la cual fue adquirida mediante la interacción entre nuestras características personales
con nuestro entorno social y cultural. Las personas felices suelen tener una actitud valorativa más
positiva, es decir, perciben con más facilidad los aspectos positivos de los comportamientos
ajenos, propios y de los acontecimientos (Salmurri, 2004).
Bisquerra & López-Cassá (2020) afirman que, de igual manera, los tres componentes de una
respuesta emocional pueden ser alterados mediante la educación emocional. Las reacciones
psicofisiológicas pueden ser condicionadas a través de la práctica consciente de la respiración, la
relajación, el mindfulness; la respuesta comportamental mediante la enseñanza de habilidades
sociales, regulación emocional, autocontrol de la impulsividad; y la respuesta cognitiva al tomar
conciencia de nuestras emociones y tomar decisiones sobre su duración.
Clasificación de las emociones
Para Bisquerra & López-Cassá, (2020), las emociones podrían clasificarse en primarias o
secundarias, o de acuerdo a su valencia, en positivas o negativas. Las emociones básicas o
primarias se encuentran presentes en los animales superiores, principalmente en los mamíferos.
Las emociones secundarias serían todas aquellas que no están incluidas en el grupo de las
primarias o básicas. Conviene recalcar que negativas no es sinónimo de “malas”. Todas las
emociones, positivas o negativas cumplen un papel importante en la vida y supervivencia del ser
humano.
Aunque existe polémica respecto a cuántas emociones podemos experimentar, hay evidencia
científica de la existencia de siete básicas: alegría, sorpresa, desprecio, tristeza, asco, ira y miedo
(Villanueva Badenes & González Barrón, 2014).
Robert Plutchik sugiere, en cambio, la existencia de 8 emociones básicas: miedo, tristeza,
aversión, anticipación, ira. alegría, aceptación y sorpresa (Bisquerra & López-Cassá, 2020).
Entre las muchas clasificaciones de las emociones, con la finalidad de enseñar a reconocer las
emociones, Bisquerra Alzina, (2016), nos sugiere la siguiente:
Tabla 1. Familias de las emociones
Emociones negativas
Miedo. Con* temor, horror, pánico, terror, pavor, desasosiego, susto, fobia, etc.
Ira. Con rabia, cólera, rencor, odio, furia, indignación, resentimiento, aversión,
exasperación, tensión, excitación, agitación, acritud, animadversión, animosidad,
irritabilidad, hostilidad, violencia, enojo, celos, envidia, impotencia, desprecio,
Acontecimiento
Valoración
Psicofisiológica
Comportamental
Cognitiva
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antipatía, rechazo, recelo, etc.
Asco. Con aversión, repugnancia, rechazo, desprecio.
Ansiedad. Con angustia, desesperación, inquietud, inseguridad, estrés, preocupación,
anhelo, desazón, consternación, nerviosismo.
Emociones positivas
Alegría. Con entusiasmo, euforia, excitación, contento, deleite, diversión, placer,
estremecimiento, gratificación, satisfacción, capricho, éxtasis, alivio, regocijo, humor.
Amor. Con aceptación, afecto, cariño, ternura, simpatía, empatía, interés, cordialidad,
confianza, amabilidad, afinidad, respeto, devoción, adoración, veneración,
enamoramiento, ágape, gratitud, interés, compasión.
Felicidad. Con bienestar, satisfacción, armonía, equilibrio, plenitud, paz interior,
tranquilidad, serenidad, gozo, dicha, placidez, paz interior, etc.
Familias especiales
Sorpresa. La sorpresa puede ser positiva o negativa. En esta familia se pueden
incluir: sobresalto, asombro, desconcierto, confusión, perplejidad, admiración,
inquietud, impaciencia. Relacionadas con la sorpresa, pero en el otro extremo de la
polaridad, pueden estar anticipación y expectativa, que pretenden prevenir sorpresas.
Emociones sociales. Con vergüenza, culpabilidad, timidez, vergüenza ajena,
bochorno, pudor, recato, rubor, sonrojo, verecundia.
