DOI: https://doi.org/10.61154/mrcm.v12i3.4880

 

NOTA EDITORIAL

 

Cuando la capacidad no basta para lograr la transformación: la acción como necesidad

When ability isn't enough to achieve transformation: action as a necessity

 

Manuel Ricardo Velázquez I

I Universidad Regional Autónoma de los Andes, Ambato, Tungurahua, Ecuador. up.manuelricado@uniandes.edu.ec; https://orcid.org/0000-0001-5357-8197.

 


El número actual de la revista se instala en una zona compleja pero fecunda para cualquier área del conocimiento: la distancia que existe entre disponer de una determinada capacidad y la de convertirla en transformación. Por una parte, las organizaciones que registran datos, las empresas que controlan procesos; y por la otra, los profesionales que se capacitan, los directivos que producen contenidos digitales, los currículos que declaran transversalidad y las comunidades que poseen un patrimonio vivo, no tienen la capacidad de transformar automáticamente su realidad.

El saber hacer, aunque es indispensable, no es suficiente: hay una franja de interacción concomitante que es decisiva y se desarrolla desde la interpretación, la contextualización, el acompañamiento, la participación y la responsabilidad. En el presente número de la revista se explora lo anterior desde una perspectiva diversa que permiten generar un cuestionamiento unidireccional: ¿Qué tiene que suceder para que este conocimiento deje de ser un inventario y se transforme en criterio de actuación? Para la respuesta a lo anterior se unen dos grandes campos del conocimiento: las ciencias de la educación y las administrativas.

La contradicción manifiesta, dada entre herramienta y criterio se devela en una metodología dirigida al desarrollo de competencias digitales en directivos educacionales. La transición de un consumo pasivo de contenidos, provocado en muchas ocasiones por la novedad de las herramientas o por la inactividad complaciente, a una producción activa, consciente, creativa y contextualizada, es muy relevante. Esto, necesita la integración de elementos teórico-prácticos de la andragogía, el aprendizaje en línea, la asesoría contextualizada y la inteligencia artificial generativa (IAG); revelando las fortalezas que tiene la tecnología para amplificar la autonomía en la solución de problemas profesionales reales.

En todo lo anterior hay una sentencia ya asumida, y sobre todo, deseada: la IAG apoya, crea, elabora, reelabora y propone, pero nunca sustituye el juicio del ser humano. No obstante, todo lo creativo de ella requiere de una vigilancia y curaduría crítica. La producción de recursos educativos en los procesos de formación no van a generar, por sí sola, una consolidación de aprendizajes o competencias que sean duraderos y que promuevan la transformación real de una institución. Quedan, a raíz de ello, cuestionamientos sobre la calidad de estos procesos, la accesibilidad, la privacidad de los datos, los derechos, la dependencia de plataformas y la transferencia a la práctica.

Si se quiere alcanzar competencias digitales, hay que transitar -definitivamente-  de la novedad de la herramienta, a la capacidad de verificar, rechazar, contextualizar y responder por lo producido; no solo desde el saber, sino, desde el saber hacer, saber ser y saber convivir.

Por otro lado, se presenta el problema de la transferencia de conocimientos, especialmente en la caracterización del. El estudio sobre la transferencia de conocimientos identifica un abordaje fragmentado de ello, para el caso del  tratamiento didáctico de la nutrición en las Bases Biológicas de la Medicina. Se develan los problemas para movilizar los conocimientos ante situaciones reales.

Esta disciplina se concibe desde una visión integral, pero la experiencia del estudiante está dividida en compartimentos, desintegrada. Téngase presente que la lógica didáctica de quien enseña no siempre de traduce en un aprendizaje significativo. La corrección de esta desintegración se puede buscar en casos integradores, problemas profesionales, simulación, diálogo entre asignaturas y proyección comunitaria. La fragmentación es un defecto curricular que impacta en la formación profesional.

Como consecutividad, la validación de una metodología para la formación ambiental del comunicador social intenta responder desde una práctica situada. Aquí, en este aporte, hay la inclusión de talleres de opinión crítica, de la práctica laboral interdisciplinaria y de la articulación con espacios universitarios, mediáticos y comunitarios, los cuales desplazan la cuestión ambiental hacia el modo de actuación profesional del comunicador social: mediador entre saberes, instituciones, problemas públicos y actores territoriales.

