Carrera García, Ayala Endara, Rodríguez García
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embargo, la realidad demuestra que, a pesar de la existencia de estas herramientas, factores
externos como la falta de recursos y la presión del sistema impiden que el juez pueda ejercer
sus potestades de manera óptima. Este resultado subraya la necesidad de una mayor
inversión en el sistema judicial y de políticas que reduzcan la carga laboral de los jueces
para que puedan desempeñar su rol de manera más efectiva.
Seguidamente, se pudo establecer que, en la práctica, el papel del juez en la dirección del
proceso penal tiende a ser más pasivo de lo que se espera teóricamente. Aunque la
normativa asigna al juez un rol central en la supervisión y conducción del proceso, la
sobrecarga de trabajo y la falta de apoyo institucional resultan en una participación menos
activa. Este resultado se confronta con lo expuesto por Calderón et al. (2020), quienes
enfatizan la importancia de un juez proactivo para asegurar que el proceso penal se
desarrolle de manera justa y equitativa. La comparación entre la teoría y la práctica revela
una brecha significativa, lo que sugiere que, para que los jueces puedan asumir un papel
más activo, es necesario abordar las limitaciones operativas y administrativas que
actualmente los restringen.
Otro resultado relevante es la identificación del riesgo de que, en algunos casos, el ejercicio
de las potestades del juez pueda llevar a excesos que comprometan la imparcialidad del
proceso. Si bien es fundamental que el juez cuente con las facultades necesarias para
intervenir de manera efectiva, también es crucial que estas intervenciones estén
cuidadosamente reguladas. Este hallazgo se alinea con las preocupaciones planteadas por
Rojas (2018), quien advierte sobre los peligros de un desequilibrio en las potestades del juez
que pueda afectar la equidad del proceso penal. La comparación entre los resultados del
estudio y las observaciones de Rojas pone de relieve la necesidad de un equilibrio adecuado
entre el poder judicial y las garantías procesales de los acusados, asegurando que el sistema
se mantenga justo y equitativo.
Finalmente, el estudio resalta la urgencia de implementar reformas integrales en el sistema
acusatorio que permitan a los jueces ejercer sus potestades de manera más eficiente y
equitativa. Este resultado coincide con la propuesta de Abad (2024), quien sostiene que la
evolución del sistema acusatorio en Ecuador requiere de una modernización tanto de los
procesos judiciales como de la capacitación continua de los jueces. Se confirma además
que, sin tales reformas, el sistema seguirá enfrentando desafíos que limitarán su capacidad
para funcionar de acuerdo con los principios de justicia y equidad que lo fundamentan.
De esta manera, los resultados de la investigación reflejan una realidad compleja en la que
las potestades del juez en el sistema acusatorio ecuatoriano, aunque claramente definidas
en la normativa, se ven limitadas por diversos factores que impiden su ejercicio pleno. La