Emociones estéticas. Las emociones estéticas son las que se experimentan ante las
obras de arte y ante la belleza.
Los fenómenos afectivos
Los seres humanos tenemos una dimensión emocional bastante rica y sumamente compleja
(Sánchez López, 2009).
A partir del eje central placer-dolor nuestra vida emocional se va enriqueciendo a lo largo de
nuestro desarrollo y se manifiesta de diversas maneras: emociones, sentimientos, episodios
emocionales y estados de ánimo.
Las emociones son reacciones concretas que nos preparan para la acción. Son fenómenos
breves e intensos. Difícilmente una emoción durará semanas o meses.
Los sentimientos inician con la emoción, pero pueden durar bastante tiempo, incluso toda
una vida, tal como el amor o el odio. Coinciden con el componente cognitivo de la emoción. El
sentimiento es la emoción hecha consciente y por esta razón está supeditada a la voluntad, por lo
que podemos alargarlo o acortarlo (Bisquerra & López-Cassá, 2020).
Los episodios emocionales duran más que las emociones. Estos estados afectivos suelen
estar asociados a un mismo acontecimiento. Un suceso determinado puede provocar una variedad
de emociones que son experimentadas como una sola. Un adolescente al graduarse puede sentir
alegría porque ha aprobado los exámenes y ha culminado una parte importante de su vida
estudiantil. Al mismo tiempo, puede sentir tristeza porque se alejará de algunos de sus amigos
(Bisquerra Alzina, 2016).
Manuel Liborio Chong Cruz, Elsye Teresa Cobo Litardo, Maritza Elizabeth Alcívar Saltos
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Los estados de ánimo son vagos e imprecisos y no necesitan un acontecimiento para
activarse. Son de menor intensidad que las emociones y su duración es variable. Suelen también
denominarse estados de humor, estados afectivos. Por eso, generalmente, los describimos
utilizando generalizaciones: estoy deprimido, estoy melancólico.
Ciertos rasgos de personalidad se asocian con algún estado emocional, en la medida en
que éste se manifiesta con cierta frecuencia en el comportamiento habitual de una persona. Por
eso se suele decir de alguien que es una persona alegre, triste, ansiosa, rabiosa, etc. Utilizando
estrategias de regulación emocional se puede cultivar aquella emoción que quisiéramos que fuese
parte de nuestra personalidad. Lo negativo es que el proceso de implementación puede tardar
meses, e incluso, años.
Inteligencia emocional
El término inteligencia emocional fue dado a conocer gracias a Daniel Goleman y a sus
afirmaciones sobre su influencia en muchas áreas de nuestra vida. Según Goleman, la inteligencia
emocional estaría integrada por cinco componentes: autoconsciencia, autorregulación,
motivación, empatía, y habilidades sociales (Goleman, 2012).
Ilustración 2. Competencias de la Inteligencia Emocional según Goleman
Definida, de manera sencilla, la inteligencia emocional “es la capacidad para tomar conciencia de
las propias emociones y de las emociones de los demás, gestionar los fenómenos afectivos y
utilizar estas capacidades para dirigir los propios pensamientos y acciones” (Bisquerra Alzina,
2016).
Al profundizar nos encontramos, sin embargo, con diversos modelos que tratan de explicar o
definir la inteligencia emocional. Los más conocidos son los de Peter Salovey y John Mayer, y el
de Goleman. Posteriormente, surgieron el de Reuven Bar -On y el de Konstantinos Petrides,
aunque existen más, cada cual con sus características propias. A finales de la segunda década de
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este siglo, están vigentes dos grandes categorías de modelos de inteligencia emocional: el modelo
de competencias de Salovey y Mayer y sus seguidores, y el modelo de rasgo representado por
Petrides y sus seguidores.
Definición de competencias emocionales
El modelo de competencias de Salovey y Mayer es el que ha sido estudiado con mayor rigor
científico. Este modelo define la inteligencia emocional como “la habilidad para percibir, valorar
y expresar las emociones con exactitud; la habilidad para acceder y generar sentimientos que
faciliten el pensamiento; la habilidad para regular las emociones y promover el crecimiento
emocional e intelectual” (Montoya et al., 2021).