Hasta este momento se revela que la integración no ocurre por proximidad curricular entre materias ni por el cúmulo de contenidos, se requiere de situaciones que obliguen a pensar, docentes que compartan propósitos, actores externos con capacidad de interlocución y evaluaciones que reconozcan lo cognitivo, lo procedimental y lo ético.

Por su parte, en el contexto de la formación permanente del maestro de matemáticas, se plantea una condición que atraviesa todo los estudios de este número, pero, a su vez, a todos los procesos: el tiempo. En este estudio se valoran acciones como: actualización, colaboración, retroalimentación y pertinencia disciplinar; pero se revela que se necesita tiempo para ensayar, equivocarse, observar a sus pares, recibir retroalimentación continua, y para la reflexión pedagógica.

En el campo de las ciencias administrativas, los investigadores presentan soluciones, pero reconocen que una pequeña empresa no es una gran corporación a escala menor: las decisiones se toman bajo altas restricciones de financiamiento y de formación. Se valora el tiempo, la infraestructura y el acceso a las tecnologías tradicionales y nuevas; y también se observa que la salud financiera depende de la información con que se cuenta, y de la manera de comprenderla, discutirla y utilizarla antes de que sea tarde.

El estudio sobre valoración cultural y diseño de experiencias turísticas plantea que aunque las potencialidades turísticas posean fuerza emotiva e identitaria que interactúan con los visitantes, el diseño de estas experiencias no puede ceñirse a empaquetar una cultura, ella necesita redefinir lo auténtico y convertir a sus portadores en protagonistas de su propia memoria. Esta cultura necesita condiciones para que quienes la viven decidan cómo compartirla, preservarla, transformarla y distribuir sus beneficios.

De manera general, en la metodología de los estudios publicados en este número, aparecen métodos y alcances diversos: revisiones documentales, estudios situados, diagnósticos mixtos, enfoques cualitativos e intervenciones preexperimentales. La riqueza de lo anterior se sustenta en que los aportes diversos revelan un mismo problema desde ángulos diferentes. La lectura crítica exige resistir la tentación de convertir resultados situados en recetas para cualquier empresa, aula, institución o comunidad.

La propuesta heterogénea de hoy enlaza acciones investigativas que permiten interpretar, contextualizar, acompañar y responder. Para la singularidad de las propuestas, la interpretación significa: transformación de registros financieros, datos productivos, contenidos generados con inteligencia artificial, contenidos biomédicos y relatos culturales, en criterios discutibles para la acción. Por su parte, la contextualización implica reconocer que los diferentes entornos en que se investigó son territorios que producen restricciones, saberes y posibilidades; es por ello que, el acompañamiento supone abandonar la capacitación episódica y construir procesos con seguimiento, retroalimentación y memoria. La respuesta a las problemáticas presentadas significa hacerse cargo de los efectos de: el acceso a la innovación, de aquellos que no quieren o no pueden incorporarse a ella,  de quienes deciden, de los beneficiarios y de los que asumen los riesgos.

El número publicado cuestiona una idea demasiado cómoda: la innovación desde la novedad. Digitalizar, por sí solo, no es innovar, como tampoco lo es, añadir un contenido al currículo, multiplicar indicadores, lanzar una experiencia turística o impartir un curso. Hay que detenerse a reflexionar, desde la complejidad, en la integración de lo fragmentado. También se necesita repensar sobre los efectos del cambio, y los niveles de resistencia que genera. Otro elemento, no menos importante, es cuándo se devuelve la toma de decisiones a una comunidad.

Lo que este número entrega, más que soluciones mágicas a problemas singulares, son cuestionamientos que abren ventanas a nuevas investigaciones: ¿qué capacidades aumentan realmente la autonomía, la participación, la continuidad y la responsabilidad de quienes sostienen cada proceso? En la respuesta se juega la distancia decisiva entre administrar y aprender, entre enseñar e integrar, entre innovar y transformar.