Definir a las competencias emocionales no es sencillo. Continuamente están reformulando el
concepto e incluyendo otros elementos. Bisquerra Alzina (2016), las define “como el conjunto de
conocimientos, capacidades, habilidades y actitudes necesarias para tomar conciencia,
comprender, expresar y regular de forma apropiada los fenómenos emocionales.”
El modelo de Salovey y Mayer determina cuatro competencias emocionales que están
relacionadas jerárquicamente. Se necesita, por lo tanto, el desarrollo de las competencias más
básicas para llegar hasta las más complejas. Montoya Castilla et al., (2016), resume estas
competencias de la siguiente manera:
Percepción, valoración y expresión emocional: habilidad para identificar las emociones propias
y su contenido (autoconciencia) y las de los demás (empatía afectiva). Para lograrlo hay que estar
atento e interpretar correctamente las señales emocionales.
Comprensión emocional: habilidad que permite diferenciar el amplio repertorio de señales
emocionales, etiquetando y categorizando las emociones propias y ajenas. Corresponde a la
relación de la emoción con su significado e incluye desvelar la información de emociones
complejas, ambivalentes o incluso aquellas que son contradictorias y simultáneas.
Facilitación emocional del pensamiento: entre pensamiento y emoción hay una relación
estrecha. Las emociones afectan al sistema cognitivo dirigiendo nuestra atención hacia la
información más relevante del entorno o de nosotros mismos, hacia los estímulos más
beneficiosos o perjudiciales entre otros. Supone tener en consideración nuestras emociones
cuando pensamos o buscamos solución a los problemas, lo cual nos permite tener diferentes
puntos de vista a nuestra disposición según nuestro estado emocional.
Regulación de las emociones: Consiste en la capacidad para estar abierto a las emociones
positivas y negativas, y reflexionar sobre ellas para extraer la información que podríamos
aprovechar para tener una vida más saludable. Incluye estrategias para moderar o aumentar
nuestras emociones, en nosotros mismos o en los demás, sin reprimir o aumentar la información
que contienen.
Educación emocional
El proceso a través del cual se pretende desarrollar las competencias emocionales es la educación
emocional. Ésta debería ser un proceso educativo continuo y permanente y estar presente a lo
largo de toda la vida. Debería, inclusive, comenzar antes del nacimiento. Según algunos estudios
las madres embarazadas que se encuentran con crisis de ansiedad, estrés, podrían estar afectando
el desarrollo psicológico de su hijo o hija.
Manuel Liborio Chong Cruz, Elsye Teresa Cobo Litardo, Maritza Elizabeth Alcívar Saltos
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Podría considerarse a la educación emocional como medida preventiva. La adquisición de
competencias emocionales ayuda a disminuir el impacto emocional de la ansiedad, del estrés, de
la depresión. Es efectiva, también, para evitar el consumo de drogas o el uso de la violencia para
resolver situaciones conflictivas.
Los beneficios de la educación emocional no se detienen allí. La educación emocional fomenta la
creación de climas emocionales armoniosos, positivos, que facilitan los procesos de enseñanza-
aprendizaje y el bienestar.
Propuesta para el desarrollo de competencias emocionales
En otros países, como España, se han elaborado programas para el desarrollo de las competencias
emocionales. Algunos estudios demuestran que estos programas mejoran la estabilidad
emocional y la capacidad para analizar sentimientos negativos, el crecimiento emocional y moral,
el bienestar social y emocional, la claridad y reparación emocional, las habilidades sociales y la
salud mental. Sin embargo, no se ha realizado un estudio sobre el impacto de estos programas a
largo plazo, lo cual puede generar cierto nivel de desconfianza en su aplicación (Montoya Castilla
et al., 2016).
Al ser un proceso educativo, deberemos contar con recursos de diversos tipos para su
implementación. Evaluar el desarrollo del programa también es una obligación porque
necesitamos determinar en qué medida vamos alcanzando los objetivos que nos hemos propuesto
y de esta forma realizar los cambios en las estrategias de una manera oportuna.
Los objetivos generales del programa serían:
Ilustración 3. Objetivos generales del Programa Predema
Para la implementación del programa habría dos etapas:
la formación del docente que estará a cargo del proceso
instauración del programa en el estudiantado por parte de los docentes preparados.
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En la primera etapa, se pondrían en práctica 7 sesiones con una duración aproximada de 90
minutos (Montoya et al., 2021).
Sesión 1. Las emociones: Se pretende que los participantes comencemos a abrirnos a nuestras
emociones y a tomar conciencia de ellas y su importancia en nuestra vida.
Sesión 2. Mira lo que siento. Realizaremos un análisis de los componentes no verbales de la
expresión emocional.
Sesión 3. En busca del sentido. Profundizaremos en la comprensión de las emociones y en la
empatía.
Sesión 4. Siento, pienso, luego hago. Se pretende profundizar en el impacto de las emociones en
los procesos cognitivos. Otro aspecto en el que se quiere profundizar es en la influencia de los
pensamientos en nuestra experiencia emocional.
Sesión 5. La regulación emocional en la vida. Profundizaremos en estrategias de
autorregulación emocional, ampliando nuestro repertorio de respuestas frente a las situaciones
cotidianas.
Sesión 6. La regulación emocional en el aula. Analizaremos cómo llevar los procesos de
autorregulación al aula. También reflexionaremos sobre nuestras alternativas frente a los
conflictos que aparecen en nuestras relaciones con los estudiantes.
Sesión 7. De la emoción al sentido. Se presentan recursos y actividades que podríamos durante
el proceso educativo de la educación emocional.
Para la segunda etapa, con nuestros estudiantes, emplearíamos las siguientes sesiones con sus
respectivas estrategias y tendrían una duración de 60 minutos (Montoya Castilla et al., 2016):
Sesión 1. En tus manos: Las emociones son importantes en nuestra vida.
Sesión 2. Lista de emociones. Las emociones son procesos básicos que nos permiten responder
de manera adecuada a las exigencias del medio.
Sesión 3. Enfocar la conciencia. Sentir una emoción es sentir el cuerpo.
Sesión 4. Atravesando emociones. Las emociones nos proporcionan información que nos servirá
para tomar decisiones.
Sesión 5. La brújula emocional. Las emociones son útiles para orientarnos en la vida.
Sesión 6. Resolver el problema de otro. Las emociones pueden afectar los procesos cognitivos,
pero también los pensamientos pueden influir en nuestras emociones.
Sesión 7. Psicodrama. No puedes elegir tus emociones, pero sí tu predisposición a reaccionar de
cierta manera. Empatía y apatía no son lo mismo.
Sesión 8. Acercamiento. La importancia de tener una zona de seguridad y podemos tomar
decisiones sobre cuándo, cómo y para qué dejarla.
Sesión 9. Línea de la vida. Ante las emociones preguntémonos qué queremos hacer con ellas y
para qué.
Sesión 10. Receta para la felicidad. Frente a los conflictos podemos actuar de una manera
adecuada.
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Sesión 11. Moldeando tu vida. La vida es un regalo. Tú decides qué hacer con él.
CONCLUSIONES
La pandemia ha empeorado la salud mental de las personas. Se nota un mayor impacto en
personas pertenecientes a los grupos vulnerables, incluyendo niños, adolescentes y jóvenes. Los
trastornos mentales más comunes como reacción a la situación actual son: ansiedad, depresión y
estrés.
A pesar de que no se la incluye en el pénsum educativo de las universidades, la educación
emocional es una alternativa que servirá para prevenir la aparición de trastornos mentales y otros
problemas de conducta que afectan a los estudiantes.
Los programas de educación emocional que se han elaborado en otros países son efectivos. Sin
embargo, no se ha realizado un estudio a largo plazo para determinar su impacto en la vida de las
personas.
El programa que se ha presentado, síntesis de programas que se han utilizado en España, contiene
los ingredientes necesarios para ser efectivo, y para obtener buenos resultados. Conviene realizar
una investigación a largo plazo sobre su efectividad.
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